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La droga de la devastación

El ‘crack’, una de las sustancias más adictivas sobre la faz de la tierra, aprieta y, si se le permite, también ahoga. Más allá de los estereotipos o de las noticias de sucesos, así son las vidas de quienes fuman esta droga, que puede dominar a una persona en semanas o hasta días.

Quienes han divagado por los senderos de la adicción cuentan que para salir de ella, primero hay que tocar fondo. Pero quienes se pierden en las intensas sensaciones del crack, a veces deben caer en un abismo mucho más profundo, hasta llegar a las expresiones máximas de la traición, el egoísmo, la manipulación y, sobre todo, la desesperanza.

De ello da fe un joven de 25 años a quien llamaremos Santiago. Cuesta imaginarse a semejante hombrón con 32 kilos menos, reposando su demacrado cuerpo sobre un viejo cartón en la zona roja. Hijo de padres médicos y criado en un residencial de lujo, Santiago demuestra que ni el dinero ni el estatus son vacuna contra la adicción.

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