
Los científicos del Instituto de Ciencias Fotónicas (ICFO) de Barcelona, España, necesitan la ayuda de al menos 30.000 personas en todo el mundo para poder saber si las partículas atómicas que estudian están alertándose entre ellas y, por tanto, vacilándolos.
“Si queremos saber si las partículas en nuestros laboratorios conspiran contra nosotros y cambian cuando las miramos, necesitamos que tú y muchas personas nos ayudéis a elegir cómo mirarlas. ¿Por qué? ¡Pues para despistarlas un poco!”, se lee en la invitación para participar del experimento cuántico que lleva por nombre The Big Bell Test.
Para ello, los investigadores necesitan que el próximo 30 de noviembre las personas que se apunten aporten secuencias de números (ceros y unos) de la forma más aleatoria posible.
Para facilitarlo y, de paso, hacerlo divertido, ICFO creó un videojuego que está disponible en el sitio web: http://thebigbelltest.org/
De hecho, las personas que así lo deseen pueden practicar.
“Sería genial si de Costa Rica llegan unas cuantas secuencias”, comentó Esteban Bermúdez, estudiante tico en ICFO.
El factor humano
Y, ¿por qué esas secuencias no las puede generar una computadora? Pues se puede, pero precisamente se procura sacar partida del ingenio humano y de cuán imprevisible es.
Con ello se pretende contrarrestar una característica de la naturaleza. Si esta sabe qué se le va a preguntar, entonces podría preparar una respuesta e inducir el resultado.
“Normalmente los científicos no son tan paranoicos, pero algunas de las predicciones hechas por la física cuántica son tan extrañas –partículas diminutas que se hablan la una a la otra, aunque estén separadas por enormes distancias, o bien objetos que se comportan de manera diferente cuando no los estamos mirando– que llevan a pensar que la paranoia es completamente apropiada, incluso necesaria”, explicó Morgan Mitchell, profesor de ICFO.
Para evitar que las partículas se alerten y ensayen sus respuestas, los científicos recurren a la mejor de las computadoras para generar las secuencias numéricas aleatorias: el cerebro humano.
“Los seres humanos toman decisiones independientes, las cuales son muy valiosas, y comprenden una forma única de hacer preguntas impredecibles, sin importar qué secretos la naturaleza nos podría estar escondiendo”, agregó Mitchell.
El experimento
La iniciativa se bautizó en honor al físico irlandés John Bell, cuyo teorema es utilizado en mecánica cuántica.
El 30 de noviembre, las secuencias numéricas aportadas por las personas serán enviadas de inmediato a laboratorios ubicados en Australia, Chile, China, Austria, Alemania, España, Francia y Suiza.
En estos lugares, dos científicos asignados recibirán partículas gemelas. Cada uno de ellos examinará una de ellas, trabajará de forma simultánea e independiente de su colega.
Ellos examinarán las partículas a partir de las secuencias enviadas por las personas, las cuales indicarán a los investigadores cómo estudiarlas. Es decir, las secuencias aleatorias les señalarán cuál aparato utilizar y, según sea la elección, así serán los resultados.
Luego, los investigadores compararán los resultados derivados del análisis de los pares de partículas.
“Si se parecen mucho, es que las gemelas han acordado qué cara mostrarnos, pese a estar separadas”, se lee en el sitio web del experimento.
Pero, si pasa lo contrario, los científicos habrán ganado la partida y habrán logrado su cometido: despistar a las partículas.