En la búsqueda de criterios científicos para conservar los bosques tropicales secos, tres costarricenses lideran una de las investigaciones más grandes del mundo en esta materia.
Los bosques secos son aquellos que crecen en áreas que no reciben lluvia durante muchos meses del año y, por ello, los árboles botan las hojas para ahorrar energía. Así sucede en sitios como Guanacaste.
Esta falta de verdor durante una parte del año, así como el tipo de suelo y la temperatura, hace que muchas personas no los reconozcan como bosques. Estas áreas son apetecidas para la ganadería extensiva, pero han sido taladas, quemadas o urbanizadas.
Entre las especies más comunes que alberga este tipo de bosques –en estado natural– destacan el venado cola blanca, el mono aullador, las ardillas, los coyotes y búhos, las tortugas de tierra y las chirraras. Muchas de estas especies de plantas y animales son endémicas, es decir, no crecen en ningún otro sitio del orbe.
Los costarricenses Arturo Sánchez, Mauricio Quesada y Julio Calvo son los abanderados de esta aventura científica, que se inició en el 2006 con el financiamiento del Instituto Interamericano para el Cambio Global y la contraparte de varias universidades, con un costo total aproximado de unos $3 millones.
La ‘cenicienta’. El bosque tropical seco que antes abarcaba toda la costa oeste de Latinoamérica ahora solo se puede encontrar en pequeños segmentos distribuidos en la costa Pacífica de Centroamérica, lo cual ha marcado a este bosque como una prioridad de la conservación mundial.
Hoy se estima que solo queda un 2% de los bosques tropicales secos del planeta, pues el 98% restante es tierra ocupada por ciudades, fincas y plantaciones que alimentan a la población de América Latina.
Costa Rica cuenta con unas 100.000 hectáreas de este tipo de bosque y están distribuidas en dos áreas de Conservación: 70.000 hectáreas corresponden al Área de Conservación Guanacaste (ACG) y 30.000 hectáreas al Área de Conservación Tempisque (ACT).
Por eso, para comprender mejor el comportamiento de estos ecosistemas, se debe actuar rápido y de forma focalizada, segúin señalan los tres científicos ticos, quienes no solo estudian los cada vez más escasos bosques secos del país, sino que también lo hacen en México, Venezuela, Brasil y Cuba.
“El bosque tropical seco ha sido la ‘cenicienta’ de los bosques. Todavía se conoce poco de él (los animales y plantas que contiene) y, por esa razón, tampoco se dimensiona su valor”, manifestó Sánchez, quien es profesor y director del Centro de Ciencias de Observación Terrestre, de la Universidad de Alberta, Canadá.
“Durante años se ha privilegiado al bosque tropical húmedo y se habla y alaba todo el verdor y biodiversidad que alberga, pero del bosque seco no sabemos tanto. La gente solo lo ve que está seco y, muchas veces, ni siquiera lo identifican como bosque. Estamos seguros de que en él hay especies que son únicas y no podemos perder”, agregó el científico, quien se dedica al monitoreo en tiempo real (vía satélite) de la cobertura boscosa.
“Buscamos los datos científicos –sobre especies, clima, cobertura– que nos permitan convencer a las personas sobre por qué estos bosques secos son valiosísimos y hay que proteger los que nos quedan, que no son demasiados”, señaló Calvo, director de la Escuela de Ingeniería Forestal del Instituto Tecnológico.
“Estamos estudiando también las dimensiones humanas, biofísicas y políticas de bosques secos tropicales para poder salvarlos”, agregó Calvo, responsable de las investigaciones aquí.
Por su parte, Quesada es el director de posgrado en Ecología de la Universidad Nacional de México (UNAM) y participa en la caracterización del ecosistema que habita este bosque.