
¿Cuál es su visión del futuro? En una posible versión, la tecnología y el conocimiento impulsan la prosperidad de una mayoría de personas, ahora que todo es más accesible que nunca antes. En la otra, que según Naomi Klein y Astra Taylor, algunas de las personas más poderosas del mundo se preparan para dejar atrás a las grandes mayorías.
Tal es el punto de partida de End Times Fascism and the Fight for the Living World, el nuevo libro de la periodista y ensayista canadiense, escrito junto con la autora, cineasta y activista Astra Taylor. Será publicado el 15 de setiembre de 2026 en inglés, con pronta traducción al español (Paidós lo publicará a inicios de 2027).
En esta publicación, la autora de combativos libros como No Logo (1999) y La doctrina del shock (2007) examina el vínculo entre fundamentalismo religioso, nacionalismo, poder tecnológico y la idea, propagada por múltiples plataformas, de prepararse para sobrevivir al colapso en lugar de evitarlo.
Klein y Taylor utilizan el término “fascismo de los últimos tiempos” para describir lo que consideran una nueva corriente de la extrema derecha. Su argumento conecta tres mundos que, a primera vista, podrían parecer demasiado distantes entre sí: los fundamentalismos religiosos, los multimillonarios de la tecnología y los nacionalismos étnicos.
Según las autoras, los une una convicción: que se aproxima una catástrofe —climática, económica, política o social— y que la respuesta no consiste necesariamente en impedirla, sino en prepararse para sobrevivir a ella. Que la crisis está aquí queda claro, al menos en lo ambiental, de manera irrebatible, considerando el catastrófico verano que vivió el hemisferio norte y el fenómeno de El Niño que se avecina.
Pero las conexiones con los demás sucesos políticos requiere desgranarse. En palabras de Klein, quien discutió su libro en el pódcast The Daily de The New York Times, el libro pretende ser una advertencia y no un retrato de personajes marginales.

“Estamos citando, en sus propias palabras, a las personas más ricas de la historia del mundo, al presidente de Estados Unidos, al primer ministro de Israel”, sostiene la autora. También advierte que ideas que alguna vez estuvieron en los márgenes han llegado al centro del poder.
Su punto, agrega Klein, es que las creencias apocalípticas pueden parecer excéntricas desde fuera, pero dejan de ser marginales cuando quienes las sostienen ocupan posiciones de enorme influencia.
“Estos grupos son diferentes. Hay contradicciones, son desordenados y no del todo coherentes, pero están respondiendo a la sensación de que el mundo es cada vez más complejo y peligroso (y lo es), y responden replegándose y tratando de defender a su propio grupo. Y han formado esta alianza muy peligrosa”, dijo Taylor en el mismo programa.

Del apocalipsis religioso al búnker tecnológico
El libro comienza, según la reseña de The Guardian, con una escena ocurrida en Davos en 2026. Dos hombres describen ante una audiencia un futuro parecido a una ciudad paradisíaca: protegida, cerrada, sin necesidad de armas y habitada por personas ricas.
Los hombres eran Jared Kushner y Steve Witkoff. El proyecto al que se referían era “New Gaza”. La escena sirve a Klein y Taylor para introducir una de las preguntas centrales del libro: qué ocurre cuando las personas con mayor capacidad económica y política empiezan a imaginar el futuro como un espacio que puede ser privatizado y protegido para unos pocos.
El planteamiento también prolonga algunas de las preocupaciones que Klein ha desarrollado durante décadas. En La doctrina del shock (2007), la autora estudió cómo las crisis y los desastres podían convertirse en oportunidades para imponer determinadas agendas políticas y económicas.
Lo de ahora no se trata solo de aprovechar una catástrofe después de que ocurre, sino de una cultura política y económica que asume el desastre como inevitable, ineludible (y si es la vertiente religiosa, hasta deseable).
Para ello, simplemente se disponen a construir búnkeres, como han anunciado Elon Musk, Peter Thiel y figuras similares, cercanas al círculo de influencia del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
“Estas son tendencias que he seguido durante mucho tiempo”, explicó Klein a The Guardian. “El enclave privatizado que nace del impacto de una crisis o un desastre lo vi cuando estaba cubriendo Irak. Está la imagen de la Zona Verde, esa Ciudad Esmeralda administrada por Estados Unidos en medio de Bagdad, construida por Halliburton y todos esos contratistas privados, con capacidad para nombrar a un virrey”, explica.

“En las últimas partes de La doctrina del shock [2007], hablo de cómo esos contratistas migraron [de Irak] al huracán Katrina y de la idea de que estos desastres climáticos son su próxima frontera de crecimiento. Los periodistas empezaron a llamar a Nueva Orleans ‘Bagdad en el bayou’. Aquí está toda la pandilla: Halliburton, Bechtel, Blackwater”, dice, refiriéndose a las grandes empresas de energía y defensa.
Uno de los conceptos centrales del libro es el de “supremacist survivalism”, que podría traducirse como “supervivencialismo supremacista”. En el adelanto del libro, Klein explica que se refiere a actores que contribuyen a hacer inhabitable el mundo y después buscan protegerse de sus consecuencias: desde refugios de lujo y enclaves privados hasta proyectos para abandonar la Tierra.
La lista de fenómenos que las autoras colocan dentro de este diagnóstico es amplia. El libro examina el fundamentalismo cristiano y el sionismo cristiano en Estados Unidos, los movimientos nacionalistas, la política antiinmigrante y el papel de los multimillonarios tecnológicos.
El argumento de Klein y Taylor no es que todos estos actores compartan exactamente las mismas creencias. Más bien, buscan las conexiones entre diferentes formas de imaginar una sociedad futura en la que la desigualdad extrema, la segregación y la supervivencia de determinados grupos dejan de ser problemas que deban evitarse y pasan a formar parte del proyecto ideológico y político que impulsan.
Pero, ¿no ha sido siempre igual? La clase alta se repliega sobre sí misma, mientras los demás buscamos cómo sobrevivir...
Klein rechaza la idea de que la situación actual sea simplemente una repetición de fenómenos conocidos. En conversación con The Guardian, utiliza la imagen de una espiral. Volvemos sobre ciertos patrones históricos, explica, pero no regresamos exactamente al mismo lugar. Si la espiral apunta hacia abajo, sostiene, adquiere más velocidad, fuerza, calor y violencia.

De este modo, End Times Fascism no busca presentar el presente como una copia del fascismo del siglo XX, como explican Klein y Taylor. Su sugerencia es identificar qué elementos nuevos están modificando las viejas formas de autoritarismo: la concentración inédita de riqueza, el poder de las plataformas tecnológicas, la inteligencia artificial, las crisis climáticas y la circulación masiva de desinformación.
Las autoras plantean que quienes abrazan estas visiones apocalípticas tienen una debilidad: no nos ofrecen una idea convincente de futuro compartido.
Por eso, la segunda parte del título indica otra vía: and the Fight for the Living World, “y la lucha por el mundo vivo”. La propuesta de Klein y Taylor es oponer a la política del colapso una defensa de la vida en común, de la democracia y del planeta.
