Áncora

Benito Juárez y Costa Rica, a 150 años de su muerte

El presidente mexicano Benito Juárez cumple en 2022 el sesquicentenario de su muerte, habiendo sido uno de los principales artífices de su patria y establecido una singular relación con Costa Rica en varios ámbitos

“Sesión del día 9 de diciembre de 1830 […] Reunida la Junta Directora del Instituto […] para que […] se procediese al examen que iba a sufrir el ciudadano Benito Pablo Juárez […] concluido dicho examen […] resultó salir aprobado con todos los votos […] Con lo que se cerró la presente sesión. Florencio Castillo”.

Lo anterior está inserto en el Libro de actas de Instituto de Ciencias y Artes del Estado de Oaxaca (folio 60 vuelto y 61 frente), dando fe de que el entonces alumno Benito P. Juárez García obtuvo el grado de bachiller en Derecho, a partir de lo cual lograría una afamada vida pública e, incluso, la Presidencia de México.

Empero, hubo otro ostensible aspecto, ya que, dicho acto fue rubricado por el eximio presbítero costarricense Florencio del Castillo V., quien fungía como director del citado centro de estudios superiores.

Así, al estarse cumpliendo 150 años de la muerte de dicho personaje, se exponen las circunstancias e incidencias que se concatenaron, en 1872, en el súbito fallecimiento del pupilo del sacerdote del Castillo, así como la ulterior y muy poco conocida correlación que dicho gobernante mexicano tuvo con Costa Rica.

Benito Juárez nació el 21 de marzo de 1806 en el entonces poblado novohispano de San Pablo Gualatao (Oaxaca), quedando huérfano de ambos padres en 1809, por lo que, tras ser cuidado por varios parientes zapotecas, viajó en 1818 a la ciudad de Oaxaca, donde laboró como jornalero en una hacienda.

Por propio anhelo, aprendió el idioma español e ingresó al seminario oaxaqueño para cursar estudios eclesiásticos, pero en 1827 lo abandonó y se matriculó en el Instituto de Ciencias y Artes donde conoció al ya referido Presb. del Castillo y obtuvo la Licenciatura en Derecho (1834). Además, desde 1830, había asumido la cátedra de Física en esa entidad y estudió latín como tercer lenguaje.

Su carrera política inició en 1832 como regidor en Oaxaca, laborando en los próximos años como juez interino, diputado, fiscal, juez propietario, vocal de Junta Electoral, secretario municipal, director del Instituto de Ciencia y Artes y Gobernador interino. Para 1843 contrajo nupcias con la señorita Margarita Maza.

En 1847 fungió como Gobernador de Oaxaca y se opuso con vehemencia al entonces presidente mexicano Antonio López de Santa Anna, quién lo desterró a Cuba en 1853. Mismo año en que arribó a New Orleans (EE.UU.) en donde contactó a varios exiliados políticos que fraguaban una rebelión contra el citado Santa Anna, lo cual cambiaría el rumbo de su vida.

Tras el triunfo de la sedición contra Santa Anna (conocida como Revolución de Ayutla, 1854-1855), Juárez fue designado como Ministro de Justicia (1855), volvió a fungir como Gobernador de Oaxaca (1856-1857) y ejerció como Ministro de Gobernación del entonces mandatario Ignacio Comonfort (1857).

Empero, algo inesperado sucedió para él en particular y el estado mexicano en general. Ya que el 1° de diciembre de 1857 se le nombró como presidente de la Suprema Corte de Justicia y, apenas el 11 de enero de 1858, Comonfort renunció.

De inmediato, se citó el artículo 79 de la recién aprobada Constitución Política de 1857, cuyo texto indicaba: “En las faltas temporales del presidente de la República, y en la absoluta, mientras se presenta el nuevamente electo, entrará a ejercer el poder, el presidente de la Suprema Corte de Justicia”. Así, a los 51 años, Juárez se convirtió en el nuevo presidente interino de México.

Lo anterior provocó la llamada Guerra de Reforma, en la que conservadores y liberales se enfrentaron por el rechazo de los primeros a la norma constitucional de 1857 que secularizaba al estado mexicano. Hecho agravado por la existencia de dos mandatos: el encabezado por Juárez junto a los liberales y el dirigido por el Gral. Félix Zuloaga T. (desde el 23 de enero de 1958), quien se apoderó de la capital y obligó a Juárez a establecer su gobierno en el Estado de Guanajuato.

