Metástasis nacional: la galería de los 6.250 padres de familia sin honor ni pudor que, teniendo recursos suficientes (dinero o propiedades) se colaron, con sus hijos, en la lista de los estudiantes pobres para recibir los beneficios del programa Avancemos. El IMAS los tiene documentados, pero lástima que no se puedan exhibir sus caras. Un editorial de La Nación, el viernes pasado, puso las cosas en su lugar. Caben, sin embargo, otras reflexiones por cuanto este hecho revela un deterioro creciente en la sociedad costarricense sobre el valor ético de la honradez.
Avancemos es el programa estrella del Gobierno en el campo social. Su trascendencia proviene de su propio fin (trinomio juventud-pobreza-educación); de su eficacia comprobada y de un ajuste de cuentas con la historia: el golpe sufrido por la educación media a inicios de los ochentas, que la ha tenido postrada por tres décadas. Muchas de las víctimas de aquella estocada social no pudieron, sin embargo, reponerse. El tiempo es un temible vengador.
Este no es un caso aislado de corrupción, un dolor social pasajero, un uñero en el cuerpo de la sociedad, una nota al margen en el registro de la moral privada o pública. No. Es un tumor hondo en el país, con ramificaciones preocupantes en los más diversos campos y actividades. Su nombre es falta de honradez. El pueblo la llama sinverguenzada. Un sinverguenza es una persona que carece de verguenza, siendo esta, como nos lo enseñan los griegos, el último escudo del honor personal, aquel bastión final que subsiste cuando están a punto de quebrarse los valores y los principios. Es la última voz que, desoída, por el honor personal o por la familia, nos hace traspasar la frontera del mal.
Esta insensibilidad moral o incapacidad de reaccionar ante el mal, no más se presenta una oportunidad, nos está llevando a extremos peligrosos. Esto explica el número de actos de corrupción organizados en manada, como si se tratara de una empresa y que una vez denunciados, dejan indiferentes a un sector de la sociedad, amigos, familiares o partidarios. Vamos mal cuando el fin justifica los medios, cuando no se puede hablar por ser presa o marioneta de otros intereses, que atan y enmudecen, o cuando, por motivos de amistad o políticos, se ve y no se quiere hablar, o no se quiere ver ni oír.
Están en la picota 6.250 padres de familia por pretender arrebatarles los beneficios de Avancemos a los estudiantes pobres. Sin embargo, la galería de los pillos y rateros, de los honorables delincuentes y de los cínicos, con títulos o sin ellos, es mucho más amplia y numerosa de lo que dicen las cifras en el sector público y en el privado.