En su libro Las malcriadas: historia de mujeres que se salieron del canasto (2023), Alfredo González Porras ofrece una biografía sobre Ofelia Corrales, una famosa médium visitada por lo más selecto de la sociedad josefina de comienzos del siglo XX, hija de uno de los próceres de la educación costarricense, Buenaventura Corrales. La casa de habitación de su familia la ocupa ahora el Centro Cultural de España, donde fue presentada la nueva obra de este escritor alajuelense, un volumen de cuentos con el provocador título de Sucesos Re[v/b]elados (2024).
Aunque en este nuevo libro no se ha invocado a este fenómeno paranormal, resulta inevitable que en algún momento aún se escuche en este edificio la voz quejumbrosa o levite la figura de la famosa espiritista invocando personajes ya desaparecidos como lo acostumbraba hacer en su tiempo, hace más de un siglo.
![Porrtada de 'Sucesos Re[v/b]elados' (2024), de Alfredo González Porras, libro de relatos publicado por la editorial H&H y proyecto ganador de una beca del Colegio de Costa Rica.](https://www.nacion.com/resizer/v2/HOIHGCSG6REJ3O35CII3IWPDS4.jpg?smart=true&auth=6b45fae661db8e1fcff65351e9b84eeba47fe96a3ad521c00ee1956b2b71f172&width=510&height=780)
Pero, por ahora, estamos hablando del nuevo libro de Alfredo. Al leer los textos de Sucesos Re[v/b]elados, estamos seguros que, con atención, vamos escuchar las voces de los diversos personajes que pueblan estos exquisitos diecisiete relatos que nos ofrece este autor en su más reciente libro, luego del éxito editorial de Las Malcriadas.
Son muchas las voces, los protagonistas, los narradores y los escenarios que podemos encontrar en este volumen de cuentos, diferentes a los que invocaba Ofelia Corrales. Aquí desfilan los más singulares personajes, muchos humildes, que luchan diariamente para hacer posible la vida en condiciones precarias o desafiando una existencia compleja y difícil. No siempre la vida es como uno quisiera, sino finalmente como es. Y estos cuentos así parecen revelarnos.
Los múltiples recursos de Alfredo González como autor
Alfredo como narrador muestra muchos recursos. Al oficio de periodista, que deja entrever en cada uno de sus relatos, suma su sensibilidad social, fundamental para el oficio de escritor. Para conocernos a nosotros debemos conocer a los otros, decía Ryszard Kapuscinski. También debemos conocernos nosotros mismos para tratar de conocer a los demás y, en Alfredo, se aplica sobradamente este precepto del célebre periodista y escritor polaco.
En una nota autobiográfica al final del libro, el autor confiesa que escribir es jugar, es modificar, construir una realidad paralela siguiendo la métrica de utilizar proporciones ficticias sobre una base de realidad y viceversa. En otro momento habla de esa particular geografía donde la literatura y el periodismo cohabitan en armonía. Abundan los ejemplos y él recuerda a reconocidos autores que se han manejado en esa fina frontera entre el periodismo y la literatura, una frontera que a veces se confunde.

Para solo citar algunos, podemos hablar de Truman Capote y Gabriel García Márquez, pero la lista es larga. Los recursos de la narrativa puestos al servicio del periodismo y del periodismo en la literatura. La literatura, como lo podemos ver en este libro, es otra forma de contar la historia, con tanta validez como lo hacen los historiadores, con la novedad que en la primera está más presente el drama humano que ha acompañado a las personas, al individuo, desde que empezamos comportarnos como unos primates más desarrollados mentalmente. Unos seres primitivos, nuestros ancestros, que inauguraron el arte de relatar historias.
Primero lo hicieron en forma oral a su pequeño grupo, a su clan. A su tribu, después. Luego surgió la escritura, hace unos cinco mil años. Un ejercicio complejo desde sus orígenes. ¿Cómo y dónde surge la inspiración en el artista, el impulso creativo del escritor? ¿Qué motiva esa necesidad de contar historias, narrar cuentos? No tengo la respuesta. Escribir cuentos es un oficio literario complejo producto de un arduo trabajo solitario.
