La película Sin reservas (2007), dirigida por Scott Hicks, nos cuenta la historia de Kate Armstrong (Catherine Zeta-Jones), quien es la gran chef de un restaurante de moda en Manhattan.
Kate lleva su vida tan igual que las recetas de su buena cocina: sin alteraciones mayores, aunque con una intensidad más cautivante que un picotazo de lora, tanto que intimida a los demás, o sea, a la gente que la rodea.
Perfeccionista. Como es lógico suponerlo, Kate es más perfeccionista que un pez dorado en su pecera. Es obsesiva. Mucho. Mucho.
Esa naturaleza perfeccionista de Kate se pone a prueba cuando debe hacerse cargo de su sobrina de 9 años. Como ven, no es un tema exactamente nuevo para elcine. Sin embargo, reconocemos que esta cinta, Sin reservas , mantiene su propio toque.
Zoe, la niña. La niña en esta historia se llama Zoe (Abigail Breslin). Para empeorarle la situación a Kate, llega un nuevo cocinero que se une a su personal. Es un tipo más irresponsable que alegre, pero más alegre de la cuenta (¡imagínenlo!). Este cocinero se llama Nick Palmer (Aaron Eckhart).
Diferencia. Lo cierto es que la diferencia entre Nick y Kate es tan grande como las aguas del Niágara con respecto a una lágrima. Sin embargo, aunque no lo crean, entre ella y él surge alguna química.
Solo en el cine. Eso solo es posible en el cine. Por eso, no olviden que estamos hablando de una película: de cine. Es una química innegable que comienza, como siempre, con serios problemas entre ellos, problemas que luego... ¡ya ustedes saben!
Por eso es que el paso de la rivalidad al romance es solo eso: un paso, un simple paso, que se alarga durante buen rato del metraje de la cinta. Lo único es que Kate, si quiere comidita amorosa, deberá aprender a expresarse no solo en su cocina, con su cocina y ante su cocina. Debe romper límites. No solo ante el alegre Nick, sino también para ejercer su categoría familiar y amistosa con la pequeña Zoe. Así está el menú: “filme a la carta”. Como les gusta a muchos.
¿Dónde sucede? Todo esto sucede en el elegante restaurante llamado 22 Bleecker, en Manhattan. Allí es donde Kate organiza cada turno de cocina, con sentido común, con elegancia, con dominio y con una maestría extraordinaria.
Cientos de comidas. Kate coordina cientos de comidas muy distintas, prepara salsas delicadas; decora y condimenta cada plato con absoluta perfección.
Para Kate, la cocina es su mundo). Siempre se va a dormir antes de la medianoche. Se levanta al amanecer, porque quiere ser la primera en llegar al mercado. Esta cinta es refrito de un filme alemán: Deliciosa Marta (2001). Ahí está. wvenegas@nacion.com