Oscar Brenes García*. 26 septiembre
Ahora sabemos que las memorias no tienen una localización específica, sino que se almacenan en forma de circuitos de neuronas que se extienden a través de diferentes regiones del cerebro. Shutterestock
Ahora sabemos que las memorias no tienen una localización específica, sino que se almacenan en forma de circuitos de neuronas que se extienden a través de diferentes regiones del cerebro. Shutterestock

¡Nuestro cerebro es un órgano fascinante! Tiene la capacidad de cambiar su estructura y ajustarse a las experiencias que cada uno de nosotros adquiere a lo largo de nuestras vidas y esta plasticidad es determinante para poder adaptarnos al mundo que nos rodea.

La memoria, por su parte, es la manifestación de la plasticidad de nuestro cerebro. Podríamos definirla como el proceso a través del cual codificamos la información que nos brindan nuestros sentidos, la almacenamos y posteriormente la recuperamos y reutilizamos.

En ocasiones creemos que la memoria consiste solamente en recordar de manera consciente la información verbal o escrita. Sin embargo, va mucho más allá.

Cada vez que efectuamos un movimiento, nuestro cerebro y cerebelo procesan información de la rutina motora y, a través de la práctica, la prueba y el error refinan ese movimiento.

Cuando se presentan dos o más estímulos en contemporáneo y cada vez que obtenemos algún estímulo como resultado de una acción, nuestro cerebro crea asociaciones inconscientes que nos permiten la predicción de resultados.

Incluso, cuando queremos cruzar una calle y miramos a ambos lados, debemos almacenar momentáneamente la información de que no se acercan autos para poder desplazarnos. De aquí que, el tener una adecuada capacidad de memoria es determinante para nuestra vida diaria.

¿Dónde están los recuerdos?

Pero ¿qué son las memorias o recuerdos y dónde se alojan? Ahora sabemos que las memorias no tienen una localización específica, sino que se almacenan en forma de circuitos de neuronas que se extienden a través de diferentes regiones del cerebro.

Hemos entendido que cada vez que vivimos una experiencia se activan numerosas redes neuronales y su activación inicia una cascada de cambios funcionales y estructurales que llamamos en conjunto, los procesos de plasticidad sináptica. Estos pueden llevar a que se potencien las comunicaciones en la red neuronal y se crea lo que llamamos un engrama de memoria.

En palabras sencillas, engramas son poblaciones neuronales conectadas funcionalmente que codifican un recuerdo específico.

Inicialmente los cambios son de corto plazo y muy inestables, lo que hace que los recuerdos que se almacenan sean olvidados con rapidez. Mas si la red neuronal es utilizada constantemente ocurrirán cambios de largo plazo que potenciarán el circuito, estabilizándolo y haciéndolo más eficiente. Este proceso es llamado consolidación y convertirá esa memoria de corto plazo en una memoria de largo plazo.

La importancia del sueño

El ser humano siempre ha comprendido que dormir es necesario para aprender y hoy la ciencia ha confirmado esta creencia. Cuando vivimos experiencias, se activan las redes neuronales que codifican esa experiencia y se recluta una parte de nuestro cerebro llamada hipocampo.

Posteriormente, mientras dormimos, el hipocampo reactiva las redes neuronales que codificaron la experiencia, aumentando de manera inconsciente el uso del engrama del recuerdo y, esta reactivación favorece la consolidación de la memoria.

Por lo tanto, dormir de forma adecuada ,es quizás una de las primeras reglas de oro para favorecer la memoria. Es recomendado que los niños en edad escolar (6 a 13 años) duerman de 9 a 11 horas diarias, que los adolescentes (14 a 17 años) tengan 8 a 10 horas de sueños y los adultos (18 a 64 años) de 7 a 9 horas.

Es durante el sueño profundo (fase N3 del sueño No-REM) y durante el sueño REM que se favorece la consolidación de los recuerdos y el refinamiento de los engramas.

