En cuanto a la ley de tránsito se ha debatido con amplitud sobre las multas, el nivel de tolerancia de alcohol para quienes manejan, el sistema de penalización por puntos en la licencia de conducir, etcétera, etcétera...
Sin embargo, hay una conducta muy frecuente de la cual, pareciera, pocos se percatan o, si lo hacen, no la consideran importante ni peligrosa: las imprudencias de los peatones.
Para evitar suspicacias, aclaro que esa situación la veo desde el borde una acera y no desde un volante (nunca tuve interés en aprender a guiar un vehículo diferente a una bicicleta).
German Marín, director de la Policía de Tránsito, al comentar las cifras que revelan una merma en la cantidad de muertes por accidentes viales en el 2009 –en relación con el año precedente–, resaltó la persistencia de la actitud descuidada de viandantes, quienes figuran entre las principales víctimas.
Tiene razón, pero si usted abriga alguna duda es cuestión de que observe cómo se comportan muchos transeúntes al cruzar una calle. Si hay semáforo, es frecuente que se avienten en luz verde. Impera la presunción de que el chofer debe frenar (o, mejor dicho, tiene que hacerlo), sin considerar si, de verdad, las condiciones lo permiten.
En este caso, el imprudente traslada a los demás la responsabilidad de evitar la desgracia. Muy fácil, ¿verdad?
La misma displicencia aplican los que sortean vehículos en vías de alta velocidad, aunque muy cerca (a veces, sobre sus cabezas) exista un puente peatonal. La paradoja en este caso es que, a menudo, ese paso elevado se construyó después de reiterados y justificados reclamos de los vecinos.
Tal actitud lleva a inferir que buena parte de los viandantes desconocen que la legislación de tránsito también les atañe y que el respeto a ella no les resulta ajena. Dicho en sencillo: la ley no es únicamente para quien es conducen un automotor.
Lo anterior prueba que, aparte de contar con una normativa estricta, es urgente concienciar a los de a pie sobre sus responsabilidades; es un problema de educación.
Ese vacío en el debate es necesario llenarlo para que nadie se sienta exento de su cuota.
Por supuesto, tampoco hay que aflojar en la sanción de conductas graves como manejar borracho o a toda velocidad.
Pero la ley debe ser pareja, inclusive para quienes manejamos... un par de zapatos.