Para defenderse de una enfermedad no es atinado poner la vacuna en brazo ajeno y tampoco conviene administrarse placebos de efecto a lo sumo simbólico. Como todas las revoluciones, la cubana no carece de flancos harto débiles ni de detractores ansiosos de aprovecharlos. Aflora frecuentemente en las conversaciones de sobremesa el fracaso que significa para el régimen castrista no haber domeñado el atávico racismo de la sociedad cubana, y se menciona como pecado capital de la Revolución la supuestamente escuálida cuota que la población de origen africano alcanza en los órganos de gobierno de la Isla. A veces ese cargo lo lanzan observadores costarricenses con el propósito de ilustrar el contraste entre la situación que se da en nuestro sistema democrático (el racismo está excluido en la democracia, sostienen ellos) y lo que ocurre bajo un siniestro régimen comunista. Aparte de que la xenofobia y su hermano el racismo han renacido de forma virulenta en varias de las democracias europeas más decantadas, no está de más recordar, para citar tan solo dos casos impensables en Alemania, Francia o Inglaterra, que, bajo el régimen comunista de la URSS, Lenin (medio calmuco) y Stalin (georgiano y probablemente un tanto oseta) llegaron a la cúspide pese a sus orígenes “asiáticos”.
Pero el punto es que si el racismo de un régimen político se midiera con base en las oportunidades que los miembros de grupos étnicos minoritarios pero significativos tienen de acceder a los puestos de dirección, y para hacer esa medición en Costa Rica se tomara el caso de la población afrocostarricense, habría que admitir que por estos rumbos algo gira pero todavía rechina. Obsérvese que, contando a partir de 1986, con el primer advenimiento al poder de Óscar Arias, hasta la integración del equipo de gobierno de doña Laura Chinchilla, esa importante minoría costarricense pareciera estar integrada por osetas y calmucos convocables a la dirección política solo en dosis homeopáticas. En el caso de doña Laura, por razones de sobra conocidas se dio, a última hora, la oportunidad de nombrar en un puesto secundario a una tica de origen afro, tal vez porque alguien aprovechó la circunstancia para hacerle llegar a la Presidenta un tímido llamado de atención.
Utilizando un lenguaje políticamente correcto tras el fenómeno Obama, se puede afirmar que de los negros ticos lo único que viene a importar es el voto. No se trata de acusar a nadie de racismo, sino de sugerir que en Costa Rica (habrá que buscarle otra explicación a lo que pasa en Cuba), también en esto se impone la lógica económica del poder.
En beneficio de la transparencia y para evitar distorsiones del debate público por medios informáticos o aprovechando el anonimato, la sección de comentarios está reservada para nuestros suscriptores para comentar sobre el contenido de los artículos, no sobre los autores. El nombre completo y número de cédula del suscriptor aparecerá automáticamente con el comentario.