
Un crucero por Alaska es sinónimo de magia, paisajes imponentes y varios días de asombro ante algunos de los escenarios naturales más espectaculares del planeta.
Sin embargo, antes de reservar su viaje, conviene asegurarse de que el itinerario incluya una experiencia considerada por muchos viajeros como el punto más memorable de la travesía.
Lo ideal es que el barco navegue cerca de alguno de los grandes glaciares de la región, una oportunidad única para admirar de cerca estas gigantescas masas de hielo.
Existen varias opciones, aunque Glacier Bay suele llevarse los mayores elogios. Este parque nacional fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco y figura entre los principales atractivos de Alaska.
Si Glacier Bay no aparece en el itinerario, otra excelente alternativa es Hubbard Glacier. Un escalón más abajo se encuentran Endicott Arm y Dawes Glacier, que también ofrecen paisajes espectaculares.
En estos lugares no hay desembarco. La experiencia consiste en disfrutar del entorno desde el barco mientras navega lentamente entre montañas, hielo y fiordos.
Focas descansando sobre los témpanos, cascadas que descienden por las laderas y enormes bloques de hielo flotando en el agua forman parte del espectáculo natural.
Dedicar unos minutos a revisar el itinerario antes de reservar puede marcar la diferencia entre un buen viaje y una experiencia inolvidable en Alaska
