Jacques Sagot. 4 noviembre
Los compositores Sergei Prokófiev, Dmitri Shostakóvich and Aram Khachaturian en 1945. Foto: Wikimedia Commons.
Los compositores Sergei Prokófiev, Dmitri Shostakóvich and Aram Khachaturian en 1945. Foto: Wikimedia Commons.
La estética de lo grandioso

¡La Sinfonía de Leningrado, la más colosal concepción sinfónica de Shostakóvich, por primera vez ejecutada por la Orquesta Sinfónica Nacional! ¡Cielo santo, pero si estamos hablando de un terremoto musical de magnitud 9.5 en la escala de las conmociones estéticas! ¡Una avalancha de decibeles, sí, pero también un testimonio histórico, y una de las cimas señeras del más grande sinfonista del siglo XX!

Dmitri Shostakóvich compuso 15 sinfonías: es el autor más prolífico en este género después de Joseph Haydn, autor de 104.

La Sétima, en la diáfana tonalidad de Do mayor, Op. 60, no es la mejor de ellas, y no es ciertamente mi favorita, pero nadie puede negar que es la más espectacular, la más grandilocuente, mayestática, épica y cinematográfica de sus concepciones. Es una sinfonía descriptiva o programática, esto es, una obra que “narra” una historia extra musical. De ahí su visualidad, la riqueza y colorido de la imágenes que suscita, y su “vocación” cinematográfica: es en buen medida una hija del realismo socialista soviético, algo que podría haber salido de la mente de un Serguei Einsenstein, y podría fungir como música de El Acorazado Potemkin, más puntualmente, de la batalla entre cosacos y civiles en las gradas de Odessa, cuando la cuna con el bebé rueda escaleras abajo, entre la risotada de hiena de las ametralladoras y el rugido de las bombas.

Por encima de cualquier otra cosa, la Sinfonía de Leningrado es un pedazo sangrante de la historia de la antigua Unión Soviética, una de las más dolorosas al tiempo que estoicas de sus páginas.

Shostakóvich el patriota

Estrenada el 5 de marzo de 1942 en Kuibishev (Samara) bajo la batuta de Samuel Samosoud, la obra generó el delirio y el éxtasis del público estadounidense, cuando el 19 de julio de 1942 el gran Arturo Toscanini la presentó en Nueva York, difundiéndola a todo el país a través de la NBC (National Broadcasting Corporation).

Shostakóvich se las arregló para enviarle a Toscanini la partitura en forma de microfilm, vía Teherán y El Cairo, y la revista Times la hizo figurar en su portada del mes. La obra fue compuesta en pleno sitio de Leningrado, cuando los invasores nazis asediaban la ciudad, enfrentándose a los soldados soviéticos y fineses. Leningrado contaba a la sazón con tres millones de habitantes. Hitler optó por cercarlos y dejarlos morir de hambre y frío.

¿Qué significado tiene? La historia la considera hoy en día como el símbolo mismo de la resistencia ante todos los totalitarismos y dictaduras del mundo.

Fue un descenso al infierno que duró 900 días: de setiembre de 1941 a enero de 1944. La gente se alimentaba de perros, gatos, palomas, ratas, se dieron casos de antropofagia y de trasiego de cadáveres. Un clandestino túnel cavado en el helado lago Lágoda permitió que algunas provisiones aliviaran las insostenibles necesidades de la población. Murieron más de 1.200.000 personas.

Lo más conmovedor de todo, es que en medio de esta situación de pesadilla, la vida cultural de la ciudad no murió: era el soporte moral de la población. Pequeños conciertos de música de cámara, espectáculos de ballet y de teatro mantuvieron viva la llama espiritual de los sitiados. Tal es el inmensurable poder que el arte tiene sobre los seres humanos.

Shostakóvich se desempeñó como asistente musical en un teatro que ofrecía conciertos a las tropas aliadas, como bombero, como conductor de ambulancias, como operador de radio, como enfermero ad hoc… y como compositor.

La Sinfonía fue gestada durante lo peor del sitio, como una enorme explosión de patriotismo, de voluntad de vivir, y de fe inclaudicable en el pueblo ruso. La historia la considera hoy en día como el símbolo mismo de la resistencia ante todos los totalitarismos y dictaduras del mundo.