Después de tres años de cruenta lucha, la Guerra de Reforma fue ganada por los liberales (enero, 1861), con lo que Juárez se reinstaló en Ciudad de México, siendo en junio de ese año cuando se convirtió en formal presidente de México tras ganar las elecciones respectivas.

No obstante, las secuelas de la Guerra de Reforma perduraron. Así, agobiado por la deuda que dicho conflicto había ocasionado, Juárez suspendió los pagos a varios países acreedores por dos años, lo cual provocó que tres de ellos, España, Inglaterra y Francia, amenazasen con invadir a México.

Aunado a esto, el derrotado grupo conservador viajó a Europa para conseguir apoyo para derrocar a Juárez, a lo cual se unió al interés secreto del emperador francés Napoleón III por reinstalarse en suelo americano, por lo que, entre diciembre de 1861 y enero de 1862, México fue invadido por las tropas de esas tres naciones. Sin embargo, las fuerzas españolas e inglesas se retiraron (abril, 1862) tras atisbar los aviesos objetivos de Francia.

Iniciaba así la llamada Segunda Intervención Francesa (precedida por la también invasión de 1838-1839), cuyo primer gran episodio fue la conocida Batalla de Puebla (5 de mayo, 1862), cuando el ejército mexicano derrotó al francés. Hecho significativo, pues las tropas galas no habían perdido desde la otrora Batalla de Waterloo (1815), pero Juárez, lejos de vanaglorias, se preparó para lo peor.

Ya para 1863 y ante el avance del ejército francés a Ciudad de México, Juárez se trasladó por varios estados para mantener a su Gobierno, mientras que, en octubre, varios conservadores mexicanos le ofrecieron al archiduque austríaco Maximiliano de Habsburgo-Lorena, convertirse en Emperador de México con el apoyo militar francés. Propuesta que fue aceptada por dicho príncipe y su esposa la princesa belga Carlota de Sajonia-Coburgo.

En abril de 1864 dicha pareja real llegó a México y se instaló en el suntuoso Castillo de Chapultepec, iniciando así al Segundo Imperio Mexicano (después del existente entre 1821 y 1823), lo cual fue sucedido de tres años de virulenta guerra.

Panorama que cambió a finales de 1866, cuando las tropas francesas se retiraron, pues el enorme costo de su incursión, así como una probable guerra contra Prusia (acaecida luego entre 1870 y 1871), hicieron que Napoleón III dejase solo al Emperador Maximiliano, quien siguió gobernando solo con las tropas mexicanas conservadoras.

Finalmente, Maximiliano fue capturado (mayo, 1867) y fusilado (19 de junio) en el cerro de las Campanas (Estado de Querétaro). Tras ello, Juárez regresó a Ciudad de México (15 de julio) y en homenaje a la guerra, el trayecto entre el Castillo de Chapultepec y la capital fue nombrado como Paseo de la Reforma.

Un nuevo mandato de Juárez inició en 1868, siendo en 1871 cuando nombró al jurista José M. del Castillo Velasco como como su Ministro de Gobernación, quién fuese sobrino del ya citado Presb. Florencio del Castillo.

Siempre en 1871, por razones de salubridad y sobreuso, Juárez decretó el cierre de los cementerios de Ciudad de México, lo cual tendría relación directa con su propio fallecimiento poco después. Aconteciendo la muerte de su esposa ese mismo año, lo cual le ocasionó un profundo desanimo.

También, fue en 1871 cuando volvió a ser reelecto, lo cual produjo el descontento de varios militares y políticos que se soliviantaron durante la Revolución de la Noria (1871-1872), cuyo principal líder fue el entonces joven Gral. Porfirio Díaz Mori. Militar que, a pesar de ser derrotado, sentó las bases para su ulterior y extendido ejercicio de la presidencia mexicana por 34 años.

Por otra parte, el deceso de su esposa hizo que Juárez se trasladase a vivir junto varios de sus hijos al Palacio Nacional mexicano (ubicado frente a la conocida Plaza de El Zócalo), siendo a mediados de 1872 cuando padeció recurrentes dolores y espasmos en el pecho, por lo que aminoró sus actividades. No obstante, el problema se fue agravando, pues tuvo persistentes náuseas y mareos, por lo que, incluso, su hijo Benito se instaló en su dormitorio para cuidarlo. Mas lo cierto es que el propio Juárez presintió el término de su existencia.

