Karina Salguero Moya. 29 agosto
En los últimos tiempos, Hernán Casciari ha llevado a la escena sus textos. Foto: Emanuel Zerbos.
En los últimos tiempos, Hernán Casciari ha llevado a la escena sus textos. Foto: Emanuel Zerbos.

Hernán Casciari mantiene charlas en su cabeza. Sus hemisferios tienen diálogos que cuando salen lo hacen sobre cualquier plataforma. Antes eran historias escritas y ahora son contadas, pero siempre son textos. Historias interpretadas de diferentes maneras, como las explica el autor. Como tales, esas narraciones tienen el poder de sorprender siempre a sus audiencias (lectores, radioescuchas, público, etcétera). Entonces, lo de Casciari se enmarca o mejor dicho, enmarca esa literatura que hace lo que quiere, y si quiere, puede resistirse a perpetuarse en un documento tangible y solo salir a pasear por allí, sin rumbo.

Hace unos años, en el 2013, Hernán pasó por Costa Rica; en ese momento vivía en España y había fundado la revista Orsai junto a su amigo el Chiri, Christian Basilis. Tenía un antecedente gigante, por años mantuvo un blog con una de las audiencias más grandes de los inicios del 2000, tan grande que la Deutsche Welle le dio el premio al mejor blog del mundo en el 2015. Había llevado a esa audiencia por un viaje que inició en una novela por entregas hasta plasmarse en una revista impresa, en la que los suscriptores participaban del proceso editorial y podían comprar sus ediciones desde cualquier país del mundo. Para obtenerlas, los lectores se organizaban con los encargos, y cada país y cada ciudad tenía su propio repartidor.

En Orsai publicaron figuras del mundo editorial como Julio Villanueva Chang, Daniel Galera, Juan Villoro, Mario Bellatín, Nick Hornby, Edmundo Paz Soldán, con ilustraciones de Luis Alberto Spinetta, Horacio Altuna, Alberto Montt, Miguel Rep y, de Costa Rica, se incluyeron escritores como Luis Chaves y Catalina Murillo, ilustradores como Daniel Solano, el fotógrafo Esteban Chinchilla y otros.

Todo ese movimiento generó que, además de las comunidades virtuales que había desarrollado desde su blog, se conocieran de manera física miles de personas y con esto iniciaron amistades y hasta pequeños negocios editoriales. Lo cierto es que le dio una vigencia importante a un sector que, tanto en ese momento como ahora, pasa por esas transiciones desconocidas que mejor no tratar de explicar, o dejar que sea Bob Dylan que las retrata en Modern Times.

Esa época en la que todos nos sentimos ‘orsai’, que es esa forma argentina de pronunciar el offside del fútbol, estábamos fuera de lugar. Muchos asumieron el orsai como su manera de hacer literatura. Hoy, otro agosto, pero de 2018, vuelve Hernán. Ahora tiene un hija más, Pipa; vive en Argentina, sube al escenario a su familia, no escribe, sufrió un infarto y pesa unos 20 kilos menos.

Ahora hace radio, teatro y otras cosas que no tienen nombre, pero lo que parece ser evidente es que sus relatos son aún más peligrosos. Más contundentes e, incluso, parecen estar en todas partes.

Nos atendió antes de viajar a Costa Rica y nos contó un poco de lo que está haciendo.

–Trabajás con Chiri desde La Ventana, medio de comunicación que inventaron cuando iban al colegio. Noticias inventadas y demás mentiras. Pero se han mantenido unidos en proyectos. De esos años a ahora, ¿qué podrías decir que cambió? ¿Ha cambiado algo?

–Mirá, esa época nosotros hacíamos una revista para un pueblo, unos de 80.000 a 100.000 habitantes, en Mercedes, donde habíamos nacido. En ese pueblo la gente era muy conservadora y hacer literatura o periodismo de ficción era bastante arriesgado, rebelde; de hecho, nos cerraron la revista unos curas, muy poderosos por (…) Digamos, que nos sacaron el dinero para hacerla, finalmente. Y las cosas ahora son parecidas, solo que ahora ese pueblo es mucho más amplio, Internet es como ese pueblo. Yo siempre me sentí muy cómodo en Internet, gracias a haber empezado a hacer cosas en un pueblo conservador.

