
Londres. Entre el alboroto, un cañonazo resuena y un silencio sepulcral se impone. Le sigue el aplauso de centenares de personas, congregadas este sábado en la Torre de Londres para homenajear al príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II, fallecido la víspera.
A pesar del frío y de la típica llovizna londinense, multitud de habitantes de la capital se reunieron en la explanada del famoso castillo situado en pleno corazón de la City, pese a las advertencias de las autoridades, que quieren evitar concentraciones a causa de la pandemia de covid-19.
Heather Utteridge fue a mostrar su “respeto hacia el que fue un síperhombre”, dijo a la AFP. Añadió que algunos de sus compatriotas “no se dan cuenta” de todos los logros realizados por el príncipe Felipe y la reina, pues “actúan de forma discreta”.
Precisamente en línea con esa discreción, el duque de Edimburgo, quien no gustaba demasiado del protocolo y que quería modernizar la institución, afirmó que no deseaba que se le organizaran funerales de Estado.
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Este sábado, el Palacio de Buckingham anunció que el funeral del esposo de la reina se realizará el sábado 17 de marzo a las 3 p. m., hora local, en el Castillo de Windsor, mismo lugar en el que el duque falleció.
La ceremonia privada será retransmitida por televisión y el príncipe Enrique, actualmente en California, asistirá, pero no su esposa Meghan Markle, embarazada, precisó la Corona en el comunicado. Al comienzo de la ceremonia se observará un minuto de silencio en todo el país.

A la espera de la ceremonia de adiós, las salvas de artillería sonaron este sábado por todo el país, desde el castillo de Edimburgo al enclave británico de Gibraltar, pasando por la cubierta de los buques de la Royal Navy, en la que Felipe sirvió durante la Segunda Guerra Mundial.
En la Torre de Londres, los curiosos miraron hacia la orilla del Támesis, donde fueron instalados tres cañones, custodiados por militares y por varios “Yeomen”, los emblemáticos guardias vestidos de rojo y amarillo.
A mediodía, bajo la orden de los militares, se disparó el primer cañonazo de una salva de 41 (uno cada minuto). En ese momento, el alboroto de la multitud desapareció durante unos minutos, dando paso al silencio.
“Para mí era importante estar aquí, dicho así suena un poco raro, pero queríamos estar aquí para vivir este acontecimiento único”, explicó Alexander Beaten, acompañado de su novia.
“Somos dos jóvenes treintañeros y no hemos conocido nada más que la reina y su marido”, dijo el joven, para quien la pareja real “representa la identidad y la cultura británica”.
“Podemos no estar de acuerdo con el gobierno, no estar de acuerdo con muchas cosas que ocurren en el país, pero la reina y el príncipe Felipe son una constante”, afirmó.
Su novia, Emma Preston, de 27 años, asintó: “Ellos siempre han sido una constante, quería tomarme un minuto para pensar en el impacto que han tenido en mi vida”.
Para ella, la popularidad del duque, conocido por su franqueza y por su humor —pero también por sus bromas teñidas de racismo o de sexismo—, se explica en parte por su faceta “divertida” y chistosa.
“Constituía un buen contrapeso para la reina, que siempre tiene que mostrarse como la persona respetuosa, como la jefa”, comentó Preston.
Tras la ceremonia y los aplausos, Heather Utteridge lamentó que el homenaje durara demasiado poco. Ella desea que se organice algo más importante “cuando el coronavirus se calme”.
Beaten, en cambio, espera que este evento se mantenga sin “grandes fastos (...) que corresponda con lo que el príncipe hubiera querido”.