Esteban Ramírez. 7 febrero
Personal médico, de ronada por la zona en cuarentena de Wuhan, el 3 de febrero. La rápida propagación de la enfermedad merece toda la atención de la población por su drama humano –en primer lugar–, sin dejar de lado las secuelas económicas que la emergencia ha comenzado a imprimirle a este 2020. AFP
Personal médico, de ronada por la zona en cuarentena de Wuhan, el 3 de febrero. La rápida propagación de la enfermedad merece toda la atención de la población por su drama humano –en primer lugar–, sin dejar de lado las secuelas económicas que la emergencia ha comenzado a imprimirle a este 2020. AFP

El coronavirus acumula, hasta ahora, un saldo de más de 30.000 personas contagiadas y 630 fallecidos. La rápida propagación de la enfermedad merece toda la atención de la población por su drama humano –en primer lugar–, sin dejar de lado las secuelas económicas que la emergencia ha comenzado a imprimirle a este 2020.

Por el momento, el paciente más crítico es China. Se trata de una economía de $14 billones y una población de 1.300 millones de habitantes que se convirtió en uno de los motores de la producción mundial, con alto impacto en las cadenas del comercio global y turismo. Aquí es adonde quiero llegar: Costa Rica tiene motivos para estar atenta a lo que ocurre con el combate de la crisis en el país asiático, sin dejarse llevar por las posturas irracionales o discriminatorias.

Se teme que la cuarentena impuesta por el gobierno chino en varias ciudades le pase la factura al consumo privado y esto afecte la demanda, así como los resultados financieros de las empresas. De paso, se frenaría el crecimiento de la producción (el año pasado fue de 6,1%), que a su vez es fuente de dinamismo para economías muy vinculadas a nuestra; sin ir muy lejos, Estados Unidos.

Una viñeta con gráficos publicada recientemente en The Economist, muestra cómo los precios de materias primas con alta demanda por parte de China (hierro, cobre, petróleo) han sufrido algunas reducciones. También, las acciones de compañías ligadas a los viajes (líneas aéreas), tuvieron minusvalías, ante el temor de que el turismo desde y hacia el continente asiático experimenten una merma.

Costa Rica exporta relativamente poco a China. El año pasado se facturaron $188 millones (menos del 2% de las ventas totales de bienes al exterior), pero los despachos de mercancías están concentrados en pocos productos, por ejemplo, solo la carne bovina representó la tercera parte de esa cifra; azúcar y alcohol etílico son otros dos productos con importante participación. Si la menor demanda llegara a crear excesos de oferta de estos rubros y reducción de precios, podría haber algún impacto local.

También son pocos los turistas chinos que nos visitan. En el 2019 la cifra de visitantes desde ese país anduvo por los 16.300 (respecto a 3,1 millones de visitantes totales). El impacto directo sería limitado en términos relativos, no así el indirecto, que podría ocurrir si se desencadese un temor generalizado a viajar que merme el flujo mundial de viajeros.

Pondría más atención en lo que pasará con las importaciones desde China. Costa Rica compra $2.200 millones anuales en bienes de ese país, desde automóviles hasta prendas de vestir. En estos momentos algunas fábricas chinas están detenidas, tanto de productos finales como de suministros, una situación que quizás podría dificultar el abastecimiento local de ciertas mercancías.

De acuerdo. A estas alturas es muy temprano para ponerse a especular sobre lo que podría pasar tanto allá como aquí. Lo que no está de más es comenzar a identificar todas aquellas conexiones que nos acercan a esta emergencia.