Andrés Fernández. 29 septiembre, 2018
El Gran Hotel Francés de Monsieur Vigny, en avenida Central, a media cuadra de las calles 4 y 6, hacia 1892. Fotografía: Henry Morgan.
El Gran Hotel Francés de Monsieur Vigny, en avenida Central, a media cuadra de las calles 4 y 6, hacia 1892. Fotografía: Henry Morgan.

El 22 de julio de 1927, al ser la una de la madrugada, un resplandor rojizo y la sirena del diario La Tribuna, advirtieron a la población josefina que algo grave sucedía en la ciudad.

Minutos después, las carreras de los vecinos cercanos al Hotel Francés y la velocidad con la que el camión de bomberos atravesó las céntricas calles, evidenciaron que había un terrible incendio en aquel edificio.

Al parecer, el siniestro –que consumió por entero el inmueble y dejó al menos tres muertos– se había iniciado en una joyería ubicada en el primer piso. Después de un engorroso proceso judicial, en el que se sospechaba de mano criminal, el hotel fue indemnizado por la suma de ¢359.000, por la que estaba asegurado.

El Hotel de France

En 1872, el francés Joseph de Vigny había fundado el Hotel de France en plena avenida central, entre las calles 4 y 6. Con un edificio diseñado para tal fin y una vista privilegiada hacia la plazuela de la iglesia de la Merced, aquel fue, según los periódicos de la época, el más prestigioso alojamiento capitalino en el último cuarto del siglo XIX.

Con su arquitectura de aires victorianos, el frente del edificio se abría hacia el este, donde los cuerpos laterales en vertical se adelantaban, a modo de torretas, coronados por cubiertas de cuatro aguas; mientras el cuerpo central se extendía atrás, para dejar libre una galería inferior y un amplio balcón superior.

Al restaurante, una de las fortalezas del negocio y siempre atendido por un maître europeo, podía entrarse por la acristalada y amplia puerta de la avenida Central. No obstante, todo indica que con el fallecimiento de monsieur Vigny –como era conocido– en 1900, el hotel permaneció cerrado por dos años.

Por esa razón, la reapertura, en 1902, estuvo a cargo de su nuevo propietario Nicómedes Serrano; mas con la edificación “convenientemente reformada, amueblada y la cocina a cargo de un conocido chef” (La República, 30 de marzo de 1902). Al parecer, el hotel estuvo en manos de Serrano por cerca de una década; toda una excepción para una época en que esos locales josefinos se encontraban casi siempre en las de franceses e italianos, y solo a veces en las de españoles.

Mientras tanto, a mediados de 1908, había llegado a San José, Henry Corcelle Bacquet. Hijo de Ernest Corcelle y Lucía Bacquet, había nacido en Francia el 31 de enero de 1879; terminados sus estudios decidió trasladarse a Suramérica, permaneciendo varios años en Paraguay. Dedicado siempre al negocio de la hotelería, en compañía de su esposa Margarite Durand y su hija Georgette, aquí vino a hacerse cargo del Hotel San José.

El Gran Hotel Francés, al costado noroeste del parque Central, hacia 1920. Fotografía de Manuel Gómez Miralles.
El Gran Hotel Francés, al costado noroeste del parque Central, hacia 1920. Fotografía de Manuel Gómez Miralles.
Al parque Central

Reconocido emprendedor, en 1912, Corcelle adquirió el viejo negocio, aunque, entonces, con el nombre de Gran Hotel Francés; con el uso de ese adjetivo en el nombre tomaba distancia del anexo del Hotel Imperial, que se hacía llamar también Hotel Francés, y estaba a solo 125 varas al este del suyo, sobre avenida Central.

No obstante, el Gran Hotel Francés permanecería en el mismo sitio en que naciera, poco menos de dos años, pues, en 1914, Corcelle decidió trasladarlo a un sitio aún más céntrico y, sin duda, más cómodo y espacioso.

