Sinopsis de un drama. La acción de esta película transcurre en Francia, cuando las tropas alemanas llegan a París. Odile (la actriz Emmanuele Béart) es una profesora viuda y debe huir con su hijo, el mayor, y con su hija. Ella es bastante joven, su esposo acaba de morir en la guerra. Cuando van en éxodo, los civiles son cruelmente ametrallados desde un avión alemán, por lo que la madre corre con sus hijos.
La otra presencia. En este momento, para ayudarlos a los tres, aparece un extraño personaje, cada vez más extraño, conforme avanza la trama del filme. Se trata de Yvan (Gaspard Ulliel). Es un joven rapado de entre 17 y 18 años, quien hallará una casa en el campo, donde se refugiarán todos. Ese es solo el principio de un drama diferente al de la guerra, porque los cuatro personajes quedarán ahí al margen de los acontecimientos, aunque, de vez en cuando, hay algo que les recuerda la crueldad de la guerra. Las nuevas relaciones humanas entre el joven Yvan y los hijos de Odile son pinceladas muy logradas en la película; pero, sobre todo, la pasión que de pronto aparece en la mujer, mayor que Yvan, es lo que da pie a una intensa secuencia erótica en el campo, al margen de la guerra y cerca de ella.
Presencias.
Lejos del mundo es un filme que se llena de ausencias, retratadas estas desde sus personajes. También revela el caos emocional en tiempos de guerra, cuando las personas pasan a ser totalmente diferentes a lo que eran.
La naturaleza humana. Si la guerra es destructora por sí, también la naturaleza humana puede serlo, sobre todo en una situación límite. En Lejos del mundo , con los fugitivos, se revela una presencia salvaje que es metáfora o espejo de todo el caos que amenaza con devorarlos, aterrorizarlos, provocarlos. De alguna manera, la amistad entre unos y el sexo entre otros vienen a ser resolución liberadora. Ahí está la película, con la destreza de André Techiné en la dirección, en la Sala Garbo. Recomendada.