
En setiembre del 2014, el estudio Monolith Productions cumplió el sueño de millones de fanáticos –me incluyo– de la obra de J. R. R. Tolkien: nos dio un juego ambientado en la Tierra Media que realmente valía la pena.
Middle Earth: Shadow of Mordor rompió una racha de videojuegos temáticos del universo de El Señor de los Anillos y El Hobbit que habían sido, históricamente, medriocres.
Shadow of Mordor , en cambio, se presentaba como una alternativa peligrosamente adictiva: su combate seguía la fórmula de los recientes juegos de Batman, que tan efectiva resultó ser; además, el sistema Némesis creaba rencillas personales entre Talion –personaje controlado por el jugador– y los orcos que pululan en Mordor, lo que mantenía los conflictos en el juego interesantes incluso después de decenas de horas de juego.
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La historia, es cierto, no era la mejor; a puristas de la obra de Tolkien –ejem, me incluyo de nuevo– incluso podría parecerles patética por las licencias que el juego tomaba con respecto al material original. Sin embargo, pese a sus lunares, Shadow of Mordor era un juego sólido, un soplo de aire fresco.
Adelantemos casete hasta octubre de este año, cuando se publicó Middle Earth: Shadow of War , secuela en la historia de Talion y Celebrimbor, espíritu de un antiguo guerrero elgo que posee a Talion en el juego original.
Shadow of War toma lo que hizo su antecesor y lo multiplica, para bien y para mal.
El sistema Némesis funciona mejor que antes, generando conflictos tanto entre el jugador y los orcos, como entre los propios villanos; a ello se suma la posibilidad de atacar bases enemigas y de que el jugador construya su propio ejército que le ayude a superar las fuerzas enemigas en combates masivos.
El mapa del juego es masivo y mucho más variado que antes –desde montañas heladas a planicies desérticas y zonas volcánicas–, pero esas diferencias no son más que superficiales: los mismos enemigos, la misma fauna salvaje y los mismos obstáculos se repiten en todas las zonas, sin que el contexto tenga peso alguno.
La historia es peor. El apego al material original es casi nulo y provocaría náuseas a cualquier fanático de Tolkien: que alguien explique por qué Ella-Laraña, uno de los villanos más entrañables de los libros de El Señor de los Anillos , aparece en el juego en una forma humana hipersexualizada.
Shadow of War es un juego tan entretenido y tan flojo como su predecesor. Es como si los tres años entre ambos no hubieran pasado, para bien y para mal.