Decía Julio Cortázar, y lo expone como una generalidad, que cuando surgía una historia su mente de escritor entraba en un estado de posesión, de trance. Es una especie de revelación. Es estar poseído por aquella historia que no lo dejará en paz hasta poder sacarla de la cabeza ponerla en blanco y negro. Aquel texto que ha anidado en su mente, que lo ha poseído, cobra forma y cobra vida literaria. Es como quitarse una alimaña de la solapa, ilustra el célebre autor argentino.
García Márquez utilizaba una figura más artesanal, la del herrero. Decía que el cuento “fragua o no fragua”. Si no fragua, hay que dejarlo. Olvidar aquella pieza que se pretendió elaborar. Cuántas veces hemos intentado escribir un cuento sin poder lograrlo, aunque sabemos que la historia está allí, que vale la pena, pero no fragua. En la novela, según opinión del nobel colombiano, se puede dejar en reposo, dejarla enfriar y recomenzar. Cuestión de opiniones. Como en la vida, en la narrativa cada quien tiene su estilo.
Los relatos del libro Sucesos Re[v/b]elados
Alfredo sí ha logrado trasladar esas fantasías literarias al papel con este volumen de cuentos en el que en muchos casos se asoma su oficio de periodista. En este libro encontramos los más variados temas y los más particulares personajes, algunos incluso tomados de la vida real, ya desaparecidos, otros sacados de su mundo ficticio, pero que cobran vida literaria en la pluma del autor. Nos entristecen o nos alegran, igual que en la vida.
Mucho y cada vez con más frecuencia, se habla de la novela sin ficción. Notables figuras de la literatura la han practicado con gran acierto. En este volumen de relatos podemos encontrar cuentos sin ficción, remembranzas de aquella niñez al lado de sus padres y hermanas como es el caso de La mujer más pequeña del mundo. ¿Cuántos jóvenes y sus padres algunas décadas atrás no vivieron esa experiencia inolvidable en los ahora decadentes Festejos Populares de Zapote?
O en Big Mamma: en una gira con sus hermanas a una ciudad en la que todos los hoteles estaban ocupados, donde, después de mucho caminar, con dificultad pueden encontrar un refugio improvisado para descansar y pasar la noche. El narrador cuenta como se extravió en Nueva Orleans y es salvado por una mujer cuando está a un paso de sufrir una agresión. Al final, no me queda del todo claro si aquello fue producto de la imaginación o realmente una mujer salva al personaje. Una hermana que lo seguía con la vista desde una ventana del hotel pone en duda la historia del narrador.
En El cadáver exquisito, el autor nos recrea el asesinato de Joaquín Tinoco, aquel apuesto y siniestro general, ministro de guerra y hermano del dictador Federico Tinoco, hombre clave en la dictadura, que hacía suspirar a mujeres casadas y solteras. Aunque en un escenario tropical percibo cierta analogía con la muerte de Julio César, que regresaba de vencer en las guerras Galias, en las gradas del Foro Romano.

Al igual que el triunfante general de la antigua Roma, nuestro jefe militar desoye las voces que le piden no salir aquella noche fatal, incluida la de su hijo y de la famosa espiritista Ofelia Corrales. La médium le advirtió del peligro. No hizo caso y camina hacia la muerte. “Ha muerto el hombre más odiado. Temido, envidiado… el más aclamado, deseado, amado”. La dictadura pierde su brazo fuerte y pronto se derrumbará dejando un rastro de sangre.
En Buddy, una misteriosa familia alemana, encerrada en las cuatro paredes de su casa en un barrio residencial a donde acuden diariamente famosos: tienen de vecinos a una televisora que pronto se mudará a otro punto de la capital. En un barrio de puertas abiertas solo los Buddy, que no era su apellido auténtico, permanecían siempre enclaustrados. Aquella extraña familia guarda un secreto. Un día cualquiera el padre de los Buddy toma un taxi, viaja al aeropuerto y luego a su país de origen, donde lo espera la muerte, en Múnich, en un ajuste de cuentas por su pasado tenebroso.
Cercano a este cuento está El presidente nos visita. Con inocencia, un niño narra la historia. “Mi mamá llora mucho -afirma-, siempre, desde que vivimos solos. Hay días en que tía Inge viene a acompañarla, como hoy. Entonces el llanto es menos. Vati está ahora en Colorado, Estados Unidos. Primero lo enviaron cerca de los cementerios de San José, a un lugar que le dicen ‘campo de concentración’, que seguro es como la escuela, donde uno tiene que concentrarse para poder hacer los ejercicios”. Estamos en plena Segunda Guerra Mundial.
