
Cuando el tiempo presenta cambios repentinos de temperatura, se multiplican los casos de gente resfriada y, una vez engripadas, muchos se preguntan si es conveniente hacer ejercicio.
Partamos de un hecho innegable: el ejercicio no solo ayuda a tonificar y endurecer el cuerpo, sino que contribuye a mejorar el sistema inmunológico del individuo y, de esta forma, le permite enfrentarse con mejores recursos a las enfermedades.
En el caso específico del resfriado común, funciona como un refuerzo de defensas. Así lo demostró un estudio realizado en la Universidad Estatal de los Apalaches, en Carolina del Norte, Estados Unidos. Se investigó a 1.002 hombres y mujeres durante un período de 12 semanas en el otoño y el invierno del 2009. Se registró la cantidad y el tipo de ejercicios aeróbicos que hacían por semana, además de su estilo de vida, sus patrones dietéticos y las situaciones de estrés que enfrentaban. Luego se comparó esa información con el número de infecciones de las vías respiratorias que sufrieron.
Los investigadores encontraron que la frecuencia de los resfríos entre las personas que hacían ejercicio al menos cinco días por semana, era 46% inferior que la de los sedentarios.
La actividad física hace que el sistema inmune se estimule, explica el médico José Luis Carvajal. “Aun con gripe, se puede realizar ejercicio siempre que la persona no tenga antecedentes de asma, su capacidad respiratoria no haya disminuido por el mismo resfrío, y no tenga fiebre”.
