Arturo Pardo V.. 2 diciembre, 2017
Esteban Pastor y Tatiana Gutiérrez son parte del colectivo The Nomada, un grupo de jóvenes que, hace un año , emprendió una aventura: crear espacios alternativos para el trabajo y el estudio. Archivo LN
Esteban Pastor y Tatiana Gutiérrez son parte del colectivo The Nomada, un grupo de jóvenes que, hace un año , emprendió una aventura: crear espacios alternativos para el trabajo y el estudio. Archivo LN

Es una oficina con las comodidades de una casa: tiene una ágil conexión a Internet y asientos confortables, se escucha sutilmente música de fondo, las tostadas de pan están al alcance de la mano y hasta hay café, del bueno.

Hablamos de Nómada Este, un local ubicado en Plaza Antares, en San Pedro. Saca la casta de un modelo de negocio que apenas está gateando en el país y se describe con palabras como networking (trabajo en red) o el término “oficina abierta”.

Se trata de un espacio apropiado para estudiar en solitario o en grupo, para realizar reuniones de trabajo e incluso para intercambiar conocimientos con desconocidos.

Nómada Este replica la labor que inició su hermano mayor: Nómada Office, que al otro lado de la capital ofrece 16 oficinas permanentes y un espacio más abierto.

Por medio día de alquiler personal se cobran ¢3.000 y, por un día completo, ¢5.000. También hay una oficina para cinco personas que cuesta ¢6.000 la hora o ¢10.000 por el mismo lapso, en una para 10.

“Nadie se había atrevido a darle una solución a los profesionales que se ven obligados a recurrir a restaurantes o casas para hacer reunionesde negocios, (...)”, dice Esteban Pastor, gerente general de The Nomada.

En el mundo, este concepto se ha desarrollado bajo el modelo de coworking spaces; sin embargo, Pastor asegura que Nómada está adaptado al tico que busca romper con la monotonía y el formalismo.