Guillermo E. Alvarado, Ángel Solís y Bert Kohlmann. 10 agosto
Entre el 2015 y el 2016, el Museo Nacional de Costa Rica tuvo la exposición “Megafauna- fósiles de Costa Rica”. Allí se exhibió esta imagen acerca de la megafauna en su ambiente durante el Pleistoceno, en la que se observan (de izquierda a derecha) el gliptodonte, milodonte, toxodonte, mastodonte, perezoso gigante y un armadillo. La ilustración es de Franklin Rodríguez Poveda.
Entre el 2015 y el 2016, el Museo Nacional de Costa Rica tuvo la exposición “Megafauna- fósiles de Costa Rica”. Allí se exhibió esta imagen acerca de la megafauna en su ambiente durante el Pleistoceno, en la que se observan (de izquierda a derecha) el gliptodonte, milodonte, toxodonte, mastodonte, perezoso gigante y un armadillo. La ilustración es de Franklin Rodríguez Poveda.

En la Tierra han ocurrido profundos cambios climáticos, que incluyen varios períodos glaciares desde hace al menos 2250 millones de años. Las causas para esos rápidos y prolongados declives de la temperatura fueron un profuso vulcanismo con gran cantidad de gases y cenizas, cambios en la órbita e inclinación de la Tierra o la variante actividad del Sol, además de la coincidencia de estos procesos.

Nuestro planeta incluso se ha visto envuelto de hielo casi hasta el ecuador, teoría conocida como “Tierra bola de nieve”. Esto debió de ocurrir varias veces, pero los casos más estudiados se registraron entre los 726 y 635 millones de años atrás. Más recientemente, desde hace 2,75 millones de años, se comenzaron a producir con frecuencia pequeños vaivenes en el desplazamiento norte-sur de los mantos de hielo polares, que avanzaron y se retiraron varias veces. Estas glaciaciones y sus períodos intermedios, llamados interglaciares (en uno de los cuales vivimos), produjeron profundos cambios en la geografía mundial y en las corrientes marinas, con importantes efectos sobre la flora y la fauna de cada época.

Cabe preguntarse, ¿qué aspecto ofrecía la salvaje Costa Rica mientras aún moraban los mastodontes? Se trata de uno de los rostros más desconocidos de nuestro pasado, lo cual trataremos de explorar en esta ocasión.

El pasado paisaje glacial

La tectónica de placas dejó un importante legado al solidificarse las bolsas de magma, posteriormente levantadas por las fuerzas tectónicas, donde la erosión talló el duro granito y basalto de la cordillera de Talamanca. En Costa Rica, los hielos y las nieves cubrieron, durante la última era glaciar, una superficie de unos 49 km2. Hoy la ciencia nos dice que en el Chirripó existieron lenguas glaciares (flujos lentos de hielo y nieve) de hasta 150 m de grosor, que bajaron hasta los 3140 m, puliendo, arañando y modelando el paisaje rocoso.

Este paisaje blanco se veía interrumpido por islas de cumbres rocosas, las mismas cumbres desnudas y místicas que hoy día nos atraen como un imán hacia esa obra maestra, el Chirripó. Otros cerros que estuvieron cubiertos de hielo y nieve, pero no de verdaderos glaciares, fueron el de la Muerte, el Kámuk y los volcanes Irazú y Turrialba, entre otros picos menos reconocidos.

Mientras que el páramo descendió hasta los 2300 m cubriendo una extensión de aproximada 362 km2, el aire gélido y seco debió de descender de estos parajes generando efectos en las tierras circundantes más bajas, donde solo hierbas y plantas pequeñas podrían prosperar.

Los fósiles nos aportan las pistas fundamentales de las ancestrales y enigmáticas fauna y flora del pasado costarricense. Si nos retrotraemos en el tiempo al auge de la última gran glaciación hace 24.000 años, veríamos deambular diversos titanes prehistóricos, entre ellos el mastodonte andino, el perezoso gigante (megaterio), los caballos, los armadillos gigantes (gliptodontes), los milodontes y los toxodontes (con cuerpo parecido a un rinoceronte), entre otros.

