Rocío Nieves. 13 abril

​Hace unos días pregunté a mis contactos en Facebook que por qué corrían. Dos días después me escribió Leonardo (Leo para los amigos). Lo conocí hace unos 10 años, creo, en una fiesta con amigos. Me advirtieron que él no era como cualquiera. En ese entonces yo no corría, así que este no fue el tema de conversación cuando Leo llegó con Jenny, su esposa, a la reunión. Ambos científicos e investigadores me parecieron encantadores y tenían muchas historias interesantes, pero correr jamás, nunca hablamos de eso. Por que en ese entonces, yo no corría y me ahogaba subiendo una loma de 50 m. Esto es lo que Leo escribió:

"Mi nombre es Leonardo Garro, y tengo 38 años. Nací en un pueblito rural de aproximadamente 60 personas, en un rincón de Aserrí que limita con Puntarenas: Bijagual de La Legua de Aserrí, y cuando se quiere especificar más se le agrega: El Alto del Aguacate. Así, de hecho, aparece en el padrón del TSE, para diferenciarlo de otro Bijagual que está muy cerca.

Bijagual es un pueblo agrícola, algo así como un Macondo tico, pero incluso más aislado, ni gitanos llegaban. En mi infancia no teníamo​​s electricidad y aún hoy no hay servicio de transporte público. Cuando tenía alrededor de 7 años llegó el servicio de electricidad al pueblo, fue todo un evento, antes de eso teníamos un televisor que se conectaba a una batería de auto, pero una vez que se descargaba ya no podíamos verlo. Nos alumbrábamos con velas de parafina, canfineras, que eran un tarrito de polvo de hornear (o de cualquier cosa, pero en mi casa las hacían solo con esos) lleno de keroseno con una mecha de tela y, lo más tecnológico que teníamos en lo que respecta a la iluminación, era una lámpara de alcohol (les cuento esto para establecer un contexto).

Hablemos de Trail: Leonardo Garro
Hablemos de Trail: Leonardo Garro

Ahora bien, mi vida hasta los 13 años consistía en una serie de actividades varias, entre ellas jugar e ir a la escuela, pero también debía llevarle el almuerzo a mi abuelito y mis tíos al lugar donde ellos iban a trabajar. No solía ser muy lejos, quizá una hora de camino, dos horas ida y vuelta, en promedio, pero usualmente había pendientes fortísimas por trillos a medio hacer. Por otra parte, las más de las veces tenía que estar trasladando el ganado hasta las parcelas donde se alimentaban luego del ordeño, así que sí, para los estándares medios caminaba bastante, aunque para los estándares bijagualeños creo que más bien caminaba poco.

¿Cuándo comencé a correr? Eso depende. Si aceptamos empezar a correr como simplemente salir un rato y desplazarse a mayor velocidad que el caminar, sin pensar en un entrenamiento serio para una carrera, empecé a los 13 años cuando ingresé al colegio, salía a dar vueltas al parque, pero por épocas lo dejaba; por alguna razón, no tenía una motivación mayor que me mantuviera constante.

Ahora bien, si tomamos el inicio como el momento en el que empecé a correr prácticamente sin pausas prolongadas y luego empecé a inscribirme en carreras, eso fue en setiembre de 2016. Empecé a correr porque pude.

Hablemos de Trail: Leonardo Garro
Hablemos de Trail: Leonardo Garro

Cuando era niño observaba a los pájaros volar por el cielo, en especial a los gavilanes o zopilotes, tan plácidos planeando mucho y aleteando poco. De alguna manera yo deseaba esa libertar y los envidiaba. Pero un día me di cuenta de que mi versión de volar era correr.

Por allí de 2005, más o menos, recuerdo que mi esposa y yo subimos corriendo a San Ramón de Tres Ríos, desde San Rafael de Montes de Oca. Al descenso, sentí una molestia creciente en la parte posterior de la rodilla. Descansé unos días y desapareció. Las carreras cortas no me molestaban pero, eventualmente, si corría muy seguido, o si corría en bajadas, sentía dolor.

Así pasó algún tiempo, hice algunas consultas informales a profesionales junto con algunas búsquedas en Google, todo indicaba que era una debilidad muscular en mis piernas, por lo tanto, empecé a ir al gimnasio para realizar trabajo de fuerza, dejé de correr y empecé a hacer spinning.