Es recomendado que los niños en edad escolar (6 a 13 años) duerman de 9 a 11 horas diarias, que los adolescentes (14 a 17 años) tengan 8 a 10 horas de sueños y los adultos (18 a 64 años) de 7 a 9 horas.
‘Limpieza’ necesaria

Además, cuando dormimos protegemos el funcionamiento del sistema nervioso porque aumenta la producción y reciclaje de un líquido cerebral llamado líquido cefalorraquídeo (LCR).

Una de las funciones de este líquido es la eliminación de derivados metabólicos del cerebro que son potencialmente dañinos, como el péptido beta-amiloide (Aβ), uno de los causantes del alzhéimer.

Por eso, si no dormimos la cantidad correcta, disminuye la eliminación del Aβ y su acumulación puede producir la muerte de las neuronas que son parte de los circuitos que forman los engramas de memoria, produciendo la pérdida de los recuerdos asociada a esta enfermedad.

Permanecer activos mentalmente favorecerá que los recuerdos que ya han sido creados perduren por más tiempo. Shutterstock
Permanecer activos mentalmente favorecerá que los recuerdos que ya han sido creados perduren por más tiempo. Shutterstock
Ambientes agradables

Otra forma de favorecer la consolidación de los recuerdos es creando ambientes agradables donde se dé el proceso de aprendizaje. Es bien sabido que cuando una experiencia tiene carga emotiva es más probable que se recuerde con facilidad.

Existen partes de nuestro cerebro que son importantes para la codificación de las emociones, como por ejemplo la amígdala. Cuando ocurre la activación simultánea de una red neuronal, el hipocampo y la amígdala, es más probable que esa red se vea consolidada y el recuerdo será almacenado con mayor facilidad.

Mantenerse activo intelectualmente

Es importante recordar que la activación periódica de las redes neuronales que codifican los recuerdos es lo que las mantiene potenciadas, por lo que dejar de utilizar dichas redes puede conducir a que la potenciación se pierda y el recuerdo se olvide.

Por esta razón, permanecer activos mentalmente favorecerá que los recuerdos que ya han sido creados perduren por más tiempo. Además, el realizar tareas que implique la utilización de la memoria mantiene en buen estado al hipocampo y la correcta actividad hipocampal es imprescindible para formar nuevos recuerdos.

Finalmente, cabe resaltar que los engramas no son redes neuronales estáticas en tiempo, sino que constantemente pueden remodelarse.

¿Qué quiere decir esto?

Un recuerdo almacenado en la memoria puede ser recordado conscientemente (awake replay) y este evento lo desestabiliza y queda sujeto a modificaciones por nueva información sensorial, lo que posteriormente genera la reconsolidación del nuevo engrama.

Esto hace que constantemente los recuerdos pierdan fragmentos de información poco significativas (olvidar detalles) o ganen fragmentos de información (nuevos detalles que no eran parte del recuerdo original).

Dicha particularidad de la memoria permite que recuerdos negativos sean modificados y asociados a eventos positivos, ayudando a sobrellevar recuerdos que generen estrés postraumático, pero también hace que nuestras memorias no sean del todo fieles a los hechos reales originales.

Diversas investigaciones se llevan a cabo en nuestro país con la intención de mejorar la comprensión de estos complejos procesos, estas van desde nuestros estudios a nivel de neuronas aisladas en el laboratorio de electrofisiología en la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica (UCR), hasta modelos animales y estudios con seres humanos en los laboratorios del Centro de Investigación en Neurociencias (CIN) y del Instituto de Investigaciones Psicológicas (IIP), ambos de la UCR.

Dr. Oscar Brenes García. Foto: Evelyn Naranjo Madrigal para LN
Dr. Oscar Brenes García. Foto: Evelyn Naranjo Madrigal para LN
¿Quién es el científico?

Oscar Brenes García, tiene un Ph.D. en Neurociencias. Es profesor e investigador en el Departamento de Fisiología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Costa Rica. También labora en Instituto de Investigación en Neurociencias de esa misma casa de estudios.