Dicha megafauna (animales de más de 44 kg) era mucho más corpulenta, alta y variada que la que actualmente existe, representada tan solo por la danta, los venados, el jaguar y el puma. El mamut columbiano (pariente del mamut lanudo) fue el mayor mamífero terrestre que llegó a habitar la Costa Rica prehistórica y, al igual que pequeños caballos con los cuales convivían, deambulaban en zonas de pasto, lo que parece indicar junto con algunos fósiles de plantas, que en efecto existió un singular entorno de sabanas naturales.

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24.000 años de diferencia

Este es el mapa de lo que hoy conocemos como Costa Rica hace 24.000 años, un territorio más grande y diferente, comparado con el actual (trazo rojo)

Nuestra geografía durante las últimas dos glaciaciones

Con billones de litros de agua convertidos en hielo en el mundo, el nivel del mar descendió unos 120 m durante lo más álgido de las últimas glaciaciones, lo cual dejó expuesta gran parte de la plataforma continental (hoy día sumergida).

El descenso del mar, aunado a las fuerzas telúricas lentas pero inexorables, dejaron al golfo Dulce casi como un gran lago hace 120.000 años.

Durante el último máximo glaciar hace 24.000 años, el territorio de Costa Rica aumentó su área en un 24 % (63.530 km2), momento en el cual el golfo Dulce ya estaba plenamente conectado al mar. Los ecosistemas de las montañas descendieron, al tiempo que en las zonas litorales se desarrollaron grandes extensiones de pastos, bosques y manglares, por lo que grandes manadas vagaran por estas llanuras de antaño.

Sin embargo, hace 12.000 años, los cambios que produjeron las glaciaciones se comenzaron a invertir. Con el paulatino advenimiento de un clima más cálido, aquellos mantos de hielo en el norte del mundo y en nuestras propias cumbres, comenzaron a fundirse. La fusión parcial permitió que el nivel del mar subiera de nuevo dando la configuración geográfica actual (51.100 km2).

Los volcanes y picos de montañas, que estuvieron biológicamente conectados, quedaron como islas biogeográficas al volverse el clima más cálido, favoreciendo el aislamiento y la aparición de especies endémicas.

Los primeros costarricenses

El estrecho de Bering fue un puente que atravesaron los humanos hace 23.000 años para ingresar a una pequeña porción de Norteamérica; permanecieron estacionados allí por 8.000 años.

Hace 14.600 años, las condiciones permitieron que ocurriera una última gran migración humana hacia el sur, colonizando todo el continente americano; se estima que en unos 1.000 años llegaron hasta Tierra del Fuego.

En diversas partes del país, se han hallado puntas de lanza que datan de dicha migración. Interesante resulta que mucha de la megafauna sobrevivió a varios ciclos de notables cambios climáticos (glaciaciones e interglaciares). No obstante, en coincidencia con el arribo y expansión de los seres humanos en América, se dio una extinción masiva al fin del período geológico llamado Pleistoceno, hace unos 11.700 años. Nuestra especie es la principal sospechosa, hecho que congruente y cronológicamente se repite en cada continente que ha sido conquistado por el ser humano.

¿Cuáles serán los siguientes capítulos en la historia climática?

El hielo, al ser parte de un ciclo natural debería regresar y el Chirripó volvería a ser la cumbre nevada que otrora le caracterizó. No se sabe todavía cuándo ocurrirá.

Actualmente, la actividad industrial y ganadera ha liberado aceleradamente el dióxido de carbono y el metano, el primero capturado naturalmente desde muchos millones de años por los hidrocarburos, favoreciendo el calentamiento global.

De continuar, la fusión de los hielos de los polos producirá un incremento en el nivel del mar en Costa Rica de entre 28 y 120 cm para el año 2100. A ello se le debe agregar la acidificación de los océanos y las consecuencias negativas para nuestra biodiversidad, las fuentes alimenticias y el clima. Esto mortifica a los científicos y a la sociedad en general; la solución está en nosotros.

*Acerca de los autores: Guillermo Alvarado es geólogo, miembro de la Academia Nacional de Ciencias y de la Academia de Geografía e Historia. Ángel Solís y Bert Kohlmann son biólogos, funcionarios del Museo Nacional y de la Universidad Earth, respectivamente.