
Su pasado no le dejó ningún legado, solo pérdidas. Álvaro Ortega, Yi para los amigos, natural de San Juan de Pavas no hace tanto que cambió de prisma con el cual ver la vida.
El joven, de 25 años, reconoce los problemas de su barrio. “Aquí hay drogas, delitos, asaltos, mucha fiesta, esa es toda la vida en San Juan”, destacó.
Pavas, distrito noveno de San José, es una comunidad acostumbrada a salir en los medios de comunicación por las balaceras, los asaltos y las detenciones.
El contrapunto, en la conflictiva trayectoria del popular barrio josefino, lo ponen Ortega y sus vecinos de Pavas, gracias a un proyecto socioeducativo en el que participan desde hace 10 meses.
Se trata de Faro, programa diseñado para jóvenes en riesgo administrado por la ONG Fundavínculo y financiado por el Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS).
“Faro porque el país está rodeado de dos mares, y este elemento es el que ilumina el barco para que no encalle”, explicó Hernando Ramos, director de la iniciativa.
Por ello, “mostrarles la luz y enseñarles una filosofía de vida a través de las charlas y talleres”, son los objetivos marcados para esta iniciativa, apuntó Ramos.
Un promedio de 25 muchachos se reúne en la sala comunal dos veces por semana con el educador social Jairo Hernández.
Allí organizan las sesiones, analizan sus biografías, se conocen y aprenden destrezas sobre todo relacionadas con las artes.
“Esta es la posibilidad para que vean el mundo de otros colores, aunque haya dificultades o no se tengan las mejores condiciones económicas”, afirmó el instructor.
No importa si el aula se cambia por el planché o el parque. La idea es simple: “Cualquier espacio puede ser un aula, si le puede robar el tiempo a un muchacho, róbeselo, porque mientras que está aquí –en los talleres–, son dos horas menos de vicio”, expuso Ramos.
Otras cinco comunidades urbano marginales acogen este proyecto: León XIII, La Carpio, Guararí, San Juan de Desamparados y Tirrases, con un total de 226 participantes.
Álvaro Ortega reconoce que el programa fue el impulso que necesitaba para encarrilar sus metas.
Después de 10 años sin pisar un aula, retomó sus estudios. Él cuenta orgulloso que está en sétimo de colegio.
“He aprendido a ver que todos necesitamos de todos, que uno no puede llegar a la meta sin personas que lo estén motivando”, reflexionó el vecino de San Juan.
“Perseverancia” es la palabra que más repitió en su testimonio.
Reconoce que su pasado está lleno de baches. “A veces uno llega a tener mucho éxito, llegas a pensar que lograste todas tus metas, pero sientes que algo te falta o que no tienes nada”, aseveró.
“Pero' no importa aquí voy valiente, levantándome otra vez de nuevo”, concluyó.
Además, cursa computo en el Instituto Nacional de Aprendizaje (INA) y acude a clases de guitarra cada viernes en la academia de música Bansbach, colaboradora con el proyecto Faro.
Esta es la historia que Yi comparte con la de sus compañeros en la lucha por demostrar que en su barrio no todo es malicia.