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Espectáculo: Rosario en concierto. Gira Contigo me voy.
Lugar: Teatro Melico Salazar, San José.
Fecha: miércoles 18 de abril del 2007.
Hora: 8 p. m.
Es sin, duda alguna, una reina en escena. Reina del jaleo y duende. Como ella, pocas. Su actitud escénica es toda una lección de primer orden en lo que concierne a cómo comportarse, moverse y conquistar un público. En Rosario abunda lo que en la mayoría escasea: naturalidad.
Con esta, su tercera visita al país, simplemente corroboramos su impresionante histrionismo y su gran talento para hacer canciones sencillas, tiernas, mágicas, divertidas y de fácil digestión. Canciones que el público guarda con gran cariño, en un lugar apartado del mundanal ruido del pop, pues sucede que tienen algo que las hace diferentes y especiales.
Mucho de esto seguro que proviene de esa veta, profunda e indisoluble, que mantiene la cultura gitana española en la que el flamenco, a través de los palos de rumba y tango, se ha ganado la atención de un público alegre y jovial que encuentra estimulantes las canciones de este tipo.
Y hablando de canciones, las nuevas que nos trajo Rosario no me cautivaron tanto, aún, como lo han hecho varias de su repertorio.
Ciertamente habría que escucharlas más, disco en mano, para sopesar el resultado de esa primera impresión. Y es que frente a piezas de tanta contundencia musical como la que presentan algunas de sus anteriores producciones, no es sencillo remontar sus alturas.
Mucha fuerza hay en temas como Mucho por vivir , Qué Bonito , Agua y Sal o Estoy aquí . La fusión de la rumba con el pop rock y la acertada condimentación que realiza con poquitos de sonidos afro latinos, donde resalta la bossa y el reggae , hacen de su material un recaudo apreciable de texturas agradables al ánimo. Canciones que proyectadas con su tremenda y persuasiva capacidad de expresar y moverse, son dardos letales para el más apático.
Los músicos. Como siempre, los músicos que la acompañan son de primera línea. Marchosos y rumberos. Un soporte preciso para la explosiva hija de la inolvidable Faraona que, dichosamente, heredó la magia expresiva de su madre para trastorno de las butacas. Por cierto, lástima que seamos tan pegados a ellas, las butacas, y la convención social pueda más que el deseo y nos deje ahí, clavados, moviendo todo menos el cuerpo. Algún día, espero, romperemos la modorra.
Volviendo a los músicos habría que resaltar el trabajo del trompetista Francisco Ibáñez. Nítido y firme, especialmente en el blues Cantar a la vida, que se convirtió en uno de los puntos altos del concierto.
De igual manera sucedió con la canción De Mil Colores, cuando la corista Chonchi Heredia realizó una magistral introducción de cante sobre el que Rosario continuó. Exquisita esta nueva versión de uno de sus clásicos.
Aunque tuvimos una oferta de sobre-volumen que por tramos no permitía apreciar, en buen modo, el total del producto; el ensamble convenció y, repito, fue determinante para que Rosario pudiera desplegarse, a su antojo, por un escenario que se quedó corto ante este monstruo escénico y carismático que sigue siendo la menor de los González Flores.