El oficio de adivino, aunque es divino, resulta siempre muy riesgoso. Involucra formular juicios subjetivos basados en el comportamiento pasado y proyecciones futuras de múltiples variables, algunas en franca oposición. Por eso, a veces fallamos.
A mí me sonó la flauta en las primarias de Iowa la semana pasada. Las encuestas publicadas previamente revelaban un empate técnico entre tres candidatos, Romney, Paul y Santorum, todos ubicados en el margen de error. Yo predije el triunfo de Mitt Romney y ganó por escasos 8 votos. Dejé los pelos en el alambre. (Si hubiera sido un semoviente llamado Torombolas, el desenlace habría sido fatal).
Probablemente hoy ganará con holgura las primarias de New Hampshire. Ahí no quise apostar por ser un estado vecino a su natal Massachusetts y tener en las encuestas holgada ventaja. Más interesante sería saber si alcanzará la nominación en agosto para enfrentar a Obama. ¿Cuál será el republicano? La empresa encuestadora Real Clear Politics les confiere a Santorum y Paul pocos chances. El verdadero duelo lo ubica entre Mitt Romney y Newt Gingrich. El primero atacó duramente al segundo y lo hirió. Pero no todo está consumado. Dicen que los políticos, al igual que otras especies, son más peligrosos cuando están heridos.
Mis vaticinios sobre temas nacionales parecen enrumbarse bien. El tipo de cambio ya inició su recuperación, influido, en parte, por el fin de las ofertas estacionales que lo deprimieron a fin de año, y pronto veremos anidar entre las bandas, tímidamente, otros factores externos como la crisis de Europa y déficit fiscal. La inflación en diciembre fue alta (0,90%), compensada por cifras menores durante 2011 para poder cumplir las metas. Pero habrá mayor presión en meses venideros. Las tasas de interés tampoco dan muestras de caer, aunque sean altas en términos reales. Creo que las quieren manipular al alza para forzar el paquete fiscal.
Yo mantengo mi batazo calificado en esas variables. Pero la política nacional es, por mucho, mi mayor enigma y, también, mi mayor fascinación. La noticia inicial de que el presidente del PASE, Óscar López, se rendía mansamente ante Liberación me heló el corazón. Pensé decirle, consternado, ¡Suave, López, suave! Por fortuna, sus aclaraciones posteriores, secundadas firmemente por el subjefe de fracción, Martín Monestel, me devolvieron la razón. Fue muy sensato al decir “aquí no hay nada, nada de nada”. Y, a pesar de que lo trataron de prensar en una entrevista posterior, mantuvo su apoyo a la Alianza. Ojalá que el PASE, pase lo que pase, haga buena su promesa de cumplir con lo pactado, y la Alianza valore sus proyectos de ley.