
En un mundo donde las fronteras parecen volverse más rígidas a medida que la movilidad humana aumenta, la artista e investigadora Ingrid Rudelman Wohlstein presenta Rutas clandestinas. Los sin nombre. Este proyecto no es solo un compendio de datos geográficos; es un grito humano que busca rescatar la identidad de aquellos a quienes la historia oficial suele borrar.
La exposición, inaugurada en mayo de 2025 y disponible hasta el 22 de marzo de este año en los Museos del Banco Central, articula una investigación homónima que analiza las rutas de tránsito en África y América.
Desde el Infierno Verde de la selva del Darién hasta el lomo de La Bestia en México, Rudelman documenta trayectos marcados por la “economía del dolor”, donde grupos criminales lucran con la desesperación.Esta geografía del sufrimiento no conoce fronteras continentales; une el lamento de la selva americana con el silencio del desierto africano.

El trabajo otorga especial atención a la crisis migratoria venezolana y al impacto de género. El texto expone la vulnerabilidad extrema de mujeres y niñas, quienes enfrentan la violencia sexual sistemática como un “peaje” invisible en su búsqueda de refugio. Testimonios como los de Elimar o Rachel Rodríguez transforman las frías estadísticas en relatos desgarradores de supervivencia.
A su vez, Rudelman, en su práctica como escultora, utiliza el mármol —material eterno y frío— para dar forma a lo efímero y caótico del desplazamiento. Sus obras abstractas nacen de la morfología de los mapas, trazando un puente simbólico entre hemisferios donde las líneas que representan el cruce de Marruecos a España se entrelazan conceptualmente con el salto de Etiopía a Jazan o el paso por el Darién.

Al dar vida a esta serie de 21 piezas, la autora establece un diálogo profundo entre la materia y la condición humana mediante el uso del mármol blanco y negro. En ellas, se traza un paralelismo crudo entre la naturaleza del mineral y el tránsito migratorio: mientras el mármol es intrínsecamente duro e inamovible —reflejo de las fronteras físicas y la indiferencia burocrática—, las vetas y las formas talladas revelan una vulnerabilidad expuesta.
Sin embargo, es precisamente en esa dureza donde reside la resiliencia; al igual que quien migra, el mármol resiste el paso del tiempo y las inclemencias, transformando los golpes en una belleza imperecedera que se niega a quebrarse.
Al esculpir estas rutas, la autora otorga simbólicamente permanencia y dignidad a quienes han sido forzados a la invisibilidad. La elección del título, Los sin nombre, es una denuncia directa a la deshumanización. El migrante deja de ser un sujeto de derecho para convertirse en un número en un registro o, peor aún, en una cifra olvidada en el fondo del mar, en un desierto o en el espesor de la selva.
La migración no debe entenderse solo como un fenómeno político, sino como un hecho profundamente humano impulsado por el hambre, la violencia y el cambio climático.
Esta investigación y producción artística de Rudelman es una invitación a la introspección social. Frente a la xenofobia y el miedo, Rutas clandestinas propone el arte como puente. Es un recordatorio de que, detrás de cada trazo en un mapa, existe una historia de resiliencia. Ingrid Rudelman Wohlstein nos desafía a dejar de ser espectadores pasivos y a reconocer, en el rostro del extraño, una humanidad compartida.
El último recorrido guiado por la exposición, en los Museos del Banco Central, se celebrará el sábado 21 de marzo, de 3 p. m. a 4 p. m., y debe reservar espacio.