He aquí la historia de un niño que, a la vez, resulta la historia de miles de niños, allí donde los hombres resuelven sus conflictos dándole rienda suelta al peor instinto destructor: la guerra. Así lo vemos en la película mejicana Voces inocentes (2004), de Luis Mandoki, mejicano que igualmente trabaja en Hollywood.
La trama sucede en El Salvador, en el momento de intensidad militar y política entre las fuerzas revolucionarias y el ejército de ese país.
La película fue filmada en Veracruz, México, donde se construyó un escenario de estilo real-naturalista para reflejar los cinturones de miseria salvadoreños.
A su vez, los actores mejicanos y la actriz chilena, Leonor Varela, se convirtieron en personajes salvadoreños llevados por la vorágine de la violencia política.
Entre los primeros tenemos a Daniel Jiménez Cacho, Ofelia Medina y Jesús Ochoa. El protagónico le fue dado a Carlos Padilla, niño de fuerte carisma histriónico, con poca experiencia en cine.
Luego vino el reflejo de la cruda realidad salvadoreña, entre guerrilleros y militares apoyados por los Estados Unidos, entre casas de cartón. Precisamente, este fue el título que se pensó primeramente para el filme: Casas de cartón , como la canción venezolana de Alí Primera. Luego pasó a Voces inocentes , como el célebre filme francés: Juegos inocentes , con niños en la guerra contra el fascismo europeo.
El guion original es de Óscar Torres, actor salvadoreño. Luego vino el proceso de Luis Mandoki por extraer más memorias sobre la guerra de la cabeza de Torres: sus vivencias más difíciles. Todo sucede a mediados de los años 80, cuando a los niños solo les queda un camino con dos cruces: ser reclutados a la fuerza por parte del ejército o irse a luchar contra este desde la guerrilla del Farabundo Martí.
Luis Mandoki es conocido por películas como Gaby (1987), Pasión otoñal (1991) y Cuando un hombre ama a una mujer (1994). Ahora en Voces inocentes (2004) le entra a un tema desgarrador, y más por ser real. Por eso, el filme apela a nuestra sensibilidad, "tocada" con imágenes capaces de impresionar, que funciona como memoria.
La historia que se cuenta es la de Chava (Carlos Padilla), quien tiene que convertirse en "el hombre de la casa", después de que su padre los abandonara en plena guerra civil.
Sucede durante la década de los años 80, cuando las fuerzas armadas sacaban a los niños de las escuelas para enfrentarlos a los militantes guerrilleros. Es la muerte de la inocencia de Chava , de su niñez.
Al niño solo le queda algo a favor: el enorme amor de su madre, en tanto oye prohibidos himnos de justicia.
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