Irene Rodríguez. 14 julio
Este es el modelo que tienen en el Centro Aeroespacial Alemán para explicar cómo funcionan los invernaderos espaciales. Fotografía: Irene Rodríguez
Este es el modelo que tienen en el Centro Aeroespacial Alemán para explicar cómo funcionan los invernaderos espaciales. Fotografía: Irene Rodríguez

Colonia, Alemania. ¿Cómo tener una alimentación sana y a la mano para los astronautas y a la vez contribuir con el manejo de desechos? ¿Cómo sobreviven los cultivos a condiciones espaciales similares a las de, por ejemplo, la Luna o Marte?

El Centro Aeroespacial Alemán (DLR, por sus siglas en alemán), tiene un proyecto en el que buscan responder a estas interrogantes. El Eu:CROPIS, un satélite con dos invernaderos que buscan cultivar tomates, pretende utilizar como materia prima de abono la orina de los astronautas.

Eu:CROPIS es un acrónimo que en inglés quiere decir Producción de Comida Orgánica con Euglena Regenerativa en el Espacio.

El proyecto fue lanzado al espacio el 3 diciembre anterior, a los dos días entró satisfactoriamente en órbita y en este momento el satélite trabaja para dar paso a la primera producción de tomates.

La idea de esta primera cosecha es que se haga en las mismas condiciones que tendría una huerta lunar. Posteriormente, la segunda cosecha se hará en las condiciones atmosféricas y de gravedad de Marte.

“Hasta el momento, la operación del satélite ha funcionado. Tuvimos unos atrasos a la hora de cargar los programas informáticos, pero ya todo está en marcha", destacó Hartmut Müller, del Instituto de Sistemas Espaciales del DLR durante una visita que La Nación realizó al DLR durante la Conferencia Mundial de Periodismo Científico 2019 (WCSJ2019, por sus siglas en inglés).

¿Una huerta dentro de un satélite?

(Video) Cultivo de tomates en el espacio

¿Cómo un satélite recrea las condiciones lunares? El Eu:CROPIS se encuentra a unos 600 kilómetros de la atmósfera terrestre y gira a 17,5 revoluciones por minuto. Con esto genera una gravedad interna muy similar a la de la Luna (la cual es solo la sexta parte de la gravedad de la Tierra). La energía es obtenida a través de paneles solares que el mismo satélite desplegó.

Además de eso, dos tipos de bacterias y dos tipos de algas son “cultivadas” fuera de los invernaderos. ¿Para qué? Estas son vitales para utilizar la orina con ese propósito de fertilizante, ya que tienen la habilidad de transformar los fluidos biológicos y darles características de abono.

“Es utilizar algo que tenemos a mano para no pensar en otros tipos de fertilizante, y, pues, orina de los astronautas la tenemos, ¡hay producción diaria!, es una forma en la que también puede mejorarse el manejo de desechos”, señaló Dorothee Bürkle, vocera del DLR.

Cuando el satélite partió llevaba los invernaderos, semillas que germinarán en tomates “enanos” o “cherry”, orina sintética (dado que en este primer experimento no se tendrán humanos cerca), dos tipos de bacteria y especímenes de Euglena gracilis: un organismo unicelular popularmente conocido como “alga verde” que produce fotosíntesis y se me mueve como animal.

En este momento, las bacterias ya están “despiertas” y haciendo su trabajo para que pronto los invernaderos puedan activarse y las semillas crecer. Las euglenas están reproduciéndose.

Las euglenas son vitales porque producen oxígeno, lo cual es importante en las primeras fases del experimento, cuando los tomates aún no pueden generar oxígeno vía fotosíntesis. En segundo lugar, las euglenas pueden desintoxicar el invernadero y protegerlo contra niveles excesivos de amoníaco.

“Utilizamos las propiedades de estos organismos para aplicar los métodos orgánicos propios de ellas de transformar los desechos en sustancias que fungen como abono para crecer cultivos, en este caso de tomates. De esta forma, estamos poniendo a prueba lo que podría ser la forma de alimentación para los astronautas en misiones de más largo plazo”, explicó en una nota de prensa Jens Hauslage, uno de los investigadores a cargo.

Protección contra la radiación

Una de las mayores preocupaciones a la hora de enviar “huertas dentro de satélite” es el que estas sean afectadas por la radiación solar y de otras estrellas.

El satélite cuenta con un escudo protector para que la radiación no afecte los cultivos y estos puedan crecer normalmente.

Ademas, los datos de los rayos son medidos desde el 5 de diciembre. Para ello se pusieron, tanto dentro como fuera del satélite, dos dispositivos idénticos de medición de radiación cósmica.

Estos son los tomates creciendo bajo ambientes controlados en el Centro Aeroespacial Alemán bajo las mismas características que lo harán en el espacio. Fotografía: DLR
Estos son los tomates creciendo bajo ambientes controlados en el Centro Aeroespacial Alemán bajo las mismas características que lo harán en el espacio. Fotografía: DLR

“Para nosotros, el Eu:CROPIS es muy importante y como el satélite viaja alrededor de toda la órbita terrestre esto nos permite determinar la variación de la radiación cósmica de la Tierra, para saber cómo afecta al planeta, pero también como afectaría a las posibles cosechas espaciales”, destacó a la prensa presente en el DLR Thomas Berger, director científico del experimento.

Asimismo, se ve cómo la radiación propia de la Tierra funciona, algo que no es posible desde la Estación Espacial Internacional (EEI).

El uso de estos sensores de radiación dentro del satélite será particularmente importantes cuando los invernaderos ya estén trabajando a toda su capacidad. Primero, podrán determinar cuánta protección le da el escudo al satélite y se sabrá cuánta radiación podrán soportar los tomates.

Control desde la Tierra

Los científicos también llevan control del experimento con su propia huerta Eu:CROPIS en la Tierra. De esta forma saben aproximadamente qué cosas podrían esperar en los invernaderos espaciales.

“Para las semillas de tomate, la bacteria en el biofiltro y las euglenas este viaje representa un estrés a sus condiciones normales de vida. Entonces se le deben hacer adaptaciones. Por ejemplo, el tanque presurizado que contienen los invernaderos se lleva a 17 ° C, las condiciones de humedad son uniformes. También se les hace un tipo de hibernación con luces más tenues, pero que sean suficientes para mantenerlos con vida”, enfatizó Hauslage.

Esas mismas son las condiciones del laboratorio en Tierra que lleva los controles.

De acuerdo con los especialistas, si el estado del satélite se mantiene, tanto las bacterias como euglenas y tomates podrían durar como mínimo unos nueve meses en el espacio.