–Además de una razón de tiempo y de vida, ¿qué es lo que te mueve a cambiar entre formatos y plataformas? Ahora mismo estás presentándote en teatros por todo el sur de América, ¿qué provocó ese giro?

–¡El infartooo! El infarto fue un momento muy divertido en mi vida; hace dos años y medio tuve este infarto en diciembre del 2015 y, después de tenerlo, dejé de fumar, dejé de fumar tabaco, dejé de fumar marihuana y cambié también algunas a otras costumbres, como por ejemplo dormir de noche y vivir de día, caminar un poco más, estar más sano. Esos cambios de registro personales hicieron que me resultara imposible escribir, cuando dejé de escribir empecé a hacer dos cosas que no había hecho nunca: una es radio y la otra es teatro. Empecé a descubrir en esos formatos una nueva manera de escribir, que es la de escribir de forma interpretativa, de interpretar cada vez distinto un texto hasta reescribirlo. Pero el giro no es una decisión casi nunca; los giros son movimientos involuntarios.

Algunas de las librerías que tendrán a la venta sus textos en la Feria del Libro son Buholica, Francesa y Duluoz.

–¿Cómo se llama lo que hacés ahora? ¿Tiene nombre ese género?

–Cuando empecé a hacer cosas con mi familia, subiéndome al escenario y a contar los cuentos con ellos, alguien me dijo que tenía un nombre, biodrama, biopic…, de no sé qué, pero es todo mentira. Es “subirse al escenario con la familia”, se llama el género. Es divertido contar cuentos cuando ya te los sabés un poco de memoria y podés usar las manos y los gestos; es una forma teatral, pero al mismo tiempo seguís siendo el escritor. Mi memoria motiva esos textos, no son los de un actor, son los de un autor. Entonces es mucho más divertido, por lo menos para mí, contarlo.

–¿Cómo son las historias que querés contar?

–No, no tengo historias nuevas. Lo que estoy haciendo desde hace un par de años es interpretar textos que ya escribí, como si en los últimos 15 a 20 años hubiera escrito sin saberlo para una especie de actor que desde el 2015 en adelante iba a interpretar esos textos.

–¿Qué ha representado tu regreso a Argentina?

–Esa pregunta es más fácil, fue un placer volver. Tenía muchas ganas de volver y estar acá todos los días, incluso ahora, que ya pasó bastante tiempo, sigue siendo una bendición. Despertarme y decir “¡Uy! Qué suerte que estoy acá, qué suerte que no estoy allá”, me encanta. Lo único malo de eso es que Nina está lejos casi todos los días y lo bueno de eso es que Nina viene muchas, pero muchas veces a Buenos Aires, y ya es casi argentina también.

–En muchas entrevistas, decías que no es que las personas leen menos, sino que leen diferente. Con todas tus experimentaciones recientes ¿qué crees que cambió?

–Sobre todo cambió la forma de leer, hay una enorme velocidad de interpretación, no necesariamente en aquel ejercicio tradicional de encontrar una palabrita al lado de la otra y generar imágenes adentro de la cabeza, sino que leer también es ver una serie de Netflix, leer es escuchar una anécdota en una sobremesa; hay muchas cosas que ya no se llaman leer, pero que siguen significando que te representés y veas imágenes y cuestiones adentro de la cabeza.

–¿De qué está compuesto el nuevo gremio editorial (si se puede hablar aún de gremio)?

–No tengo idea porque por suerte me dediqué en los últimos años a autoeditarme y no tengo ningún contacto con el gremio editorial, ni sé lo que hacen ni tampoco me interesa mucho.

Casciari es autor de 'Más respeto que soy tu madre', 'El nuevo paraíso de los tontos' y 'Messi es un perro'. Foto: Emanuel Zerbos.
Casciari es autor de 'Más respeto que soy tu madre', 'El nuevo paraíso de los tontos' y 'Messi es un perro'. Foto: Emanuel Zerbos.

–La última vez que estuviste en Costa Rica fue en el 2014, vivías en Barcelona y hacías Orsai. Ahora volvés a Costa Rica, en 2018, vivís en Buenos Aires y reviviste Orsai. ¿Seguís sintiéndote fuera de juego?

