
Percibir el tiempo parece una tarea automática, pero el cerebro necesita transformar fracciones de segundo en una decisión concreta: saber si un evento duró poco, mucho o más de lo esperado.
Un estudio publicado en la revista PLOS Biology encontró que distintas poblaciones neuronales distribuidas en la corteza cerebral participan en ese proceso de manera escalonada. Algunas registran duraciones exactas, otras las agrupan en categorías y otras se relacionan con la percepción subjetiva que cada persona utiliza para juzgar el tiempo.
La investigación fue realizada por Valeria Centanino, Gianfranco Fortunato y Domenica Bueti, de la Escuela Internacional de Estudios Avanzados (SISSA), en Trieste, Italia. El trabajo utilizó resonancia magnética funcional de ultraalto campo, de 7 teslas, una tecnología que permite observar con mucho más detalle la actividad cerebral.
Los investigadores trabajaron con 13 personas sanas a quienes se les mostró un estímulo visual simple: una figura circular con ruido de color que aparecía en pantalla durante intervalos de entre 0,2 y 0,8 segundos.
La tarea consistía en decidir si ese estímulo había durado más o menos que una duración de referencia previamente aprendida: medio segundo. Los participantes debían responder si la duración observada era “más corta” o “más larga” que esa referencia.
A partir de esas respuestas y de la actividad cerebral registrada, el equipo analizó qué zonas respondían con preferencia a cada duración.
Encontraron que en áreas parietales, premotoras y en una parte posterior del área motora suplementaria —una región vinculada con la planificación de acciones— existían grupos neuronales organizados de forma topográfica. Esto significa que neuronas con preferencias similares por ciertas duraciones estaban ubicadas cerca unas de otras, formando una especie de “mapa del tiempo”.
Estas poblaciones respondían a todas las duraciones presentadas y funcionaban como representaciones discretas: cada grupo estaba sintonizado con un intervalo específico.
Sin embargo, en otras regiones más anteriores del cerebro, como la parte frontal del área motora suplementaria, la corteza frontal inferior y la ínsula anterior, ocurrió algo distinto.
En lugar de responder a todas las duraciones por separado, estas zonas mostraban una preferencia concentrada alrededor de la duración media de la tarea. En otras palabras, estas regiones no parecían representar el tiempo exacto del estímulo, sino la forma en que cada persona lo interpretaba para tomar una decisión.
El estudio también observó que estas preferencias neuronales estaban correlacionadas entre distintas áreas cerebrales, lo que sugiere una organización jerárquica.
Primero, la información temporal surgiría como una propiedad visual más, similar al color o la posición. Luego, avanzaría hacia regiones que convierten esa señal en una categoría útil para el comportamiento: corto o largo. Finalmente, esa información llegaría a zonas donde se transforma en una experiencia subjetiva que permite decidir.
Los autores describen este proceso como una transición desde representaciones discretas hacia representaciones categóricas y subjetivas del tiempo.
Esto ayuda a explicar por qué el cerebro no solo mide milisegundos, sino que también necesita interpretarlos según el contexto y la tarea.
El trabajo se centró únicamente en duraciones visuales de menos de un segundo, por lo que no aborda cómo funciona esta percepción en escalas mayores ni en otros sentidos como el oído o el tacto.
