El año pasado, la Organización Mundial de la Salud afirmó que la obesidad había alcanzado las proporciones de una epidemia de escala mundial.
La acumulación excesiva de grasa provoca la muerte anual de 2,6 millones de personas, según datos de la OMS, pero además lanzó un par de cifras para nada alentadoras: actualmente mil millones de adultos tienen sobrepeso y se estima que para el año 2015, la cifra sobrepasará los 1.500 millones.
Las causas del sobrepeso varían. En los casos en que hay una carga genética de por medio, las personas deben cuidar sus hábitos de vida y de alimentación con más atención que cualquier otra persona.
Sin embargo, en la mayoría de los casos de obesidad, esta se relaciona con la hiperfagia (ingesta descontrolada de alimentos). A esto se le pueden sumar prácticas de sedentarismo, lo que ha provocado que la obesidad extienda su rango etario. En el 2010 se estimaba que 42 millones de niños menores de cinco años tenían un grave sobrepeso.
Entre la población infantil, la mayor preocupación es que pueda elevarse el riesgo de enfermedades cardiovasculares y diabetes a edades más tempranas.
En casos poco usuales, las personas obesas deben su sobrepeso a problemas hormonales, por la glándula tiroides o por exceso de cortisol en la sangre.
Se habla de obesidad crónica cuando la relación entre el peso y la talla de una persona (índice de masa corporal), es superior a 30. Cuando el mismo dato supera los 40, es un caso de obesidad mórbida, donde la movilidad está limitada por el peso excesivo.
La obesidad es una enfermedad crónica porque el procesode “engorde” es gradual.
El sobrepeso se relaciona con una gran cantidad de consecuencias, entre ellas la diabetes, colesterol y ácido úrico elevados, hipertensión arterial y distintas enfermedades cardiovasculares.
En la parte física, los efectos aparecen en problemas de las articulaciones y dolores de espalda, así como fuertes malestares en rodillas y tobillos.
La lista de consecuencias negativas sigue: a nivel psicológico, la obesidad puede acarrear desajustes emocionales, e inclusive hacer que quien la padece se inhiba de hacer vida social. En algunos casos, su peso los separa de los demás, o los demás los separan por su peso.
El médico endocrinólogo Baudilio Mora Mora afirma que “el problema de muchas personas con obesidad es que recurren a medicamentos o dietas de corto plazo, y se puede decir que el 75% de las personas que toman pastillas regresan a la obesidad”.
El especialista asegura que, tras un tratamiento progresivo y constante, si el paciente baja el 5% de su peso original, se puede hablar de un logro, y cuando hay pérdidas del 10% y el nuevo peso se mantiene en el tiempo, el éxito del tratamiento fue absoluto.
“Las metas ambiciosas de pérdida de peso pueden generar fracaso; no se pueden esperar cambios de peso maravillosos de la noche a la mañana”, comenta. Cuanto mayor sea la obesidad, más difícil es la reducción.
La principal recomendación que se le da a una persona con un alto grado de sobrepeso es entrar en un plan de actividad física racional y progresivo, así como adoptar una dieta saludable.
Sin embargo, según indica la OMS, no basta con la voluntad de la persona afectada para alcanzar logros; el apoyo de quienes están en el entorno es fundamental para hacer frente a un cuadro de de obesidad.
La familia también juega un papel preponderante en la detección de problemas de ‘infrapeso’.
La anorexia es uno de ellos y se caracteriza por la falta de apetito y la reducción parcial o total del consumo de comidas.
Las personas que la sufren tienen un miedo excesivo a subir de peso, e incluso a estar en los límites de peso normal, esto porque tienen una imagen distorsionada de su cuerpo y se ven más gruesos de como son realmente.
Hasta el espejo los engaña y, es tal su obsesión con su apariencia física, que algunas personas llegan al vómito autoconducido, lo que se conoce como bulimia.
La tendencia más frecuente es que la persona deje de comer, que elija alimentos que no la harán engordar y que lleve un control excesivo de las calorías de su dieta diaria.
Esto viene acompañado de frecuentes mentiras para evitar comer, de una práctica exagerada de ejercicio para bajar más rápido de peso y del consumo de laxantes o diuréticos.
El IMC de una persona con anorexia se encuentra debajo de los 19, lo que se considera un “bajo peso patológico”.
¿Cómo se identifica este trastorno? El síntoma principal, y el que es más evidente, es una drástica pérdida de peso. Adicionalmente, se presenta una caída de cabello o el cuero cabelludo se vuelve poco frondoso, la personase pone ojerosa, y las uñas se agrietan o se fracturan
Generalmente, el padecimiento comienza en la etapa de la adolescencia y es más común que se presente en mujeres que en hombres.
La anorexia no solo es una tendencia de nuestros tiempos. A finales del siglo XIII, se registraron casos de mujeres que se sometían a períodos de inanición con fines religiosos para que las declararan santas. Sin embargo, perdían el control sobre sus hábitos alimentarios.
Durante los próximos cinco siglos, se registraron reportes médicos con casos específicos de jóvenes en Europa que dejaban de comer hasta lucir cuerpos cadavéricos y con perjuicios en la salud e inclusive la muerte por estos malos hábitos.
Fue en 1873 cuando el doctor inglés
Tras evaluar a las pacientes, el doctor Gull logró que las mujeres subieran de peso, e indicó que la mejora en sus dietas las había ayudado a corregir los síntomas de la anorexia.
En la segunda mitad del siglo XX, el trastorno se relacionó con la obsesión por mantener pesos bajos, y en 1980, la Asociación Médica Estadounidense (APA, por sus siglas en inglés) incluyó a la anorexia en la lista de desórdenes mentales.
Tres años más tarde, se convirtió en un trastorno de conocimiento popular por la muerte de la cantante Karen Carpenter.
¿Qué especialista debe atender a estas personas? El endocrinólogo Mora afirma que el trabajo es interdisciplinario. “El origen fundamental del trastorno es de índole emocional/psicológica, porque quienes lo padecen tienen una percepción inadecuada de sí mismos”.
Es importante la intervención psicológica y un endocrinólogo confirma el diagnóstico, tras hacer un estudio hormonal, si procede. A la vez, el aporte del nutricionista es indispensable. Simultáneamente, la familia debe asistir al proceso y dar seguimiento y apoyo al paciente.
Mora agrega que, en la mayoría de los casos, son los familiares quienes alertan y buscan ayuda profesional, pues la persona con anorexia se sumerge en un patrón de mala alimentación.
“Es común que estas personas recurran a usar ropa holgada para disimular su delgadez y evitar la preocupación de quienes los rodean”, comenta.
En la anorexia hay fuertes probabilidades de reincidencia, especialmente cuando el problema subyacente es emocional. “Las personas son reacias a aceptar que son anoréxicas”.