17 agosto, 2015

El Salvador forma parte del Triángulo Norte centroamericano junto con Guatemala y Honduras, una de las zonas más letales del mundo.

Tiene una superficie de 20.700 kilómetros cuadrados, una extensión que equivale al territorio de Guanacaste y Limón. Con 6,2 millones de habitantes es el país más densamente poblado del continente americano.

En El Salvador la violencia se exacerba. El último paro ordenado por las pandillas a finales de julio puso sobre la escena internacional la realidad que desde hace 23 años atraviesa el país, la cual se recrudece sin atisbos de una solución que perdure.

La guerra en el país más pequeño del Istmo enfrenta dos esquemas alrededor de las bandas callejeras: las pugnas internas y la lucha que se ha generado contra el gobierno de Salvador Sánchez Cerén, que este año ya ha cobrado la vida de 41 policías.

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El ascenso. Luego de que El Salvador pusiera fin a la guerra civil que se llevó a cabo durante 12 años y dejó 72.000 muertos, surgieron estas agrupaciones callejeras que funcionan como grandes empresas criminales. Las principales bandas son la Mara Salavatrucha (MS13) y Barrio 18. Actualmente, se estima que en El Salvador hay entre 30.000 y 60.000 pandilleros.

Las pandillas trabajan a través de extorsiones para lograr control territorial y obtener así financiamiento.

Estas bandas callejeras se fortalecieron durante el gobierno de Elías Antonio Saca (2004-2009), quien impulsó el programa Súper Mano Dura para combatir la delincuencia, pero esta política no hizo más que aumentar la criminalidad en el país. Además, se presentó un problema de hacinamiento en las cárceles que se volvieron focos para la captación de nuevos mareros.

Con la llegada de Mauricio Funes al poder en el 2009, la lucha contra las pandillas adquirió otro sentido. En el 2012, el gobierno del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) fue un facilitador tácito de la polémica tregua entre pandillas a cambio de mejoras de sus condiciones en prisión y un relajamiento de la política de mano dura.

El proceso estuvo vigente durante 15 meses, un lapso en el que los homicidios descendieron de forma notable: pasaron de 14 diarios a cinco; sin embargo, las extorsiones continuaron.

También persistían las dudas. El hecho de que las cabecillas de las bandas en prisión tuvieran regímenes penitenciarios menos severos y que la medida no cumpliera el objetivo de implementar políticas educativas y de reinserción social, mantenía escépticos a los ciudadanos salvadoreños.

El cambio. El golpe a la tregua llegó en mayo del 2013 con el cambio de la cartera de Seguridad que se vio forzado a realizar Funes luego de que la Sala Constitucional declarara inválido el nombramiento del entonces ministro de Seguridad, David Munguía Payés, así como el del director de la Policía Nacional Civil, Francisco Salinas, por tratarse de militares ocupando puestos civiles.

A partir de ese momento, el panorama se volvió más sombrío. Regresó la incertidumbre y Funes se separó por completo del acuerdo entre las pandillas. En total, entre enero del 2009 y junio del 2014, ocurrieron 19,661 homicidios en El Salvador.

En junio del año pasado, con la llegada de Sánchez Cerén (también del FMLN) a la Presidencia la situación volvió a agudizarse, pues el mandatario apuesta por la represión y se mantiene firme en la idea de rechazar un diálogo con los pandilleros, mientras estos hacen crecer aún más la cantidad de homicidios.

Las cifras de este año no son alentadoras: en mayo se registraron 635 homicidios y junio cerró con un nuevo récord de 677 muertes. Se prevé que a finales del 2015 el país podría sobrepasar los asesinatos registrados en el 2009, cuando El Salvador llegó a ser el país más violento del mundo.

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"La campaña que ha hecho el Gobierno es de darle a la gente lo que desea. La gente está pidiendo sangre por sangre, el discurso político ha calado en la población y la población quiere que si mata un policía, mueran 10 pandilleros", relata Daniel Valencia del diario salvadoreño El Faro.

La semana pasada, la Fiscalía ordenó la detención de 300 pandilleros acusados de provocar el boicot al transporte público que dejó a siete conductores asesinados y dos autobuses incendiados.

De esta forma, el país que se consideraba a mediados del 2009 el "tigrito centroamericano" por sus posibilidades de desarrollo económico y social ante la implementación de procesos de apertura, se ha quedado varado en medio de conflictos que ahuyentan la inversión y que le impiden prever un crecimiento mayor al del 2% para este año. Su coyuntura es compleja.

A 970 kilómetros de Costa Rica hay un país disconforme, hay un país que enfrenta una guerra: El Salvador contra El Salvador.

Por: Ximena Alfaro M.