Se trataba del sobrio edificio esquinero ubicado frente a la esquina noroeste del parque Central, donde se cruzan la avenida 2 y la calle 2; sus dos plantas ocupaban 25 varas sobre la primera vía y 50 sobre la segunda, mientras que sus esbeltas fachadas eran ritmadas por puertas y ventanas de arco de medio punto, articuladas por una ochava en la esquina, antes de ser rematadas por un angosto alero.

Se había construido en mampostería de ladrillo, hacia 1885, por encargo del acaudalado comerciante de importación y exportación Teodosio Castro Angarita, que tenía en la planta baja su establecimiento y arriba su casa de habitación. Aunque los sismos de 1888 no afectaron la construcción, el señor Castro trasladó su residencia a otra parte, y la segunda planta se destinó a locales comerciales.

Fue ahí donde, después de adaptar el inmueble con fines de hospedaje, el 15 de setiembre de 1914 se inauguró de nuevo el hotel, “único en el país que cuenta con habitaciones provistas de baño y lavabo de agua caliente” como se promocionaba (La Información, 8 de enero de 1915).

En enero de 1916, Corcelle convirtió el salón restaurante del hotel en un cabaret de lujo, lugar en el que se realizaron “rumbosas y grandes fiestas sociales y diplomáticas” de la época.

Un año después, empezaron a llegar a San José los primeros turistas estadounidenses a pasar aquí sus vacaciones de invierno, un fenómeno que se incrementaría en los años sucesivos. No debe descartarse que fuera entonces, cuando Corcelle empezara a pensar en construir de su peculio, el primer hotel diseñado y construido con el fin de enfrentar aquel nuevo reto.

El Gran Hotel Francés, en su última ubicación, al costado norte de la plaza Juan Mora Fernández, alrededor del año 1925. Imagen de una tarjeta postal de la época. Andrés Fernández para LN.
El Gran Hotel Francés, en su última ubicación, al costado norte de la plaza Juan Mora Fernández, alrededor del año 1925. Imagen de una tarjeta postal de la época. Andrés Fernández para LN.
Tercer asiento

Así, a principios de enero de 1923, se hizo público que los hermanos Lindo le habían vendido al empresario hotelero, por ¢170.000, el terreno de un cuarto de manzana ubicado en la esquina suroeste del cruce de avenida Central y calle 3. Allí, se anunció, se construiría “un hermosísimo edificio de tres pisos, conforme a los últimos estilos de construcción americana” (La Nueva Prensa, 19 de enero de 1923).

Meses después, a cambio de “dos apartamentos de los mejores del hotel, para alojar huéspedes de la nación, y de servir en su hotel café de la mejor calidad que se produzca en el país, como un medio de propaganda del mismo”, el Gobierno libraba de varias cargas impositivas al empresario (Diario del Comercio, 7 de setiembre de 1923).

Aunque hoy se ignora quién lo diseñó, el edificio fue construido en estructura de madera, malla expandida y repellos de concreto –técnica aquí llamada bahareque francés–. Era de planta cuadrada y tres pisos, más un cuarto nivel de ático en el techo a la mansarda, iluminado por buhardillas, único detalle arquitectónico destacado en su sencillo y funcional diseño.

En el primer nivel contaba con locales comerciales tanto hacia la calle como a la avenida, más los accesos de rigor al hotel y a sus áreas públicas que, además, se beneficiaban de la vecindad de las Arcadas al sur, en la plaza Juan Mora Fernández. En las plantas restantes, tenía el hotel 100 habitaciones provistas de baño y servicio sanitario cada una.

El nuevo edificio del Gran Hotel Francés estuvo listo a principios de 1924; sin embargo, quiso el destino que su impulsor y propietario no lograra verlo inaugurado, pues falleció en enero de ese año. Meses después, su viuda y propietaria, contrató al coterráneo Maurice Bournac como administrador.

Con el terremoto del 4 de marzo de 1924, la nueva edificación hubo de soportar su prueba estructural, circunstancia de la que salió muy bien librado por estar construido en madera. Esa, sin embargo, sería su principal falencia la citada noche de 1927, cuando lo que se supuso entonces un cortocircuito, inició la destrucción del primer gran hotel para el turismo internacional en San José.