Estados Unidos no es exactamente el país que se muestra en la mayoría de las películas que viene de Hollywood, ese de familias acomodadas, de amores cursis y sin conflictos sociales internos. También es un país como el que vemos en una muy buena película que ahora llega a las salas del país, se trata de Alto impacto (2005), mejor conocida por su título original: Crash , dirigida por Paul Haggis.
Encuentro. Este filme, durante 100 minutos, le sigue la pista a los encuentros, desencuentros y reencuentros de distintas personas, que son diferentes en su naturaleza humana por cuestiones étnicas, sobre todo. Cada uno entra o sale de la vida de los demás, sale y entra, juego rotativo, circular, como una ronda, que estructura las condiciones del drama que se nos muestra coherente, sin perder el halo y sin perder el hilo narrativos. Gran condición.
¿Quiénes son? Son personajes que arrastran sus propios dilemas y se unifican por eso, por sus propios dilemas, parece un juego de palabras, pero no lo es. De esa manera conocemos a un policía negro con una madre adicta a la droga, quien llora y reclama a su otro hijo desaparecido. Hay dos ladrones de coches, quienes especulan constantemente sobre las condiciones sociales de su país, diálogos vivaces sobre la relación entre blancos y negros en un país marcado por la discriminación social.
Irritaciones. Además, tenemos a un fiscal de distrito con una esposa irritable e irritante; hay un veterano policía racista que cuida a su padre en su enfermedad prostática y desahoga conflictos en el ejercicio de su autoridad. Su compañero, como policía, es un joven idealista que se ve atrapado por la vorágine de lo que rechaza.
Con la tele. Por ahí vemos a un exitoso hombre de la televisión con su esposa altiva, se trata de una imagen tan cercana a la realidad, que esta se confunde entre el documental y la ficción. Veremos a un imigrante persa que, para su tragedia, compra un arma en un mercado de tensiones raciales. Frente a ellos tenemos la bondad de un cerrajero hispano, incomprendido entre complejos étnicos, cuya actitud bondadosa se transmite a su hija. No es lo único. Hay más. Es un mundo donde nada existe de colores, como los cantos religiosos. Sin embargo, nada está en blanco y negro.
Encontrarse: crash. A lo largo de la película vamos viendo sentimientos encontrados, y nosotros mismos los percibimos como propios desde el asiento. El filme, adrede, levanta demasiadas preguntas, incita a pensar, a discutir, por lo que es cine inquietante con su narración totalmente nutrida del fragmentarismo, tanto en los acontecimientos como en las imágenes. ¿Quiénes son los villanos, quiénes son los héroes? ¿Existen? Los invitamos a ver esta buena cinta.