Ángela Ávalos. 28 abril, 2005

Un juez sentenció hoy al sacerdote Enrique Delgado a 21 años de prisión por encontrarlo culpable de varios delitos de abusos sexual cometidos en perjuicio de menores de edad. A Delgado se le condenó por seis casos de abuso sexual y se le absolvió en otros seis casos.

El prelado fue hallado responsable en dos casos de abuso sexual contra un joven que aún es menor de edad. Por estos dos casos se le impuso, en total, ocho años de cárcel.

De manera adicional se le consideró responsable de otros tres casos contra otro joven por los que se le condenó a 4, 5 y 7 años de prisión respectivamente.

Otros 6 años se le sumaron a su condena por abusos a un tercer menor. Además de la pena de cárcel, el cura deberá pagar 8 millones de colones para compensar a las víctimas.

El total de la pena alcanza los 30 años de los cuales el sacerdote deberá cumplir 21 años. Según explicó el presidente del tribunal, Luis Aguilar, que la sentencia se reduce por "la aplicación de las reglas del concurso material", debido a que el año de cárcel en Costa Rica es de ocho meses y no de doce.

Una vez leída la sentencia, el cura cumplirá 6 meses de prisión preventiva en tanto queda en firme la sentencia.

Al razonar su fallo, el juez del caso dijo que el padre Delgado afirmó ser víctima de persecución en su contra por parte de los medios de comunicación de Costa Rica, pues Delgado afirmó que los medios trataron de crear, por medio de las acusaciones en su contra, una atmósfera negativa para la iglesia católica costarricense.

Sin embargo, el juez añadió que los testimonios de las tres víctimas le merecieron al tribunal todo el crédito, no solo por lo que los afectados afirmaron, con amplios detalles, sino por el cúmulo de circunstancias ocurridas alrededor de este caso.

El juez, en ese momento, hizo una descripción de algunos de los abusos por los cuales se condenó al sacerdote, los cuales incluían el haber tocado en varias ocasiones las partes íntimas de las víctimas.

El juez también resaltó que una cosa es el credo de una religión, y otra son los mensajeros de ese credo, pero aseguró que personas en jefaturas de alto rango en el aparato administrativo de la iglesia católica "se prestaron para enturbiar este proceso".