
Una rana saltarina se ha unido al pez globo verde, las abejas, las aves y al ser humano en la lista de más de 175 organismos que ya tienen su información genética casi completamente secuenciada.
Un equipo internacional de científicos logró descifrar el 97,6% del código genético de la especie de ranas africanas llamadas
El avance científico, publicado en la última edición de la revista
Se estima que el 30% de los anfibios conocidos podría desaparecer del mundo, por el aumento de las temperaturas y la proliferación de un hongo que se les adhiere a la piel y les causa un paro cardiorrespiratorio.
Juntos, los especialistas analizaron siete generaciones de ranas saltarinas hembras de la especie
Tras el estudio minucioso de su ADN, los investigadores detectaron que el genoma de esta rana se compone de más de 1.700 millones de bases que se despliegan en diez cromosomas.
El equipo encontró, además, que este genoma tiene entre 20.000 y 21.000 genes, apenas unos 2.000 menos de los genes que posee el genoma humano: 23.000.
”Este estudio es importante porque el género de ranas
Con esta secuenciación, los genetistas detectaron que estas ranas africanas poseen un 79% de los genes (1.700 de ellos) asociados a enfermedades conocidas en las personas, entre ellas el asma, el cáncer y otros padecimientos del corazón.
Según el científico y coautor del estudio Richard Harland, de la Universidad de Berkeley, esta coincidencia es posible porque hace unos 360 millones de años los mamíferos (como los humanos), las aves y los reptiles tuvimos un ancestro común, a partir del cual cada uno de los grupos evolucionó de una forma independiente.
La genetista Segura destacó que al tener ya la secuenciación de genomas de ciertas especies de peces, aves y mamíferos, la comparación de ellos con el genoma anfibio permitirá, también, dar una nueva mirada a la historia evolutiva de todos estos vertebrados.
“No obstante, hay que recordar que conocer la secuencia genética completa de un organismo no ayuda si no se conoce la ubicación de los genes y su función, su expresión e interacción con el ambiente”, recalcó, por su parte, Jacques Robert, científico de la Universidad de Rochester Medical Center.
Un ejemplo de ello es que aunque partes del genoma humano se empezaron a dar a conocer desde el 2001, aún no se comprende bien cómo es que nuestros genes trabajan. “Hay mucho trabajo por hacer”, concluyó el coautor Uffe Hellsten, de la Universidad de California.