
El primer post de este nuevo blog terminó siendo de fútbol. Terminó siendo polémico. Terminó siendo del arbitraje. Nada de lo que quería. Vaya debut. Hubiese sido ideal haber arrancado con un lindo análisis de arcoiris, cachorritos y olor a café fresco (que solo leería… realmente nadie…), pero el desastre en el referato de las últimas jornadas de la Primera División costarricense es imposible de barrer abajo de la alfombra.
Este domingo creo que no hubo ningún estadio que se salvara de errores garrafales. En Cartago, en Limón, en Alajuela… En cada escenario hubo uno, o peor aún, dos equipos severamente afectados por malas decisiones en jugadas que inciden directamente en los marcadores. Y en instancias definitivas. Es una lástima, porque empaña un torneo que, al menos para mí, ha tenido lo suyo en cuanto a nivel futbolístico.
Es claro que el error humano es parte del fútbol. En todos los ámbitos. La pifian los jugadores, el técnico, el aficionado, el narrador, el periodista, en fin, todos. Por eso no estoy de acuerdo en usar el VAR para resolver problemas. ¿Lo entendieron? Sí, yo sé, pésimo. Pero ese es el ánimo con el que me tiene esta debacle arbitral. Es que deberían haber límites para tantos fallos. El fútbol no solo lo mejoran los que patean el balón, sino todos los que son parte del espectáculo. Árbitros incluidos.
Actualmente, soy fiel mejenguero de canchas abiertas. Y a veces me frustra de sobremanera lo malos que son los árbitros. Pero ¿cuál es el análisis que hago antes de echar humo? Si yo estoy a las 9 o 10 p. m. en una cancha sintética en la que la bola ya ni rueda, con frío, con la peor iluminación posible, con unos tacos con tape eléctrico en la punta para que no se abran, pues significa que soy igual de malo. ¿Cierto? No tengo la potestad moral para exigirle demasiado a alguien que se va a jugar el rostro contra 22 pseudofutbolistas de los que no tiene ni idea cómo son ni de dónde provienen, por unos 15.000 colones.
Pero en el profesionalismo sí que se puede exigir. Los árbitros en Costa Rica cada partido reciben una buena remuneración (estamos de acuerdo que siempre puede ser mejor). Además, entrenan, se capacitan y dan el salto internacional casi que más rápido que los jugadores. Y aun así, en este momento parece que los que imponen la ley en la cancha andan por la libre. Se les da un par de nalgadas, los mandan a psicólogos y se separan unas fechas de la acción. Pero vuelven y lo hacen hasta más mal que antes.
Esto quiere decir que hay solo dos posibilidades: las debilidades técnicas (mal aprendizaje, entendimiento o aplicación del reglamento) o mentales (pánico escénico y el concepto moderno de la poca inteligencia emocional). Bueno, también existe una tercera y es que sean las dos cosas juntas. El apocalipsis sobre el césped.
No sé cómo trabaja la Comisión de Arbitraje. Carlos Batres y Ricardo Cerdas, sus directores, no fueron Pierluigi Colina y hasta el italiano metía las patas de vez en cuando. Por lo que no se puede esperar que su guía sea brillante. Quizás ni cerca de eso. Pero sí creo que no se les puede achacar el 100% de la responsabilidad.
Cada referí que sale a la cancha debe velar por su propia preparación. Hacer lo que sea necesario para cumplir, pero no a los jugadores, ni a las aficiones o dirigentes, sino a ellos mismos. Trabajar horas extra en lo que haga falta, así sea correr mejor las diagonales o buscar un chamán para que le saque el susto que se les acumula en los pantalones.
Hasta los equipos deben de colaborar y olvidarse de esos llantos semanales, en los que pasan declarando a árbitros non-gratos. ¿Quién quiere que les pite? ¿El que les pita a favor? ¡Qué conveniente! Es que de seguir con esos vetos cansinos, van a quedar disponibles uno o dos árbitros por equipo. Y recordemos que hasta ellos necesitan ritmo de juego y competencia interna. Sino pueden pitar, menos que van a corregirse.
Mejoría integral, sin duda. Mejoría personal, sin duda, pero a la enésima potencia. Eso es lo que precisa nuestro fútbol. Porque si no, fechas como la que acabamos de presenciar serán la norma y no la excepción. Y ustedes mismos ya se habrán dado cuenta de lo aburrido que es estar hablando de los árbitros en vez de los goles, de los nuevos talentos, de lo apretado de la tabla de posiciones…
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