
Las aguas poco profundas de Escocia esconden algunas de las estructuras humanas más difíciles de estudiar para la arqueología: islas artificiales construidas hace miles de años sobre lagos. Ahora, un grupo de investigadores desarrolló un método capaz de registrar estos sitios con precisión milimétrica, incluso en zonas donde otras tecnologías dejan de funcionar.
El estudio se centró en los crannogs, islas artificiales distribuidas en lagos de Escocia e Irlanda, algunas construidas desde el período Neolítico. Estas estructuras se levantaron con piedra, madera y otros materiales sobre cuerpos de agua continentales, y hoy conservan información arqueológica y ambiental sobre antiguas sociedades humanas.
Sin embargo, documentarlas ha sido un desafío constante. Muchas se ubican en una franja extremadamente compleja para la investigación: zonas donde el agua tiene menos de un metro de profundidad.
En esos espacios, las herramientas terrestres pierden precisión porque las señales satelitales no atraviesan correctamente el agua. Al mismo tiempo, varios sistemas marinos, como sonares y equipos geofísicos, requieren mayores profundidades para operar. Los investigadores describen esta área como una “franja blanca”, debido a la ausencia de datos confiables.
Para resolver ese problema, especialistas de las universidades de Southampton y Reading, en Reino Unido, desarrollaron un flujo de trabajo basado en fotogrametría subacuática de alta resolución. La investigación se publicó en la revista Advances in Archaeological Practice.
La fotogrametría consiste en reconstruir superficies y objetos en tres dimensiones mediante cientos de fotografías tomadas desde distintos ángulos. Aunque esta técnica ya se utiliza en arqueología, aplicarla en aguas extremadamente someras presentaba dificultades particulares.
La luz que atraviesa la superficie del agua produce reflejos en movimiento sobre el fondo. Además, el oleaje, los sedimentos suspendidos y la vegetación acuática alteran las imágenes y dificultan el alineamiento digital de las fotografías.
El equipo probó el método en un crannog ubicado en Loch Bhorgastail, en la isla de Lewis, Escocia. Allí combinaron imágenes subacuáticas con puntos de control terrestre medidos mediante sistemas GNSS de alta precisión, similares a los utilizados por drones topográficos.
Los investigadores también colocaron barras de escala artificiales bajo el agua para calibrar las reconstrucciones digitales y unir los modelos terrestres con los subacuáticos dentro de un mismo mapa tridimensional.
Según el artículo, el sistema logró generar modelos digitales comparables en precisión con los levantamientos realizados por drones en tierra firme. El estudio destaca además que el método utiliza herramientas accesibles y relativamente económicas, lo que facilitaría su uso en otros proyectos arqueológicos.
La investigación señala que este procedimiento podría aplicarse en costas, lagos y ríos donde existen restos arqueológicos parcialmente sumergidos y difíciles de registrar mediante técnicas convencionales.
El trabajo fue liderado por Stephanie Blankshein junto con Felix Pedrotti, Fraser Sturt y Duncan Garrow.
