Imposible negar el pragmatismo del Gobierno sandinista de Nicaragua. La nueva versión del Frente, perfeccionada durante sus años de partido opositor y cuajada con la victoria de Daniel Ortega en las elecciones del 2006, redujo los fracasados esquemas ideológicos de su primer mandato a un mero puñado de eslóganes y los sustituyó por un nuevo modelo, que bien podría llamarse la pax sandinista.
Así como la pax romana impuso a los pueblos conquistados una incómoda tranquilidad basada en el sometimiento al poder central, con cierto respeto a sus idiosincrasias e implacable rigor para los disidentes, los sandinistas propician un acomodo con los demás centros de poder de la sociedad nicaraguense. Es un arreglo suficiente para conservar el poder por el poder mismo, sin preocuparse por construir una gran visión del futuro o ejercer la sana administración del presente.
Para mantener el statu quo, los sandinistas pactan con Arnoldo Alemán, antaño su más acérrimo enemigo, salido de las filas del somocismo y blanco de graves denuncias por corrupción. Gobiernan, hacen negocios y permiten a los demás hacerlos. Pocos casos son mejores ejemplos de lo dicho que el reciente intento de compra de El Nuevo Diario , un medio distinguido por su independencia y sentido crítico.
El diario es víctima de la pax sandinista. La pauta publicitaria estatal, utilizada para premiar a los amigos y castigar a quienes no lo son, brilla por su ausencia en las páginas del periódico. La publicidad de la empresa privada, pautada con riguroso cuidado de no ofender a los gobernantes, tampoco apuntala las finanzas de la publicación.
No perturbar la pax sandinista es buena política empresarial y conduce a la preservación del statu quo con la pasiva colaboración de sectores que en otra lógica deberían enfrentarlo. En ese marco, El Nuevo Diario es una impertinente molestia. Drenado de los recursos económicos necesarios para subsistir, el periódico entró en crisis y los sandinistas fueron primeros en la fila para aprovechar la ocasión. Pretendían comprarlo y anduvieron cerca de lograrlo. Ya ejercen dominio sobre otros medios, incluido un canal de televisión, y la expansión de su influencia es ingrediente indispensable para la conservación de la pax.
En el momento decisivo intervino el Grupo Pellas, un poderoso conglomerado empresarial nicaraguense con intereses en todo el Istmo y más allá. Inyectó $1 millón a las finanzas del diario, prometió conservar su independencia editorial y, para demostrarlo, pidió al director Francisco Chamorro permanecer en el puesto. Voto por que se cumplan los buenos propósitos, por el bien de Nicaragua y la necesaria perturbación de la pax .