Jairo Villegas S.. 29 enero
Lilly Ching Soto vive en Santa Lucía.
Lilly Ching Soto vive en Santa Lucía.

Una paradisíaca isla anclada en el mar Caribe es el sitio escogido por muchas parejas para casarse o pasar la inolvidable luna de miel.

Sus majestuosas playas de arena blanca y agua turquesa, así como otros hermosos atractivos que ofrece, la convierten en el lugar inolvidable para esa muestra de amor.

Desde agosto anterior, una costarricense vive en esa pequeña isla, de 617 kilómetros cuadrados, es decir, 82 veces más pequeña que Costa Rica.

Se trata de Lilly Ching Soto, de 43 años, oriunda de Sabanilla de Montes de Oca, San José, quien vive con su esposo e hijos.

Esta abogada reside en el norte de la isla, en un lugar llamado Gros Islet. Ya está acostumbrada a ver esas sesiones de fotos de parejas o bien, cuando debe salir y regresa en avión, es normal que en el vuelo vayan parejas muy felices con los trajes de boda en el brazo.

Las playas de Santa Lucía son ideales para unas buenas vacaciones. Fotografía: Lilly Ching Soto
Las playas de Santa Lucía son ideales para unas buenas vacaciones. Fotografía: Lilly Ching Soto

Lilly trabajó como abogada en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en San José, pero en el 2003 se mudó a Washington.

A Santa Lucía llegó como representante de la Organización de Estados Americanos (OEA). “La prensa siempre resalta que soy tica”, comenta.

Le han dicho que otra compatriota vive en Santa Lucía, aunque no la ha podido ubicar.

Dice que al igual que nuestro país, esta isla se distingue por las bellezas naturales.

“Es una isla verde y turquesa. Sus atractivos no son solo las playas del Caribe, sino también sus montañas: los Pitones, su atracción más emblemática, son dos montañas que la Unesco declaró patrimonio de la humanidad y que dan nombre a la cerveza nacional y figuran en la bandera”.

“Es una isla volcánica, y en el sur, en Soufriere, tiene cataratas y aguas termales. La bahía de Marigot es también muy linda y conocida, sale en muchas películas como el Dr. Doolittle, Piratas del Caribe y alguna de James Bond”.

“En el norte está el Parque Nacional de la isla Pigeon. Además, el atractivo más reciente es el hipódromo La Perla del Caribe, que se estrenó en diciembre del 2019 con la Copa Pitón, los sombreros extravagantes y jinetes de diferentes partes del mundo”, describe Lilly.

Esta es parte de la isla caribeña de Santa Lucía, donde vive una costarricense. Fotografía: Lilly Ching Soto
Esta es parte de la isla caribeña de Santa Lucía, donde vive una costarricense. Fotografía: Lilly Ching Soto

Afirma que Santa Lucía es un estado muy joven, pues en febrero próximo se festejan sus 41 años de independencia.

“Se autodefine como el único estado con nombre de mujer. En la isla hay influencia británica y francesa. En sus últimos años antes de la independencia, fue colonia inglesa y al día de hoy, continúa reconociendo a la Reina Isabel como la jefa de estado”, indicó.

Hay muchas tradiciones inglesas, como el té, los sombreros y las celebraciones.

No obstante, también hay influencia francesa.

Si va a Santa Lucía, tome en cuenta que Martinica está a tan solo 80 kilómetros, que puede recorrer en un corto vuelo o en ferry. Esa otra isla es región francesa en el Caribe.

“Es muy común que los productos sean importados de Francia o de la Unión Europea, y que las personas tomen un ferry o vuelo a Martinica y de allí otro a Francia, o simplemente para ir de compras”.

“Estamos tan cerca que si estoy en la oficina, la radio recibe las estaciones de Santa Lucía, pero si estoy en mi casa, más al norte, entran las francesas”, resalta Lilly.

Esta es parte de la vista que tiene la costarricense Lilly Ching Soto desde Santa Lucía a Martinica. Fotografía: Lilly Ching Soto
Esta es parte de la vista que tiene la costarricense Lilly Ching Soto desde Santa Lucía a Martinica. Fotografía: Lilly Ching Soto

Una curiosidad es que aunque el idioma oficial de Santa Lucía es el inglés, los habitantes hablan creole y saludan con “bonjour” (buenos días en francés).

“En el sur, los lugares tienen nombres más franceses y en el norte, más en inglés”.

Sobre los habitantes, que alcanzan el número de 179.000 aproximadamente, Lilly los describe como gente cálida, amable, de tradición inglesa y formales en la parte laboral.

La tranquilidad que se vive en ese paraíso es tal que quienes viven ahí son relajados y pacientes, no pitan y ceden el paso a otros vehículos y a los peatones.

“En general son muy creyentes y agradecidos”.

La isla Santa Lucía tiene ciertos parecidos con Costa Rica, en sus riquezas naturales. Fotografía: Lilly Ching Soto
La isla Santa Lucía tiene ciertos parecidos con Costa Rica, en sus riquezas naturales. Fotografía: Lilly Ching Soto

De Costa Rica extraña a su familia y amistades.

En cuanto a la comida, hay gran variedad de frutas como acá.

“Hay manzanas de agua, guanábanas, guayabas, anonas, papayas, mangos, bananos… no tengo nada que criticar, me encanta comer de todo. Sigo probando a ver qué no me gusta”, resalta Lilly.

Una diferencia entre esa nación y la nuestra es que allá adoran el cricket y no el fútbol.

Santa Lucía no pide visa a los ticos, aunque sí un boleto de regreso.

“Si un costarricense quisiera venir, yo le recomendaría que pasara unos días en el sur y otros en el norte. Las distancias son cortas, pero la infraestructura hace que el tráfico y los desplazamientos sean un poco complicados. Además, se maneja del otro lado”.

Mapa de Santa Lucía.
Mapa de Santa Lucía.
Datos de Santa Lucía

Capital: Castries

Población: 178.844 personas (28 veces menos que Costa Rica)

Extensión territorial: 617 kilómetros cuadrados (83 veces más pequeño que Costa Rica)

Idiomas: Inglés y francés

Moneda: Dólar del caribe oriental (1 dólar del caribe oriental son ¢209)

Visa: No es necesaria para costarricenses.

Las bellezas se ven en cada rincón de la isla Santa Lucía. Fotografía: Lilly Ching Soto
Las bellezas se ven en cada rincón de la isla Santa Lucía. Fotografía: Lilly Ching Soto

Esta es la sexagésima sétima historia sobre costarricenses que dejaron su país por diferentes circunstancias, se adaptaron a otra tierra, pero guardan el cariño por sus raíces.