Doriam Díaz. 29 junio
Pérez-Ratton dirigió el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica entre 1994 y 1998. Aquí, una imagen en su oficina entonces. Foto: Archivo digital del Lado V Centro de Estudio y Documentación de TEOR/éTica.
Pérez-Ratton dirigió el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo de Costa Rica entre 1994 y 1998. Aquí, una imagen en su oficina entonces. Foto: Archivo digital del Lado V Centro de Estudio y Documentación de TEOR/éTica.

Virginia Pérez-Ratton (1950-2010) fue una mujer superpoderosa, adelantada a su época. En tiempos en que Centroamérica no existía para el arte latinoamericano –o, si acaso, aparecía deformada–, ella consiguió visibilizar a nuestros artistas, sus obras y discursos, cuestionar las maneras en las que se leía el trabajo artístico del istmo y del Caribe, y valorizar el pensamiento que se producía desde nuestro países. Y esa transformación la promovió ella, directora del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (MADC) de Costa Rica entre 1994 y 1998 y fundadora del espacio artístico TEOR/éTica en 1999, desde su labor como artista, curadora, gestora cultural y cómplice.

Reconocida con el Premio Magón 2009 –el más importante con que Costa Rica honra a una vida dedicada a la cultura–, ella dejó un vasto legado que ahora examina, de forma exhaustiva, una exposición en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC-UNAM) de México, que se inauguró este sábado 29 de junio y estará abierta hasta el 5 de enero del 2020.

La exhibición Virginia Pérez-Ratton. Centroamérica: deseo de lugar revisa los aportes de esta mujer a través de sus obras, sus proyectos curatoriales (tanto en instituciones como de forma independiente), sus ensayos y textos, así como fotografías, muchos documentos y las creaciones de aquellos artistas y personajes con los cuales ella tejió redes e intercambios solidarios. Este proyecto entre TEOR/éTica y el MUAC, luego de tres años de trabajo, es considerado la más extensa presentación de arte contemporáneo del istmo en México.

Es una mirada más abarcadora al quehacer de Pérez-Ratton, que va mucho más allá de su trabajo artístico y retrata a esta pionera que concibió el arte como un servicio público, cuestionó las reglas de juego del intercambio artístico internacional a partir de la década de los años 90, supo tejer redes de trabajo, planteó sus inquietudes feministas y demostró las posibilidades de los artistas de la región para narrar historias globales, explicaron los curadores Miguel A. López y María P. Malavasi Lachner (codirectores de TEOR/éTica).

La protagonista de la exposición, quien estudió literatura francesa en la Universidad de Costa Rica y gráfica en la Escuela de Artes Decorativas de París y en la Escuela Municipal de Artes de Estrasburgo –ambas en Francia–, hizo de su pasión por el arte un ejercicio de activismo. Fue superpoderosa también porque demostró una tenacidad a toda prueba.

“El título de la exposición, Virginia Pérez-Ratton. Centroamérica: deseo de lugar, alude directamente al empeño y la pasión que avivaron su vida y trayectoria: hacer visible la región más allá de sus fronteras, desde una perspectiva local y no únicamente desde proyecciones externas. En los años noventa y en un contexto de posguerra, esa fue una necesidad colectiva: dar lugar a Centroamérica como espacio de creación y antagonismo crítico, fortalecido por el compromiso de numerosos colegas y agentes”, detallan los curadores en el texto del libro de la exposición.

Y agregan: “El título sugiere también —al invertir sus términos— a una Centroamérica como lugar de deseo; es decir, un escenario que ha sido constantemente exotizado, pero que aquí se reclama desde un pensamiento situado, como una geografía que aspira a difundir contagiosamente interpretaciones heterogéneas de un tiempo común”.

La instalación Hoja de vida, que Pérez-Ratton hizo en 1995, es parte de la exposición en México. Foto: Daniela Morales Lisac/TEOR/éTica.
La instalación Hoja de vida, que Pérez-Ratton hizo en 1995, es parte de la exposición en México. Foto: Daniela Morales Lisac/TEOR/éTica.
Cambiar la mirada

En 1989, Virginia Pérez-Ratton comenzó a exponer su trabajo artístico en la Galerie Ici et Maintenant, en Estrasburgo (Francia). Por supuesto, lo que mostró fueron sus grabados. Luego, sus preocupaciones e investigaciones la hicieron interesarse en la instalación, la escultura, el ensamblaje y los objetos encontrados.

Fue significativa la exposición De hábitos que sí hacen monjes, que realizó en la Galería Enrique Echandi en 1995, en la que se exhibe Hoja de vida. Es una instalación en que su ropa, cubierta de yeso, habla acerca de su paso por este mundo y de la memoria con un lenguaje formal muy logrado; de hecho, esta pieza fue restaurada y se expone en el MUAC en México.

También se muestran grabados, collages y ensamblajes en que la artista explora lo doméstico, el cuerpo, la intimidad y el paisaje. Con esto, además, se le hace justicia a su labor artística que fue eclipsada por sus éxitos en otras facetas.

“Su trabajo reflejó preocupaciones que la atravesaban como mujer y como ciudadana de un país, Costa Rica, que desde su estabilidad democrática veía con relativa distancia las guerras y los conflictos que atravesaban toda Centroamérica. Pérez-Ratton exploraba de manera poética la autobiografía con materiales encontrados en su cotidianidad; con esto, logró consolidar, entre fines de los años ochenta e inicios de los noventa, una obra profundamente actual que abordaba historia política, paisaje, género y la memoria asociada con la vida doméstica”, manifiestan los curadores.