Dmitri Shostakóvich es un afamado compositor y pianista ruso que vivió entre 1906 y 1975. Foto: Roger Rössing / Deutsche Fotothek en Wikimedia Commons.
Dmitri Shostakóvich es un afamado compositor y pianista ruso que vivió entre 1906 y 1975. Foto: Roger Rössing / Deutsche Fotothek en Wikimedia Commons.
Doble tragedia

En sus Memorias, Shostakóvich dice algo de crucial importancia: “La sinfonía está dedicada a Leningrado, pero no al Leningrado de la guerra, sino al de los años que la precedieron: las purgas stalinianas, el genocidio incuantificable de que mi país fue víctima”. Sin embargo, es evidente que la obra ilustra ambas tragedias: tanto la opresión de Stalin, como la guerra contra la Alemania nazi.

Esto es tan evidente, que en el primer movimiento (Allegretto), Shostakóvich introduce uno de los pasajes más insólitos, más originales e ilustrativos (de nuevo, el espíritu del cine) de la historia de la música. Me refiero al extensísimo, dilatado y muy paulatino crescendo que representa el avance de la armada alemana.

Es más espectacular y mejor graduado que el del Bolero de Ravel, con el cual a menudo lo comparan. Además, lo de Ravel es una apoteosis de la sensualidad, mientras que la música de Shostakóvich representa el avance inexorable de una máquina de la trituración, una especie de ejército de autómatas, de seres subhumanos que todo lo devastan a su paso. Es a un tiempo grotesca, burlista, y aterradora.

La Sétima es la más espectacular, la más grandilocuente, mayestática, épica y cinematográfica de las concepciones de Shostakóvich.

Comienza con el más inmaterial de los pianísimos, y ahí va creciendo, como una máquina de movimiento perpetuo. Los androides se hacen cada vez más grandes, sus pasos suenan más próximos, el redoble de tambor (instrumento bélico por excelencia) no cesa ni por un instante de batir en nuestros tímpanos, las disonancias se acumulan…; es una marcha infernal, una fuerza demoníaca que vemos venir hacia nosotros, y contra la cual no tenemos parapeto.

La música alcanza un máximo de decibeles en medio de esta visión espectral, Shostakóvich inserta maliciosamente un tema de una opereta austríaca de Lehar, para subrayar la faceta cómica y robótica de los invasores. Es el mismo tema que Bartók (otro damnificado de la Segunda Guerra Mundial) introduce en el Intermezzo Interrotto de su Concierto para orquesta.

Realmente, el episodio del avance de la invasión nazi resulta neurotizante, horrorizante, irritante, y por encima de todo monstruoso, monstruoso, monstruoso…; es el ser humano desprovisto de humanidad, convertido en un mero engranaje de la destrucción. Ominosa y amenazadora, esta música es al mismo tiempo risible y grotesca. Al llegar a su clímax, el oyente está aplastado en su butaca, psíquicamente drenado, escurrido, exhausto.

Per aspera ad astra

Empero, en el último movimiento (Allegro non troppo) se hace la luz, la música modula al modo mayor, y la obra termina con la extática felicidad de la liberación, de la libertad reencontrada… ¡Hay en ella tal sentimiento de expansión, de euforia: es un canto a la vida, al gozo de ser, de otear el horizonte y no ver la traza del enemigo!

Bombos, timbales, platillos, bronces…, todos de vuelven locos de felicidad. No es una alegría individual, sino colectiva: Shostakóvich encarna la voz de todo un pueblo.

Y a pesar del indecible sufrimiento que nos inflige, terminamos por bendecir la vida, y decirnos: ¡gracias a Dios que existen los artistas, esas misteriosas criaturas detentoras del secreto alquímico de la transformación del sufrimiento en plenitud y belleza!

Un concierto, dos fechas

La Orquesta Sinfónica Nacional tocará la Sinfonía N.° 7, de Dmitri Shostakóvich, por primera vez en su historia en el concierto de la temporada oficial que dará los días 8 y 10 de noviembre en el Teatro Nacional.

Habrá más de 90 músicos en escena bajo la batuta del búlgaro Rossen Milanov (director invitado).

Las entradas ya están a la venta en la boletería física, en la página web del Teatro Nacional y por medio del teléfono 2010-1110. El precio de los boletos oscila entre ¢6.780 a ¢28.250; además, los estudiantes y adultos mayores tendrán 40% de descuento (solo en la boletería física).