Hablemos de trail

Trail Running en La Pacaya de Costa Rica, el día que hice un Mimmi Kokta

La voz de Chelo me sacudió: “Roci, dele con todo”. Fue como si me despertara, ajusté el volumen de mi playlist y dejé que mis piernas me llevaran; así empezó la historia que terminó cuando me caí y me levanté para seguir corriendo.

La primera vez que corrí 10 km en la montaña recuerdo que estaba muy asustada. Una semana antes me había lastimado un tobillo al caer de una bici; sin embargo, estuve en aquella línea de salida el 2018.

Mientras corría los últimos 4 km, empecé a alentar a las personas a las que lograba pasar: “¡Vamos, ya falta poco, solo unos metros más!” No sé si fue que pensé en voz alta, pero se lo decía a todos con los que me cruzaba. Luego de un rato me di cuenta de que había momentos en que gritaba incluso cuando no había nadie. ¿Realmente se lo estaba diciendo a alguien o me lo decía a mí misma?: “Vamos, ya casi llegas a la meta, un paso más, ya falta menos”.

Claro a veces mi mente no quiere ayudar y 1 km cuesta como si fueran 10, miro el reloj y pienso, “¿cómo falta tanto?” Es allí cuando todo puede desmoronarse. Por eso creo que es necesario entrenar la mente si se busca ser un corredor de fondo.

UTMB 2021

Esta semana se corrió la Ultra-Trail du Mont-Blanc 2021. Mis favoritas en la femenina de la ultra de 172 km eran Courtney Daulwalter y Mimmi Kotka. Courtney llegó de primera, pero para mí la gran vencedora fue Mimmi.

Durante toda la competencia, Mimmi le pisó los talones a Courtney, pero los últimos kilómetros sufrió una caída y llegó a Chamonix de tercera, renqueando y con las rodillas destrozadas. Cuando la vi, entrar a la meta, no pude contener las lágrimas de la emoción… 172 km, maltrecha pero terminó, la voz en su cabeza de “ánimo, ya falta poco” debía ser muy fuerte. Esa imagen se me quedó pegada todo el día.

La Pacaya

El domingo 29 de agosto volvería a competir. No me había puesto un dorsal hace meses. El evento estuvo muy bien organizado, en la salida esperábamos todos con mascarillas. Llegué con el tiempo justo, apenas pude recoger el dorsal e ir al baño antes de ubicarme en la parte de atrás de la línea de salida. Nunca había estado tan atrás. Mi amigo Marcelo Rodriguez (Chelo) me dijo que a veces era mejor, porque uno se motiva al empezar a pasar personas. Sonreí, la verdad no estaba muy convencida.

¿Llegaba a competir o a participar? Ya no he estado entrenando como antes de la pandemia, había muchas muchachas muy fuertes. Me boicoteé antes de salir, “bueno, Rocío, puedes caminar, si no te esfuerzas nadie te va a juzgar”. Muy adelante vi a Viviana Piedra, había entrenado con ella unas semanas atrás, es muy fuerte. “No la vas a alcanzar, no te esfuerces, sube tranquila”.

Pasaron muchas cosas por mi cabeza en esos dos minutos que esperé antes de partir. La voz de Chelo me sacudió: “Roci, dele con todo”. Fue como si me despertara, ajusté el volumen de mi playlist y dejé que mis piernas me llevaran. Poco a poco fui pasando gente, algunos me saludaban, yo apenas movía la cabeza. Hablar consume calorías, tenía que acomodar la respiración y concentrarme.

Los primeros 5 km serían de ascenso. No veía el reloj, escuchaba mi respiración y caminaba cuando tenía que caminar. La voz en mi cabeza empezó a gritar, “falta poco, no es para tanto. Hemos tenido cuestas en las que te han hormigueado las manos, esto no es nada’'. En el km 6 despegué y bajé a menos de 4 minutos el kilómetro, pero mi estómago empezó a sacudirse: “Rayos, esto nunca había pasado, ¿será el hidratante con cafeína que estoy usando?” Bajé el ritmo y el malestar pasó, pero volvía a aparecer cuando apretaba el paso. “Mi piernas van bien, el estómago ahorita se acostumbra al nuevo ritmo, no aflojes, vamos, vamos… solo faltan 12 km”.

Entramos a unos trillos y los senderos se hacían cada vez más técnicos, agradecí que no hubiera llovido en días. Bajé con cuidado pensando en mis tobillos. En el camino me topé con Henry Ramírez que hizo que la voz de mi cabeza que analizaba el dolor de mi panza se callara. Hablamos de esas cosas que solo se hablan corriendo. Me dijo que iba en el puesto 3. La verdad no me lo creí mucho.

Al km 16 salí de esos trillos y empezaba el lastre. Estaba tan contenta de salir de terrenos técnicos que aceleré donde no debía y me torcí el tobillo izquierdo. Seguí corriendo porque el dolor no era tan fuerte. Avancé con cuidado, eligiendo cada paso; una piedra suelta podría provocar un esguince grave. Pero no fue suficiente.

Cuando faltaba un kilómetro, resbalé y aunque traté de no caer, pegué la cara contra la calle de lastre. La rodilla de la pierna izquierda se me raspó mucho, me dolía mucho el ojo y el pómulo derecho, pero lo que más me asustó fue ver y sentir el músculo de mi pantorrilla hacerse un puño y subirse hasta detrás de mi rodilla. John Mejía que venía conmigo me agarró el pie y me empujó el empeine para controlar la contracción que me estaba matando. Me preguntó si podía seguir, yo quería sentarme a llorar porque me dolía todo, sobre todo el orgullo, faltaba tan poco y estaba perdiendo minutos sentaba en la calle. La voz volvió, afortunadamente fue la que me hizo continuar: “Hagamos un Mimmi Kokta”.

No sé cómo pero me descubrí corriendo de nuevo, allí estaba Fernando Brenes que me miró asustado al verme cruzar. ¿Tan mal iba? Crucé, fui la tercera, hice un Mimmi Kokta. Ahora queda recuperarme de los raspones. La Pacaya fue de las mejores y más bonitas experiencias que he tenido.

Cuénteme cómo le fue en su entreno o competencia, ¿cómo maneja sus pensamientos mientras corre? ¡Escríbame! Nos vemos en los senderos.

Podio Femenino Ruta La Pacaya:

Primer lugar: Viviana Piedra

Segundo lugar: Jennifer Solano

Tercer lugar: Rocío Nieves

Podio Masculino Ruta La Pacaya:

Primer lugar: Erick Aguero

Segundo lugar: Esteban Rivera

Tercer lugar: Adrián Jiménez

Rocío Nieves

Rocío Nieves

Gestora de redes sociales y plataformas digitales. Estudió Literatura con énfasis en Edición en Perú, su país de origen.