
La cerámica de la cultura halafiana, desarrollada en el norte de Mesopotamia entre 6.200 y 5.500 a. C., evidencia que los antiguos humanos ya aplicaban razonamientos matemáticos en sus expresiones artísticas. Así lo concluye un estudio publicado en el Journal of World Prehistory, que analizó vasos decorados con flores, árboles, ramas y arbustos.
La investigación determinó que estas representaciones no eran aleatorias. Los artesanos organizaron pétalos y motivos vegetales mediante simetría precisa, repetición y secuencias numéricas de 4, 8, 16, 32 y 64, lo que apunta a un conocimiento aritmético temprano. Los objetos, además de su valor estético, cumplían una función matemática.
Uno de los hallazgos más relevantes corresponde a un vaso con representaciones botánicas de más de 8.000 años, considerado uno de los ejemplos más antiguos de este tipo en la historia humana. Según el análisis, todas las ilustraciones muestran dominio de geometría y aritmética por parte de comunidades agrícolas tempranas.
Los autores del estudio plantean que este pensamiento matemático surgió en un contexto práctico. La vida en aldeas agrícolas exigía organizar y dividir recursos como las cosechas y los campos comunales. Esa necesidad habría impulsado el desarrollo de la división espacial equitativa, reflejada en los motivos florales.
El trabajo examinó representaciones vegetales en 29 sitios arqueológicos distintos. Cada uno presentaba estilos variados, aunque todos compartían principios de orden geométrico. La investigación señala que este es el primer momento conocido en el que los elementos vegetales se incorporan de forma constante en la historia del arte.
Antes de la cultura halafiana, las expresiones artísticas prehistóricas se centraban en figuras humanas y animales, tanto en objetos como en paredes de cuevas. En este caso, la flora adquirió un papel central y recurrente, lo que indica un cambio cognitivo asociado a la vida sedentaria.
El estudio descarta un uso ritual o agrícola directo de los vasos. Las flores y árboles representados no corresponden a especies reales. Para los investigadores, los artefactos respondían a un propósito estético y transmitían emociones positivas a través del equilibrio visual.
Estas piezas se consideran un ejemplo temprano de etnomatemática, disciplina que analiza cómo los conceptos matemáticos se integran en prácticas culturales. Las composiciones incluyen pétalos balanceados, ramas en franjas repetitivas y árboles estilizados rodeados de símbolos.
La cerámica halafiana demuestra que el pensamiento matemático antecede por milenios a la escritura formal. Los patrones revelan que las comunidades ya comprendían secuencias, proporciones y equilibrio mediante el arte, mucho antes de la aparición de los números tal como hoy se conocen.
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