–Sí, claro; en realidad, hay una parte del deporte donde sentirse “orsai” o fuera de juego, es estar fuera del juego justamente. Ahora hay un juego nuevo que se juega estando en otro lugar, hay un juego nuevo, un juego de independencia. Cuando tenés mucha costumbre por la independencia, de hacer lo que querés, es mucho más fácil. Yo ya sé que hago lo que quiero. Antes era un riesgo hacer lo que uno quería; ahora hacer lo que yo quiero es mi marca, entonces es mucho más fácil.

–Tuviste una segunda hija; ahora Nina ya está consagrada en tu obra y Pipa es la nueva protagonista, conocemos por tus relatos toda tu vida y vemos cómo se suman. Con tantos cambios que contar no has necesitado de la ficción. ¿Escribirías ficción?

–Nunca estuve muy cerca de la ficción, nunca empecé un cuento diciendo: era una noche tremenda aquella del 17 de agosto de 1740, en el Castillo de no sé cuánto. Nunca empecé así, nunca hice ficción en realidad. No me interesa tanto la ficción.

–¿Qué impacto ha tenido en tu narrativa ese acercamiento a las artes escénicas?

–Ninguno porque desde que estoy haciendo cosas, interpretando cosas, he dejado de escribir, las escribo de otra manera. La escribo directamente en la cabeza para reinterpretarlas al día siguiente, pero no he vuelto a escribir.

–¿Pensaste alguna vez que estarías haciendo teatro?

–No, nunca en la vida. Es un… en Argentina le decimos “yapa” a eso, a algo que no te esperabas, a ese pedacito de carne que te dan de más en la carnicería. Nunca, nunca había previsto esto y me divierte mucho.

–¿Quiénes son tus nuevos compañeros de aventura, de trabajo, de experimentación?

–Chiri primero que nada, con el que seguimos haciendo la revista. Y después hay gente nueva, gente que produce espectáculos, amigos músicos; mi propia familia que se sube arriba del escenario conmigo. Nadie de todas las personas que te acabo de nombrar son desconocidos; siempre trabajo con gente a la que conozco mucho.

–¿Qué podemos esperar de tus presentaciones en Costa Rica?

–Tengo un poquito más de experiencia que la última vez que estuve en la lectura de cuentos y, eso, tengo muchas ganas de encontrarme con los viejos lectores y que se encuentren ellos con una nueva forma de presentar lo que tengo que contar.

Tres veces Casciari en la Feria del Libro

Estas son las presentaciones de Hernán Casciari en la Feria del Libro:

Viernes 31, a las 4 p. m. en el Teatro de la Aduana. Presentación "Por cien colones más se lo hacemos a lo grande”. Ciudad Canibal y Hernán Casciari en vivo. Entrada libre.

Sábado 1.° de setiembre, a las 4 p. m.: Editar en América Latina. Entrevista con Hernán Casciari. Teatro de la Aduana.

Sábado 1.° de setiembre, a las 6 p. m.: Recital y lectura de Hernán Casciari en la carpa artístico-literaria en la Antigua Aduana.

Biografía inconclusa

Hernán Casciari nació en 1971. Escribió hasta el 2015, pero paradójicamente sigue siendo escritor. Por años fue columnista de opinión en los periódicos El País de España y La Nación de Argentina. Salió de allí para tener menos intermediarios en su relación con los lectores y, con su inseparable amigo Chiri (el escritor Christian Basilis, argentino también y de Rosario), fundó la Editorial Orsai y dirige la revista del mismo nombre.

Ha publicado en varios idiomas sus novelas El pibe que arruinaba las fotos y Más respeto que soy tu madre; los libros de cuentos España decí alpiste, El nuevo paraíso de los tontos, Charlas con mi hemisferio derecho, Messi es un perro y El mejor infarto de mi vida, y los libros de historietas Doce cuentos de verano, junto a Horacio Altuna, y, Papelitos, junto a Gustavo Sala.

En el 2012 empezó a leer sus cuentos en las radios argentinas Vorterix y Metro y, de allí en adelante, dejó la escritura por el relato oral. Se convirtió en otro tipo de narrador y comenzó a contar sus historias en teatros. Protagonizó Una obra en construcción, junto a personajes reales de sus cuentos; Tragedias, con el músico Zambayonny, y Comedias, con la cantante Fabiana Cantilo. En el 2000 se radicó en Barcelona (España) y tuvo a su primera hija Nina. Luego, en el 2015, tras sufrir un infarto en Montevideo (Uruguay), se mudó definitivamente, dice, a Buenos Aires (Argentina), donde vive.