El miércoles 18 de julio de 1872 Benito Juárez ya no pudo levantarse de su cama, siendo cuidado por el Dr. Ignacio Alvarado, quien, según la usanza médica de la época, le vertió agua hirviendo en el pecho para que su corazón reaccionase, pero solo le provocó fuertes quemaduras.

Por fin, a las 11:30 p. m., Juárez se recostó sobre su costado izquierdo, colocó su cabeza sobre su mano y falleció a los 66 años. De seguido, otro médico, el Dr. Gabino Barreda, le acercó un fósforo encendido a los ojos para ver si reaccionaba, pero, tras constatar su muerte, se redactó su acta de defunción y se obtuvo una mascarilla mortuoria de yeso de su rostro.

El cadáver se expuso por cuatro días en el Palacio Nacional, hasta que el 23 de julio se le trasladó al clausurado panteón de San Fernando para inhumarlo. Acto presidido por el nuevo mandatario interino, Lic. Sebastián Lerdo de T., quien excepcionó la ley emitida por el propio Juárez en 1871, permitiendo que su cuerpo fuese el último en ser sepultado en ese camposanto, pues se le colocó en el nicho N.º 2 (lado norte) de la tumba de su familia en medio de 21 cañonazos.

En 1880 y ya bajo la presidencia del Gral. Porfirio Díaz, se inauguró en el panteón de San Fernando, un gran mausoleo en su honor, en cuyo interior se depositaron sus restos. En 1887, por su parte, se empotró una placa afuera de la habitación en que murió, en el Palacio Nacional.

Ya para 1910 se inauguró en el céntrico parque de la Alameda Central (Ciudad de México) un vistoso monumento neoclásico en su honor, conocido como el Hemiciclo a Juárez. Ceremonia en la que estuvo presente como uno de los invitados oficiales el diplomático costarricense don Joaquín B. Calvo M., quien fuese nuestro embajador ante México y los EE. UU. en aquella época.

Junto a los ya descritos episodios que Benito Juárez protagonizó con varios costarricenses, existen otros aspectos que relacionan a dicho personaje con nuestro país.

Al respecto, fue en 1970 cuando la Asamblea Legislativa colocó un óleo de su retrato en la Galería de Próceres y Libertadores de América de nuestro Congreso. Episodio que guardó similitud con el realizado en 1867 por las autoridades de República Dominicana, cuando su parlamento le había conferido el título de Benemérito de las Américas, con el que es conocido a nivel mundial.

También, tras la repatriación a Costa Rica de la osamenta del Presb. de Castillo y su sepultura en el Parque República de México del cantón cartaginés de Paraíso (1971), se develó en su costado oeste un busto de Juárez (1975), el cual fue obsequiado por la Embajada de México en nuestra capital.

Mismo acto que se efectuó en 2006, al inaugurarse otro busto de dicho personaje obsequiado por las autoridades del Estado de Oaxaca y que se colocó al costado sur del parque central de Barrio México en San José, obra del artista mexicano Ricardo Ponzanelli. Unido a lo cual, en la localidad guanacasteca de Arado (distrito Santa Cruz, cantón de Santa Cruz), existe la Escuela Benito Juárez.

Así, solo queda por referir una peculiar temática que suele desarrollarse sobre dicho personaje en carreras universitarias como Derecho, Historia, Politología o Diplomacia, tanto a nivel nacional como internacional. Dado que, en la ya citada fecha del 15 de julio de 1867, en que Juárez retornó a Ciudad de México, pronunció un emotivo discurso en el Palacio Nacional, en el que, al referirse a todos los hechos acontecidos años antes y con la idea de que ello no se repitiese, esgrimió que: “Entre los individuos, como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Frase icónica que, probablemente, coligió tras la lectura del conocido libro Sobre la paz perpetua (1795), del célebre filósofo alemán Immanuel Kant, cuyo contenido trata sobre dichos conceptos y que Juárez inmortalizó como principio por antonomasia de la convivencia entre los seres humanos.

El autor es profesor de la Cátedra de Historia del Derecho de la Universidad de Costa Rica.

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