Adriana Collado-Chaves. 29 septiembre, 2018

“para qué el infierno si tenemos la patria”

Martín Aguilar (2003), en Bestiario Nacional

Nicaragua desde el arte

Aparte del plan fiscal, en estos meses no ha habido ningún otro tópico que se acueste y levante con nosotros tantos días, como el asunto nicaragüense.

Se organizan conversatorios, clases y webinars sobre la crisis nicaragüense. Le ponemos cabeza al análisis histórico, estómago a la discusión económica, corazón a las estadísticas e hígado al debate político. Sin embargo, reconocemos que eso de poner el cuerpo entero por Nicaragua es materia en la que los nicas se han especializado. ¿Cómo se sienten los nicaragüenses viviendo en un cuerpo social cuyas manifestaciones ciudadanas han sido reprimidas y criminalizadas?

Hay situaciones que más que entenderlas es necesario sentirlas y, si los expertos en trabajar con el lenguaje de los sentidos, son los artistas ¿Qué nos pueden ellos comunicar sobre Nicaragua que no podríamos conocer de otra forma? La actual muestra que se expone en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo –MADC– ensaya respuestas a esta pregunta.

En la primera sala del museo se exhibe la producción individual de Raúl Quintanilla, como parte de la exposición “No tiene nombre. Unspeakable. Raúl Quintanilla Armijo + Mácula/SBB”. Fotografía: Anthony Robinson para el MADC.
Un artista y muchos más

La exposición No tiene nombre. Unspeakable. Raúl Quintanilla Armijo + Mácula/SBB tiene como leitmotiv la ignominia, en tanto acto de deshonra, acometido con conciencia por alguien con poder contra la dignidad de un individuo o un colectivo. El destacado artista nicaragüense Raúl Quintanilla Armijo es el personaje principal de la muestra, la que además incluye obra de otros artistas nicaragüenses invitados por él.

En consonancia con una personalidad que elude los centros y orbita hacia los márgenes, Quintanilla Armijo muta del rol de protagonista al de narrador testigo. Hace exactamente un año, en su casa en Managua, él me comentó: “Para mí, Costa Rica es importante, de hecho, la exposición me interesa por varias razones ajenas a hacerme visible… A mí me interesa por razones totalmente personales… En el museo hice mi primera exposición personal y esta va a ser mi última. Por otro lado, en Costa Rica conocí a la Adrienne. O sea: todo está ligado. En Costa Rica yo me refugié cuando la guerra y por el Frente Sur iba a entrar yo cuando ya la revolución triunfó, gracias a Dios, sino probablemente hubiera sido una de estas fotos…” (se refería a fotografías de jóvenes que murieron en el Frente Sur).

Sin embargo, fueron motivos prácticos y no simbólicos los que hicieron que Quintanilla Armijo concretara esta muestra apoyándose en un grupo. Históricamente ha sido en colectivo como él y otros artistas han logrado continuar haciendo arte en Nicaragua. Léase: adonde va Raúl, va un montón de gente más. Hay que entenderlo así: la principal obra de Quintanilla Armijo es ser gestor y documentalista de primera línea de la memoria del arte contemporáneo de Nicaragua, además de ser un gran provocador intergeneracional dispuesto a arremeter sin misericordia contra todo y todos.

Esa actitud trasgresora es precisamente la que ha motivado a artistas de distintas generaciones a continuar expresándose, en un país donde pareciera improbable que alguien pueda vivir del arte contemporáneo. Incluso esa decisión de no esperar nada de nadie, como forma de resistir a la adversidad del contexto, probablemente se ha convertido en una marca o “mácula” que distingue su accionar.

La exposición del MADC presenta una narrativa sobre Quintanilla Armijo dividida en cuatro partes: en Sala 1 se aprecia su producción en solitario, con una arqueología de las relaciones entre Nicaragua y Costa Rica. En Sala 2 cobra vida una instalación construida junto a la Somoto Blues Band –SBB–, dedicada a los mártires del Frente Sur y a los muertos de este año. En Sala 3 se muestra su aporte como intelectual, crítico, editor de revistas y archivista del acontecer del arte en Nicaragua. En sala 4 queda patente su labor como promotor, con la participación de ocho artistas nicaragüenses que participan en Mácula: una zona y colectivo cultural autogestionario con sede en Managua.

La Sala 2 del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo muestra una obra dedicada a los mártires del Frente Sur y a los muertos de este año. Fotografía: Anthony Robinson para el MADC.
Mostrando lo innombrable

Una constante de la muestra es “hacer catarsis” a partir de las infamias vividas de forma colectiva: por nicas, por ticos, y por todo lo que sale del cruce de ambos pueblos. ¡Y si nos habremos cruzado! De allá para acá han cruzado las caricias hechas poema de Carlos Martínez Rivas para Eunice Odio y también han venido golpes bajos escenificados en rituales protocolarios, como cuando el comandante Daniel Ortega le entregó al presidente Rodrigo Carazo los supuestos restos mortales de los héroes de 1856 (más tarde se descubrió eran huesos de animales). Y de acá para allá lo mismo: desde la grandeza de las tropas costarricenses que lucharon junto a nicaragüenses y aliados centroamericanos contra William Walker y los filibusteros, hasta el innoble suceso de la muerte de Natividad Canda, asesinado por perros.

Uno de los legados más importantes de esta muestra, corresponde a la publicación de una edición antológica de las revistas donde Quintanilla Armijo participó en calidad de diseñador, escritor y editor, a saber: La Pluma del Cuervo (1986-1989), Idi@yPuej (1987-1989), Artefacto (1992-2002), estrago (2003-2010), Malagana (2013 al presente), y Z (2017 al presente). En conjunto, ellas brindan una mirada panorámica a lo que han sido las prácticas artísticas contemporáneas en Nicaragua durante las últimas tres décadas.

Una vista de la Sala 4, que incluye obras de ocho artistas nicaragüenses. Fotografía: Anthony Robinson para el MADC.

La exposición concluye en Sala 4, con un coro visual que presenta una especie de Réquiem por Nicaragua. A pesar de que se respira mucha muerte y decepción, en ese cierre está el germen de la esperanza: lo que comenzó con Raúl Quintanilla Armijo termina con Aida Castil, Milena García y Federico Alvarado; o sea, con una potente triada que deja claro que las nuevas generaciones de artistas contemporáneos nicaragüenses están exorcizando la deshonra a punta de iconografía, y en ese ejercicio de libertad de expresión no están dispuestos a renunciar ni a la patria ni a la vida.