Pablo Gabas. 12 septiembre

Sencillo pero costoso el precio que se paga por el éxito hoy en día. No todos están en condiciones de lograrlo, pero los que se mantienen en la cresta de la ola tienen una forma similar de ver la vida y conducirse en ella.

El famoso jugador de la Juventus de Italia, Cristiano Ronaldo, afirma con certeza en algunas de sus frases:

“Quiero ser recordado como parte del grupo de los mejores jugadores”.

“Algunos fans me abuchean y me silban porque soy guapo, rico y buen jugador. Me envidian".

Está claro lo que hay dentro de su mente; la tiene fijada, al igual que todos los sentidos, en las metas mas relevantes, en las obras trascendentales y sus prioridades. Enfoca toda su energía de una manera eficaz.

El rey de la selva no es veloz ni resistente para cazar a sus presas y tiene pocos minutos. Necesita atacar con precisión y se conduce sigilosamente; si no lo hace ese día no tendrá su alimento. Necesita estar en control absoluto para no cometer errores. Curiosamente, pasan en pie aproximadamente siete horas para luego dormir o descansar lo que queda del día.

De la misma manera, la preparación integral de los que aspiran a alcanzar altos propósitos necesitan una concentración sin distracciones que resten la posibilidad de conseguir el éxito.

La locura por las redes sociales, mientras los niños están en las clases del colegio, las preocupaciones por asuntos que sus soluciones muchas veces son imposibles y estar atentos a lo que se dice en la gradería cuando se está en un juego de cualquier deporte. Esos son ejemplos del día a día que nos llevan a tener accidentes, fracasos, padecimientos y derrotas.

Sin concentración, ni siquiera se captan las oportunidades que otros terminan aprovechando con contundencia los que otros por desconcentración terminan desaprovechando.

Una metáfora africana, narrada por un sabio anciano, contaba que en cada ser humano habitan dos leones en pugna. Estos se atacan y luchan por dominarnos y ser el más fuerte. “Uno es majestuoso, tiene furia, impertinencia, resentimiento y rencor. El otro es majestuoso, radiante, positivo y dadivoso. Presten atención, porque ambos lucharán dentro de cada uno de ustedes”, contó el sabio. “¿Cuál vencerá?”, alguien preguntó. “¡Vencerá únicamente aquel que tú alimentes con tu mente!”, cerró el anciano.

La concentración no se orienta solamente a no dejarse impresionar exteriormente por nadie, sino también a dar la razón muy dentro de nosotros esas dos fuerzas que conviven. Una nos detiene; la otra nos permite reforzar caridades, aptitudes y señales que definen rutas y destinos de equipos, empresas y personas. ¿Cuál león alimentamos?