Áncora

‘Los Cinco’ monstruos de la música rusa

Cinco grandes compositores se ponen de acuerdo para asignarle a Rusia un lugar de preeminencia en el concierto mundial.

Nicolai Rimsky-Korsakov
Nicolai Rimsky-Korsakov
Desgarrador retrato de Músorgski hecho por Ilja Repin pocos días antes de su muerte.

Durante trescientos años la gran música “oficial” había sido únicamente cultivada en los cosmopolitas centros artísticos de Alemania, Austria, Francia, Italia, y en mucha menor medida, Inglaterra. Pero durante la segunda mitad del siglo XIX un fenómeno de las más felices consecuencias viene a cambiar el mapa musical de Europa. Países como Polonia, Hungría, España, Finlandia, la República Checa (llamada a la sazón Bohemia) y, sobre todo, Rusia, comienzan a descubrir su identidad cultural. No negaron a Occidente, antes bien, aprovecharon todo lo que de su riquísima tradición podían aprender, y lo incorporaron a una música de espíritu nacionalista, donde el folclor pasó a jugar un importantísimo papel.

Musicalmente, Rusia se había mantenido por completo marginada de las grandes corrientes de la música occidental. Desafiamos a nuestros lectores a que nos puedan mencionar el nombre de un solo compositor ruso, por modesto que sea, anterior a Glinka (1804-1957). Si excluimos los cantos de la Iglesia Ortodoxa rusa y el folclor, Rusia era, musicalmente hablando, un erial. Mijaíl Glinka emerge como padre y pionero de la que luego sería una de las más poderosas tradiciones musicales que el mundo ha conocido y, por lo que al siglo XX atañe, la primera potencia musical (Stravinsky, Scriabin, Prokofiev, Shostakovich, Rajmáninov, Schnittke, Jachaturián, Kabalevski).

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