La muestra es coproducida entre el Museo Universitario de Arte Contemporáneo y TEOR/éTica. Foto: Daniela Morales Lisac/TEOR/eTica.
La muestra es coproducida entre el Museo Universitario de Arte Contemporáneo y TEOR/éTica. Foto: Daniela Morales Lisac/TEOR/eTica.

Sus primeros ejercicios de curaduría estuvieron conectados con su propia obra, apunta María Paola Malavasi. Fue un movimiento natural, como lo anotan los curadores de la exposición: “Dimensionar el trabajo de Pérez-Ratton como artista y el respeto hacia lo que los creadores tenían para decir permite entender mejor su paulatino desplazamiento de las artes visuales a la curaduría y la gestión. Antes de proponerse ser “curadora”, Pérez-Ratton entendió su práctica como una manera orgánica de responder a las necesidades del contexto, buscando que se valorara de manera pública el trabajo de la comunidad de la cual formaba parte”.

Esta época de los años 90 es trascendental porque es cuando ella acepta dirigir, en 1994, el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, primera institución de este tipo en Centroamérica, que, además, se llega a convertir en un faro para el arte de la región. Aquel era un buen año para Pérez-Ratton como artista porque obtuvo el primer premio de la Sala Abierta de la I Bienal de Escultura Cervecería Costa Rica, con la instalación De vidrio la cabecera. Asumió el riesgo y el precio con su propia obra. ¿Por qué? Le interesaba estar donde podía generar cambios.

Como curadora, no fue clásica, sino “multifocal”, como la describió Rocío Fernández, periodista y actual directora del Museo Nacional, en un artículo publicado en Áncora en el 2010. “Como un gran río que se alimenta de múltiples cauces –la literatura, el cine, la sociología, el psicoanálisis, la música, la danza, la filosofía, la estética, la economía, la historia–, observa y estimula la reflexión desde diferentes plataformas: exhibiciones individuales y colectivas, bienales, convivios críticos, ensayos y artículos”, amplió.

Fue desde ese museo, con apoyo de otros curadores, intelectuales y artistas, que Virginia se empeñó en que Centroamérica probara su valioso aporte para el arte contemporáneo; “Virginia se subió al tren de la historia para demostrar al mundo que Centroamérica se escribía con mayúscula”, dijo Fernández en el 2010 y sigue teniendo razón.

En las revisiones del arte de las Américas que fueron las tres exposiciones MESóTICA, los curadores destacan, especialmente, MESóTICA II. Centroamérica: re-generación (1996), ya que fue “una declaración de intenciones sobre cómo repensar los límites geopolíticos y culturales de Centroamérica, cómo volver a imaginar los modos de pertenencia a un determinado territorio y trazar una nueva cartografía de producción artística en la región”.

"Virginia Pérez-Ratton. Centroamérica: Deseo de lugar" se exhibe del 29 junio del 2019 a enero del 2020. Foto Daniela Morales Lisac/TEOR/éTica.
Escena independiente

Luego de su salida del MADC y convencida de que la región debía incidir en los discursos artísticos, Virginia Pérez-Ratton funda TEOR/éTica en 1999 como un espacio independiente para el arte y la reflexión en el capitalino barrio Amón (300 metros al norte del parque Morazán). Allí se genera pensamiento, se investiga, se cuestiona, se ofrecen exposiciones, charlas y discusiones, se plantean nuevas preguntas, se hacen publicaciones y se sigue impulsando el arte de Centroamérica y el Caribe. TEOR/ética llega a su vigésimo aniversario, afirman los codirectores, con el convencimiento de que “la imaginación y la creatividad estéticas son capaces de interpelar el presente”.

En el trabajo desde esta plataforma, Estrecho Dudoso (2006) resulta otra exposición icónica. Siempre con la inquietud de Pérez-Ratton acerca de la representación y con la idea de “visibilización hacia fuera y valoración hacia adentro, a partir de un trabajo colectivo”.

La muestra en México subraya el hecho de que Virginia tejió amplias redes de afecto, reflexión y trabajo en su camino para lograr transformar las narrativas del arte. Son muchas las gentes y sus contribuciones, algunos de ellos son los curadores Paulo Herkenhoff, Rosina Cazali, Gerardo Mosquera y Rolando Castellón y los artistas Priscilla Monge (Costa Rica), Patricia Belli (Nicaragua), Moisés Barrios (Guatemala), Raúl Quintanilla Armijo (Nicaragua), Donna Conlon (Panamá), Regina Galindo (Guatemala) y Federico Herrero (Costa Rica).

En 1991, Virginia Pérez-Ratton en su taller Atelier La Tebaida. Foto: Alexandra Pérez.
En 1991, Virginia Pérez-Ratton en su taller Atelier La Tebaida. Foto: Alexandra Pérez.

López y Malavasi quieren mostrar la complejidad y trascendencia de labores como la curaduría, la gestión y el ejercicio crítico, lo cual se alinea con el programa del MUAC para rescatar la labor de curadores destacados. También es parte del proyecto de TEOR/éTica de rescatar a aquellas mujeres que han transformado el arte de Centroamérica.

Se espera que esta gran exposición sobre Virginia Pérez-Ratton y el arte centroamericano sea una puerta que quede abierta para seguir presentando en México el arte de esta región. Además, se trata de un diálogo entre México y el arte centroamericano en tiempo de migraciones e intercambios políticos en la zona.