Desasosiego erótico. por aquí anda la nota principal del argumento de la película francesa titulada Gran escuela (2004), dirigida por Robert Salis.
Son 110 minutos de metraje para narrar cómo un grupo de jóvenes entra en una de las escuelas importantes, donde se forman los futuros dirigentes del país, casi nada.
Allí, desde esa escuela, se abren las puertas del poder político y económico de Francia. Allí está la crema y nata del estudiantado galo. Ahí se cumplen las previsiones de los círculos dominantes y privilegiados en el país francés.
Imaginación. A veces, la vida gana en imaginación, porque en grandes escuelas hay grandes amores y también grandes relajos. Ahí se confunden los sentimientos con la vida real, el deseo con el sexo y hay prácticas eróticas sin límites. ¿Para qué? Son jóvenes que piensan en liderar el mundo, aunque por ahora solo se meten en relaciones sexuales muy peligrosas, por delirantes, por inconscientes, por desenfrenadas.
Gran escuela ( Grande École ) es una comedia dramática que nos muestra el gran ambiente de competitividad, nada de solidaridad, para los futuros gobernantes de Francia y hasta de Europa.
En ese medio, en tal atmósfera, en ese hábitat, en tales condiciones, en los jóvenes cunde el desconcierto. Para tales jóvenes, la manera de subsanar sus vacíos de personalidad es acudir al sexo: se trata de vivir en permanente orgía sexual.
Orientaciones. Con esas pautas orgiásticas es que este filme se vuelve polémico ante el espectador. ¿Qué tipo de cine estamos viendo? Allí, en esa escuela, no hay límites, tan igual es la heterosexualidad como la homosexualidad, y cualquiera de esas dos manifestaciones es tan válida como la bisexualidad.
Las escenas sexuales están filmadas con planificación y el filme entero se mete con francés a la pantalla. En algunos países esta cinta ha armado escándalos. wvenegas@nacion.com