
Durante la conferencia de prensa del jueves 9 de abril, la NASA confirmó que la misión Artemis II no romperá el récord de velocidad de reingreso establecido por Apollo 10. La aclaración surgió en respuesta a una pregunta del periodista Tom Clarke, de Sky News.
Lejos de ser una limitación, la reducción (unas 1.000 millas por hora) responde a una decisión técnica para mejorar el desempeño del escudo térmico y reducir riesgos durante el regreso desde la Luna.
Una velocidad menor, una protección mayor
La nave Orion entrará a la atmósfera terrestre a cerca de 25.000 millas por hora. Es una velocidad extrema, pero inferior al récord de Apollo 10.
Según explicó Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA y principal responsable operativo de la agencia, la reducción de velocidad responde a cómo se modeló la interacción entre el escudo térmico y las cargas de calor durante el reingreso.
El objetivo es favorecer la ablación, el proceso mediante el cual el escudo térmico se desgasta de forma controlada y disipa el calor.
Ese desgaste activo evita un fenómeno crítico: la pirólisis. En ese escenario, el material se descompone sin oxígeno y genera gases que quedan atrapados si el frente de ablación no avanza. Esa acumulación compromete la integridad térmica.
Al “afilar” el ángulo de entrada y moderar la velocidad, los ingenieros mantienen ese frente en movimiento constante. El calor se libera de forma más eficiente y estable.
El contexto físico: calor extremo y ablación
El reingreso desde la Luna implica condiciones que superan ampliamente las de la órbita terrestre baja.
A velocidades cercanas a 25.000 millas por hora, el aire alrededor de la cápsula se calienta a miles de grados. Según el investigador Iain Boyd, especialista en vehículos hipersónicos, ese calor no proviene solo de la fricción, sino de la compresión del gas frente a la nave.
Para soportarlo, Orion utiliza un sistema de protección térmica ablativo. El material del escudo se desintegra de forma controlada y libera partículas que arrastran el calor fuera de la nave. Ese proceso es el que la NASA busca optimizar al ajustar la velocidad y el ángulo de entrada.
¿Qué es el ‘reingreso con salto’?
La estrategia de Artemis II no se limita a la velocidad. También redefine la trayectoria de entrada mediante una técnica conocida como “reingreso con salto” (skip entry).
Bajo esta técnica, la cápsula entra en las capas altas de la atmósfera, utiliza la sustentación para volver a salir brevemente al espacio y luego realiza un segundo ingreso para el descenso final. El movimiento recuerda a una piedra que rebota sobre el agua.
Este enfoque distribuye el calor en dos eventos y reduce la intensidad de cada uno. También disminuye las fuerzas G sobre la tripulación.
A diferencia de las misiones Apollo, que realizaban un descenso directo, el salto permite mayor control sobre la trayectoria y el punto de amerizaje.
La prueba en Artemis I
La maniobra no es teórica, sino que ya fue probada en Artemis I, una misión no tripulada y lanzada el 16 de noviembre de 2022. Su objetivo principal fue probar, en condiciones reales de vuelo profundo, los sistemas clave que luego usarían astronautas.
En esa ocasión, Orion ejecutó por primera vez un reingreso con salto en una nave diseñada para humanos. La prueba validó dos capacidades clave:
- Extender el rango de vuelo tras el primer contacto con la atmósfera
- Aumentar la precisión del amerizaje
Mientras las cápsulas Apollo podían desviarse hasta 1.725 millas desde el punto de entrada, Orion puede ajustar su trayectoria por más de 5.500 millas. Esto permite recuperar la nave en zonas más controladas y cercanas a equipos de rescate.
Un salto más corto después de la prueba
Para Artemis II, la NASA introdujo un ajuste adicional: acortar la duración del salto.
Esta decisión reduce el tiempo que la cápsula permanece expuesta a temperaturas extremas en la alta atmósfera. El escudo térmico actual tiene límites en su tolerancia a la fricción prolongada.
El resultado es un descenso más directo. También permite mayor precisión sobre la zona de amerizaje y las condiciones meteorológicas.
La agencia ya trabaja en nuevos escudos térmicos para futuras misiones, como Artemis III y IV, capaces de sostener saltos más largos.