Sucesos relevados también nos presenta cuadros lamentables de abusos, violencia doméstica, violaciones de que son víctimas personas indefensas: niños, mujeres, algo que seguimos sufriendo, en relatos donde la ficción se confunde con la realidad. Una realidad que nos impacta. No hemos superado el estado de barbarie, parece decirnos, en las que se mezclan padres, esposos y líderes religiosos. Víctimas que arrastrarán sus traumas para el resto de sus vidas ante una burocracia estatal muchas veces ineficiente y abusiva.
“Durante toda su infancia fue testigo y damnificada de las agresiones del padre hacia su mamá. Brazos quebrados, dedos retorcidos, cigarrillos apagados en la piel”, relata en Volar, una tragedia que vemos, repetidas veces, en los noticieros. Personas indefensas o amenazadas que no pueden acudir a las autoridades y, temerosos o amenazados, debe callar de los abusos que reciben a diario.
“Ni siquiera ahora, de adulto, soporta recordarlo, pero tiene que exorcizar a ese persistente daño, que no se ha ido en treinta años”, registra el narrador. Más adelante: “Prohibido decir nada, maricón. Yo soy muy macho y usted bien amanerado. Pensarán que se me ofreció y no lo negaré”. Otra cita: “Al llegar a casa tuvo una regresión y de los trece años de edad volvió a los cinco: se metió debajo de la cama a llorar, tapándose la boca con una almohada, para que nadie lo escuchara”.
Escenas que se repiten en Este es el parque. Un coro de personas marginadas, explotadas, abusadas. “Este es el parque: un micro-cosmos en la inmensidad de un planeta, una pequeña ciudad dentro de la ciudad”, lugar donde un desempleado teme revelar la verdad, su congoja, en casa, “prefiere apostarse en un banco durante el horario laboral para luego llegar a su hogar como si nada, conforme las finanzas decrecen”.
En El día de los muertos es una ocasión para lanzarse a un modesto emprendimiento. Familias enteras visitan las necrópolis para llevar flores a sus familiares fallecidos. Una mujer invierte sus limitadísimos ahorros para trasladarse al cementerio donde pretende vender arreglos florales y cubrir sus necesidades muy básicas: pagar el alquiler de la casa y la comida de la quincena o del mes. Pasan las horas y no llega un solo billete a sus manos para recuperar la inversión.
Poco después el sol calienta y con él, el negocio muestra síntomas de mejorar. El humilde negocio parece prosperar. A orado y siente que Dios ha escuchado sus ruegos. Pero las autoridades policiales actúan con frialdad y destruyen sus sueños, los sueños de resolver las mínimas necesidades familiares. Las autoridades no escuchan, solo actúan. “Seguramente estos hombres habían tenido un mal día y arremetieron contra ella”, nos dice el narrador.
El espiritismo parece que fue promisorio a comienzos del siglo pasado. Prácticas masones, rosacruces y teósofos eran comunes en aquellos tiempos. También practicas espiritistas, en las que participaban figuras de la intelectualidad, como lo revela en La naturaleza del plasma.

La familia de la famosa médium Ofelia Corrales es protagonista de una reveladora sesión de espiritismo en el denominado Círculo Franklin, nombre en honor de Benjamín Franklin, uno de los próceres de la independencia de Estados Unidos. “En el Círculo Franklin, una sociedad espírita costarricense, una muerte reciente motiva esfuerzos para comprender el más allá y acercarlo al mundo de los vivos”, nos dice.
En la sesión espiritista están presentes Buenaventura Corrales, figura destacada en la reforma educativa del siglo XIX, y su esposa Adelia, Roberto Brenes Mesén y Clorito Picado, joven que se dispone a viajar a Francia para cursar un doctorado en la Sorbona. Este último, previo a partir a Francia, les comunica que gracias al experimento ha descubierto un norte para la investigación científica: el cuarto estado de la materia, el plasma, sustancia casi milagrosa que trasciende su condición de componente sanguíneo y recurso de materialización espectral para vivir per se como un elemento de amplio espectro y versatilidad.
Solo he citado algunos relatos, sin el orden en el que están en el libro. El lector, estoy convencido, disfrutará estos y los demás. Las malcriadas fue un éxito literario y editorial. Le auguro igual suerte de este volumen de cuentos, que merecidamente sé que la tendrá.