Después de algún tiempo volví a correr, y la molestia apareció de nuevo. Con el tiempo fue empeorando: un dolor tan agudo que me impedía avanzar más de 2 km. Intenté cambiar el ritmo, correr solo en pendiente positiva, cambiar la técnica de carrera, pero nada funcionó.

Visité a una fisioterapeuta quien me dijo que debía cambiar el calzado más seguido, me recomendó algunos estiramientos y unas plantillas ortopédicas. En cierta forma lo de las plantilla funcionó. Digo en cierta forma porque, aunque sí podía correr, y más distancia, era sensible a ciertas variables, como la pendiente o el terreno irregular, que podían hacer que el dolor volviera.

En agosto de 2016, me mudé a Kansas, EE. UU. Yo venía a hacer un posgrado a tiempo completo, ya no tenía que trabajar, estudiar y hacer investigaciones. Con “tanto” tiempo libre empecé a correr más en serio. También, me dediqué a estudiar más a fondo mi antigua lesión. ¿Cómo era posible que esos pies que habían evolucionado por decenas de miles de años para caminar y correr fueran tan inútiles? ¿Qué habría hecho yo en la selva sin tecnología siendo un animal salvaje? ¿Estaba defectuoso y, de haber sido salvaje, destinado a ser alimento de algún depredador?

Hablemos de Trail: Leonardo Garro
Hablemos de Trail: Leonardo Garro

En estas andaba cuando cayó en mis manos un libro llamado Nacidos para correr. No me creía que fuera cierto lo que allí se relataba. Pero lo era.

Luego de investigar mucho decidí dejar las tenis con amortiguación y empezar a probar las FiveFingers. Sabía que el proceso para que mis piernas se adaptaran no iba a ser sencillo. Debía cargarme de paciencia.

Con el calzado tradicional el tendón de aquiles se acorta y muchos músculos del pie se debilitan, hay un cierto nivel de atrofia muscular y acortamiento de tendones. Por tanto, hay que ir entrenando el pie poco a poco. Empecé corriendo 500 m luego 1 km una vez a la semana… y fui subiendo progresivamente. Luego de un año de habérmelas comprado ya corría solamente con ellas y me olvidé del calzado tradicional y de las plantillas. Pero lo más importante, me olvidé de las molestias en la rodilla.

Sin importar cuánto corriera, o si era en asfalto, grava, zacate, tierra o pendiente, nunca volví a sentir dolor en las rodillas.

Hablemos de Trail: Leonardo Garro
Hablemos de Trail: Leonardo Garro

Aunque corro de vez en cuando descalzo, no lo hago en rutas muy largas. Lo más cercano a correr descalzo es cuando uso unas huaraches que me hice yo mismo, con una suela de 0,4 mm que compré en Amazon y cuerda de nylon. A veces me las pongo y salgo un rato.

Correr me ha enseñado que el cerebro nos protege y nos dice que estamos cansados mucho antes de haberlo dado todo, para prevenir que nos sobre esforcemos, para cuidarnos, pero cuando él entiende que ya se viene el final, nos libera un poco más de margen y podemos dar más de lo que nos creíamos capaces. Conocía la teoría, pero en la práctica fue igual o más emocionante comprobarlo.

Fue en mi primera carrera. Faltaban unos 500 m y vi a alguien delante de mí a unos 80 m. Yo estaba cansado, exhausto, pero la meta ya se veía y me pensé que podía adelantarlo. Aceleré y mientras más rápido corría menos cansado me sentía. Lo pasé y seguí corriendo hasta pasar la meta, ¡los 500 m más rápido que he hecho!

En Kansas tengo algunas alternativas interesantes: las calles, un parque, un sendero a la par de un río, un montaña cercana; sin embargo, no hay muchas cuestas.

Aunque comencé corriendo en asfalto, descubrí el trail y ya estoy haciendo planes, eso sí, para cuando regrese a Costa Rica y pueda darle algo más de variedad a mis entrenamientos.

Me encanta darle las gracias a mis piernas por llevarme adonde yo quiera, a mi cuerpo por trabajar tan arduamente para lograrlo, a mi cerebro por ser curioso e investigar y al resto de la humanidad por compartir sus aprendizajes. Correr me hace sentir libre y agradecido."

Hablemos de Trail: Leonardo Garro
Hablemos de Trail: Leonardo Garro

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