
Lencho Salazar falleció en agosto del 2024, en su casa en La Garita de Alajuela, donde desde hacía casi una década vivía al cuidado de su esposa Ana Solano.
Hasta el día de hoy, en aquella casa alajuelense, donde todavía reside Solano, luce un gran lazo negro en una puerta, como símbolo de que el luto sigue latente. Así lo reveló a De boca en boca la mujer, de 69 años.
La viuda aseguró que aún siente la presencia de su amado Lencho, quien según ella se “le aparece en sueños” y de quien todavía le parece oír su voz.
“Ahí se queda (el lazo) quién sabe hasta cuándo, porque lo siento en el corazón. Siento que él está conmigo, que me llama o que pide algo. Así como él siempre llamaba para pedir cafecito, comidita”, comentó.
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Por otra parte, doña Ana detalló que el querido folclorista tenía como deseo que su legado no se borrara y que ella luchará con las uñas para poder cumplir aquella última voluntad.
“No sé cómo ni cuándo ni dónde le voy a hacer el museo, pero le voy a hacer un museo. Aunque tenga que rasguñar, como dicen, cielo y tierra, lo voy a hacer si Dios me da vida”, expresó.
Lencho Salazar y Ana Solano se conocieron hace más de una década, cuando Salazar se encontraba en un albergue en Atenas.
Allí, Solano había ido a visitarlo, pues sentía gran admiración por el artista costarricense, y al ver el estado en que se encontraba se ofreció a ser su cuidadora. Lencho aceptó y se mudaron a la casa del músico en La Garita de Alajuela, donde vivieron entre cuidados y amor durante 9 años.
“Yo se lo prometí a él. Cuando me lo encontré triste (en el albergue) le dije: ‘Lenchito, si usted es tan valiente, se va a su casita, me llama y yo vengo a cuidarlo’. Él me dijo: ‘¿Usted haría eso por mí?’. Le dije que sí, que hasta más”, rememoró en entrevista con La Nación doña Ana, quien contrajo matrimonio con Lencho en el 2015.
“Para mí ha sido un privilegio cuidarlo porque él ha sido una persona muy linda, muy especial. Se da a querer. Es lo más lindo que me ha sucedido a mí”, añadió.
