Ingenieros costarricenses lograron mejorar el procedimiento que se utiliza en Colorado de Abangares para fabricar el cemento de construcción, y con ello se evitará emitir 42.000 toneladas de dióxido de carbono (CO2) por año.
Así lo anunció ayer a La Nación Carlos González, gerente comercial de Cemex Costa Rica, empresa que desarrolló y está implementando esta mejora en el país, con el aval de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Según González, el ajuste del proceso consiste en sustituir parte de los combustibles fósiles –derivados del petróleo– por aserrín y cascarilla de arroz. Ambos materiales normalmente se desperdician o queman, contaminando el medio ambiente y este nuevo proceso busca sacarles provecho.
Tradicionalmente, para fabricar el cemento se necesita fundir la materia prima (compuesta prioritariamente por piedra caliza y arcilla) y crear como una especie de “lava” o material incandescente que luego es manipulado hasta que adquiere la forma que el usuario requiere: bloque o polvo.
Nuevo actor. “Para este proceso de fusión se necesita muchísima energía y nosotros hasta ahora la obteníamos solo de la quema de combustibles fósiles. Eso es lo que cambia, hay un nuevo actor en el proceso”, explicó González.
Esta empresa cementera utiliza mayoritariamente un derivado del petróleo llamado petroleum coke . “Como derivado del petróleo, su quema contribuye con el efecto invernadero y por eso es nuestro compromiso reducir su uso”, agregó.
Para lograrlo, los ingenieros ticos requirieron tres años de pruebas de laboratorio y en la planta de producción y la inversión de $1 millón. Finalmente, los nacionales lograron descubrir cómo sustituir hasta un 10% del petroleum coke (derivado del petróleo) por el aserrín y la cascarilla de arroz.
Esa reducción significa evitar la emisión de 42.000 toneladas anuales de C02. Esta cifra representa el 10% del total de C02 que esta empresa cementera emite al producir 800.000 toneladas de cemento al año. “Ha sido una labor brillante por parte de los científicos –en colaboración con expertos de México y Panamá– pues esta variación en el proceso de producción del cemento no afecta la composición ni la calidad del producto resultante”, destacó González.
La mejora en la fabricación de este material de construcción también beneficiará a 20 organizaciones ubicadas en Guanacaste pues el aserrín y la cáscara de arroz serán vendidas a Cemex, arroceras de Liberia y aserraderos pequeños de Guanacaste y la zona norte.
“Ahora necesitamos encontrar la forma de mantener el volumen de biomasa, es decir, encontrar a quienes nos provean suficiente aserrín o cascarilla de arroz para mantener el proceso durante los próximos 10 años”, dijo González.
Esta iniciativa para la reducción de la emisión de CO2 es el quinto proyecto costarricense –en dimensión– reconocido por Naciones Unidas como un mecanismo de desarrollo limpio (MDL). Su certificación permite a Cemex la venta de 42.000 certificados de CO2, uno por cada tonelada que no se emite. Cada certificado tiene un costo de $20, para un total de $840.000 por año, dijo Miguel Naranjo, de Cemex.