
“Nosotros no somos destructores de la naturaleza, nosotros somos más bien amantes de la naturaleza, es de lo que vivimos nosotros”, dice don Bienvenido Cruz, un hombre de 78 años del Palenque Tonjibe, uno de los asentamientos maleku al norte de Costa Rica. “Teníamos cacao, ese cacao es sagrado para nosotros”, dice, recordando también cuando vestía, de niño, con corteza de mastate.
Hay mucho que no sabemos —o no hemos querido saber— en nuestra Costa Rica pluriétnica y multicultural, como dice la Constitución. En cuenta, lo que piensan y sienten los habitantes de los territorios indígenas del país, cómo ven el mundo y sus cambios. Pero entre su activismo intenso y la atención académica, surgen oportunidades para entablar el diálogo, y entre ellas, un nuevo libro.
Cosmovisión malecu. Apuntes de una experiencia (2025) es una publicación conjunta de la Editorial de la Universidad Estatal a Distancia (Euned) y la Editorial de la Universidad Nacional (EUNA) que puede encontrar este fin de semana en la Fiesta de la Lectura, en la Antigua Aduana, San José.
La publicación recoge la investigación de seis autores: Víctor Madrigal, Giovanna Hernández, Orlando Varela, Julia Rodríguez, Rafael Evelio Granados y Mairon Madriz.
El testimonio de don Bienvenido forma parte de su texto, que recoge datos relevantes, historias de vida, entrevistas y la experiencia de diversos talleres que profundizan en las formas de vida y pensamiento de la etnia más pequeña del país.

Apenas 494 personas eran identificadas como maleku en el censo de 2011, apunta el libro (hoy se estiman 600). Su territorio abarca 2.994 hectáreas y fue establecido en 1976 en el cantón de Guatuso, al norte del país. La comunidad se agrupa en tres palenques: El Sol, Margarita y Tonjibe, pero para 2005, según citan los investigadores, 62% de los habitantes del territorio no eran indígenas.
Los Tócu márama, los dioses que han existido siempre, están profundamente entrelazados con una naturaleza hoy dañada. Eso lo reconocen múltiples testimonios incluidos en el libro, que aborda desde prácticas de vestimenta y alimentación hasta reflexiones de índole política sobre la situación del pueblo en la actualidad.
“Nos propusimos elaborar un proyecto pertinente para la comunidad malecu, sensible a sus necesidades, en el que pudiésemos aportar desde nuestras especialidades para el bien común de la comunidad”, indicen los autores en la introducción del libro.
Un aspecto notable de la publicación es que, pese al rigor académico habitual, es de lectura fácil y abre sus puertas incluso a quienes no acostumbren leer sobre etnografía, teología ni las demás especialidades que configuran este relato. Se lee ágilmente, aparte de que incluye mapas, imágenes y datos que anclan la exploración de estas comunidades.
Pero lo más relevante es que el corazón de Cosmovisión malecu yace en las narrativas que elaboran los propios miembros de la comunidad. Un ejemplo interesante llega con el relato de doña Olivia Elizondo, de 66 años, quien narra su educación, las condiciones de su hogar y su eventual matrimonio.
“Él era indígena, pero él se crió con los no indígenas, porque así de igual forma la mamá lo echó a la calle a la edad de siete años”, explica. Así las cosas, hubo choques culturales al inicio, como la preparación del arroz o la plancha de ropa.
El asunto trasciende a lo político, que se expone con la claridad y complejidad que amerita el problema del territorio, decisivo para todos los temas, de la lengua a la salud, del turismo a las creencias.
Como dice un líder local a los investigadores: “Es bonito si se llegaran a cumplir todos los derechos y deberes como están escritos. Es complicado porque a veces los gobiernos, con el cambio de los años, tienen sus prioridades y en ocasiones no se ajustan a la continuidad de proyectos que benefician a los indígenas”.
Cosmovisión malecu se puede conseguir en sendas librería de la Euned y la EUNA, así como sus sitios web. Este fin de semana, lo puede encontrar en la Fiesta de la Lectura del Ministerio de Cultura y Juventud, en la Antigua Aduana, San José.

